
Por: Manuel Narváez Narváez
El vacío que el PAN estatal y nacional le hicieron a la gobernadora y abandonarla a su suerte frente a la embestida del régimen para desaforarla por la supuesta violación a la ley federal de seguridad, lo llenó la dirigente nacional de Morena.
A casi un mes del desmantelamiento del narcolaboratorio en el municipio de Morelos y tras un intenso intercambio de acusaciones entre la federación y el estado, la retórica presidencial parece imponerse sobre la la verdad histórica.
Pese al éxito de la operación para dar soberano golpe al crimen organizado, en el que participaron fuerzas federales y agentes de la CIA, la gobernadora de Chihuahua podría ser la que pague los platos rotos.
La lógica y la razón, en un país democrático y con vigencia del Estado de derecho estaría reconociendo la labor de las fuerzas del orden y la cooperación bilateral con su mayor socio comercial por El combate al narco.
Pero en México, donde se impone la narrativa de un régimen autoritario y embarrado hasta las manitas con “organizaciones terroristas”, denominadas así por la justicia norteamericana, se castiga el éxito y se sataniza a quien osa romper el pacto de impunidad entre la federación y el crimen organizado.
El partido oficialista no se arredró ante las graves acusaciones de jueces federales neoyorquinos y texanos, contra el gobernador morenista de Sinaloa, un senador, el alcalde de Culiacán y otros funcionarios ligados al clan de Rubén Rocha Moya.
Más que amilanarse, el régimen que encabeza Claudia Sheinbaum se reordenó y parece salirse con la suya para amortiguar el doble golpe a su credibilidad.
Después de tres semanas de estar bajo fuego por las acusaciones de presuntas relaciones con el crimen organizado, la 4T parece crecerse frente al castigo y retoma el linchamiento contra la gobernadora Maria Eugenia Campos.
Para azoro de propios y extraños, Morena aprovechó la inacción de las cúpulas panistas y llenó el vacío en las propias narices del gobierno estatal.
Sin perder más tiempo, la recién entronizada dirigente nacional, Ariadna Montiel, vino a Chihuahua, y escoltada por la senadora con licencia Andrea Chávez y el Alcalde todavía en funciones de Juárez, Cruz Pérez, anunció este martes por la mañana, movilizaciones para impulsar el deafuero de Campos Galván.
Los morenos quieren venganza y buscan quien se las pague y en vez de quedarse quietos a esperar el desastre electoral puso manos a la obra y se apoderó del escenario político en Chihuahua. La culpa no es de ellos, porque simple y llanamente entienden las circunstancias y saben aprovechar los momentos.
La dirigente nacional de Morena está haciendo la tarea que Jorge Romero, dirigente nacional del PAN y la plana mayor del partido no hicieron, al abandonar a su suerte a la gobernadora de Chihuahua.
Independientemente del éxito de las movilizaciones partidistas para pedir el deafuero de Maru Campos o la desaparición de poderes en el estado, no extingue el éxito del desmantelamiento del narcolaboratorio, ni garantiza que Morena vaya a obtener sus pretensiones.
Lo que sí queda claro es el abandono del partido a Maru Campos, y eso tiene tufo a capitulación del PAN en Chihuahua por razones que solo el novel dirigente panista conoce.
Lo que parecía una victoria política y moral para el gobierno estatal, puede convertirse en la puntilla para Acción Nacional y su casta de mercenarios enquistados en sus cúpulas. Es cuanto.




