
Por: Manuel Narváez Narváez.
Email: narvaez.manuel.arturo@gmail.com
Las campañas anticipadas secuestraron la atención ciudadana.
A nadie le importó un bledo lo que dice la Ley Electoral sobre campañas adelantadas, digo, si es que lo dice, porque suspirantes y árbitros electorales actúan conforme al marcador, es decir, al tanteo para agarrar o conservar el huesote.
En los tiempos del viejo PRI se sabía con un año de antelación quien sería el presidente, ya que el tapado era presentado como quinceañera ante la sociedad por el presidente en turno. Siempre varones.
Luego vino la competencia y la alternancia en el poder. El PAN que acostumbraba a candidatear a empresarios y gente de la sociedad civil comenzó a ser competitivo, a través de Asambleas o Convenciones. Casi siempre salían todos contentos.
Ya que probaron las mieles del poder, como en antaño lo hizo el PRI con todo el aparato del Estado promocionando al “gallo”, incluso los medios de comunicación estatales y los “privados” -hoy regresaron esos tiempos-, morenos, prianistas aun militantes, porque otros brincaron a Morena, fósforenos, petistas y verdes se mantienen en campañas permanentes.
Huelga decir que no está de más porque es el referente más burdo desde los tiempos del Priato, Andrés Manuel se aventó 12 años promoviéndose con dinero del pueblo y de simpatizantes que hoy enfrentan la justicia estadounidense.
Claudia, bueno lo de Claudia fue el colmo de todas las burlas, y no es la única, Andrea Chávez anda por las mismas.
La ahora titular del poder ejecutivo federal se pasó más de dos años en promoción por la presidencia, gastándose miles de millones de pesos que el INE ni el TEPJF jamás vieron.
Todavía faltan 14 meses para elegir gobernador o gobernadora, alcaldes, diputados y síndicos; sin embargo, prianistas militantes y simpatizantes, prianistas morenos y morenos de alcurnia han derrochado no menos de 1000 millones de pesos en supuestas entrevistas, espectaculares, bardas, trípticos, reuniones y caravanas de salud desde hace un par de años.
La preguntada obligada es ¿de dónde sale tanto dinero?. La respuesta es muy sencilla, esas cantidades industriales solo provienen del erario, del crimen organizado y de empresarios que invierten en candidatos para luego cobrar en grande cuando están en el gobierno.
Ninguno suspirante echa mano de su peculio, ninguno. Todos Usan sus cargos y posiciones para promoverse sin las más nimia de las vergüenzas, sin el menor recato, para brincar a otro cargo público; lo que menos les importa es la ética.
Algunos ingenuos sugieren que ese dinero derrochado en propaganda mejor se utilice en obras, medicinas, educación, etc. Pero eso no va a suceder jamás, el dinero en campañas son inversiones para comprar popularidad y adquirir poder, porque no es vocación de servicio sino ambición personal.
Habida cuenta de que en las campañas anticipadas lo que menos hay son escrúpulos, y no existe principio o ética alguna que los haga cambiar de opinión, el elector no le queda de otra y aplica la máxima de “elegir el menos pior”, para que robe poquito y haga algo.
En ese destino lapidario electoral que tenemos los mexicanos para elegir a los representantes populares, ya sin opciones de escoger, se les pide un poco de preparación académica, algo de empatía y que no estén muy correteados.
Hay que considerar que la fealdad o lo bonito no define a un gobernante, cierto, sin embargo, hay personajes mal parecidos que salieron malos para gobernar o legislar. A la memoria saltan apellidos como Sansores, Salgado Macedonio o Noroña. Benito Juárez era muy feo, y como presidente se entregó al imperio yanqui.
Y si son muy bonitos pueden resultar unos verdaderos demonios, tales son los casos de Enrique Peña que hizo de su gobierno la bandera de AMLO para combatir la corrupción.
No se olvide al niño verde Emilio González ni a Manuel Velasco (marido de Anahí) que resultaron exitosos mercenarios de la política.
Con todo lo que estamos viendo es muy probable que la elección se resuelva a billetazos, público o privado, de los programas sociales, de la barredora o del clan Monreal
Imagínense, si a ninguno le importa esperar tiempos legales, no esperemos honestidad ni legalidad cuando lleguen a las alcaldías y al gobierno del estado.
Las elecciones de 2027 no serán legitimas, tal vez legales. No serán ciudadanas, sino de conciencias sucias vendidas al mejor postor, quizás. A menos que los chihuahuenses recuperen la memoria y tomen en cuenta lo que perdieron los tamaulipecos, sinaloenses, tabasqueños, veracruzanos, oaxaqueños, michoacanos, sonorenses, guerrerenses, chiapanecos y bajacalifornianos.
No por mucho madrugar amanece más temprano. Con el nuevo amanecer de Corral solo se alargó la negra noche de Duarte.
Es cuanto.


