Opinión

Nadie nace hecho

Por. Moisés Alvarez Palacio

En la pedagogía del oprimido de Paulo Freire se menciona la “educación bancaria”, una metáfora que utiliza para describir y criticar al sistema educativo. Su idea principal es que el conocimiento es tratado como un depósito o transacción, es decir, el conocimiento se convierte en un acto de depositar y no de crear.

Actualmente la educación a través de la Nueva Escuela Mexicana es más horizontal y dialógica porque el estudiante deja de ser un receptor pasivo de información y se pretende que se convierta en una persona con capacidad de incidir y transformar su entorno social mediante el pensamiento crítico, entendido como la capacidad de identificar, analizar, cuestionar y valorar ideas, acciones e información, así como tomar una posición frente a los hechos y procesos para solucionar distintos problemas de la realidad en su comunidad.

Por lo anterior, la sociedad no debe solamente culpar al gobierno o a la educación de la situación compleja que atraviesa México en áreas como la inseguridad, donde cada vez más el crimen organizado toma no solamente territorios del país, sino también decisiones: cobran cuotas, dan concesiones, extorsionan y cuánto mal se les ocurrirá. Esto tiene una raíz: nuestra formación.

Nadie nace hecho. Nos transformamos y formamos mientras nos desarrollamos y crecemos en las diversas etapas de la vida. No nacimos siendo profesores, ingenieros, licenciados ni cualquier otra profesión u oficio. En nuestra infancia todos soñamos con ser alguien: bombero, policía, doctor y cuanto se pueda soñar. Pero la infancia de hoy y la reciente también sueñan, aunque ya hay casos donde también quieren ser como esas personas que día a día salen en los medios de comunicación. Me refiero a esos personajes de los que tanto se habla en los noticieros, películas y series que hacen referencia al crimen organizado.

Siempre, o casi siempre, existe una relación entre cómo nos conducimos en nuestra profesión u oficio. Se piensa que nada más se relaciona con los cursos, talleres, diplomados y experiencias adquiridas, y no es así, ya que también influye la realidad que vivimos en nuestra infancia, adolescencia y juventud. Por lo tanto, nuestra formación personal, profesional o de oficio siempre estarán vinculadas, de tal manera que hay una definición en nuestra forma de ser en las diversas esferas de la vida.

Por lo anterior, es necesario reflexionar desde la familia cómo estamos criando y educando a nuestros hijos. Lamentablemente en la actualidad las infancias están viviendo una realidad muy diferente a la de antaño, y eso tendrá consecuencias, porque ellos serán los próximos gobernantes, profesionales y personas que ocuparán diversos espacios para sacar adelante a este país. Por lo cual la sociedad no solo debe responsabilizar al gobierno de los males que acontecen hoy. Desde la familia, que es la raíz de la educación, se debe educar en valores, códigos éticos y morales, y no dejar esa responsabilidad solo al sector educativo.