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Ser maestro en México pierde atractivo por bajos sueldos, exceso de trabajo y falta de reconocimiento.

Reporte Índigo

por Elizabeth González Manrique

La carrera docente refleja el deterioro de las condiciones laborales del magisterio, marcado por bajos salarios, carga administrativa creciente y escaso reconocimiento social, mientras miles de maestros sostienen el sistema educativo del país.

Aunque durante décadas ser maestro representó estabilidad laboral y movilidad social, especialistas advierten que la profesión ha perdido atractivo entre las nuevas generaciones.

Los bajos salarios iniciales, la sobrecarga administrativa, las jornadas extendidas fuera del horario escolar y el desgaste emocional son algunas de las razones que explican por qué muchos egresados optan por otros empleos o abandonan las aulas pocos años después de comenzar a trabajar.

A ello se suma el cambio en la percepción social del magisterio. Profesores señalan que, además de enseñar, hoy deben asumir tareas de contención emocional, mediación de conflictos e incluso atención de problemáticas familiares de sus estudiantes, muchas veces sin capacitación suficiente ni apoyo institucional.

En zonas rurales o marginadas, las condiciones se agravan por la falta de infraestructura, inseguridad y largos traslados para llegar a las escuelas. En algunos casos, los docentes también enfrentan carencias de servicios básicos, grupos multigrado y escasez de materiales educativos.

La pandemia de COVID-19 profundizó muchas de las deficiencias que ya existían. Millones de estudiantes quedaron rezagados, el abandono escolar aumentó y la brecha digital evidenció las enormes diferencias sociales del país. Aunque las clases presenciales regresaron hace tiempo, las consecuencias todavía persisten en el aprendizaje, la salud emocional y las condiciones de trabajo dentro de las escuelas públicas.

Pese a ello, la educación continúa dependiendo, en gran medida, de la vocación de quienes permanecen frente a grupo. Entender la situación actual de los docentes y las escuelas en México implica observar no sólo un problema educativo, sino también una crisis social que podría definir el futuro de toda una generación.

Docencia, una profesión desvalorizada

A pesar de que instancias como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) afirman que los docentes son el insumo educacional que más incide en mejorar la calidad de la educación, las condiciones de los maestros en México cambian constantemente y, en varias ocasiones, muchas de estas modificaciones dificultan su labor.

Quienes eligen esta profesión enfrentan condiciones laborales adversas que limitan su crecimiento y formación profesional y, por ende, su capacidad para desempeñar adecuadamente sus funciones dentro de las aulas y contribuir a una mejor educación.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), una transformación educativa verdaderamente efectiva comienza con la mejora de las condiciones laborales de los docentes.

Según el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), en México hay 2 millones 113 mil 16 docentes para 33 millones de estudiantes, desde educación básica hasta educación superior. De este total, 57.3 por ciento imparte clases de educación básica; 19.9 por ciento, de educación media superior; y 22.9 por ciento, de educación superior. Además, hasta 2023 alrededor de 130 mil docentes daban clases en comunidades indígenas o telesecundarias.

Entre los países que forman parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), cada profesor de primaria atiende en promedio a 15 estudiantes y los de educación secundaria a 13, mientras que en México los maestros de primaria atienden a un promedio de 24 alumnos y los de secundaria a 16.

Esto se traduce en una escasez de docentes para cubrir de manera eficiente la demanda de alumnos inscritos en el sistema educativo, sobre todo en primaria, y garantizar la atención necesaria para una educación de calidad. Asimismo, implica mayores cargas de trabajo y responsabilidad para los maestros, lo que puede repercutir en su desempeño y en el acompañamiento académico que reciben los estudiantes.

En promedio, los maestros de secundaria en México destinan mil horas al año a sus labores, mientras que el promedio de los países de la OCDE es de 700 horas.

Profesión infravalorada

A todo ello se agrega, de acuerdo con el IMCO, la desvalorización de esta profesión, que durante años fue vista como una vía de estabilidad económica y reconocimiento social.

Los docentes ganan en promedio 10 mil 650 pesos mensuales, de acuerdo con la herramienta Compara Carreras, desarrollada por el IMCO, un ingreso 17 por ciento menor al promedio de las personas con carrera profesional. Además, persiste una brecha salarial de género: por cada 100 pesos que gana un profesor, una maestra percibe 83. Los ingresos de los docentes contrastan con la relevancia de su labor dentro del sistema educativo.

Ante este panorama, el IMCO propone una serie de acciones entre las que destacan una mejor preparación de docentes y el mejoramiento de las condiciones laborales y dignificación del trabajo con sueldos competitivos.

Hasta antes de 2020, el Servicio Profesional Docente brindaba a los maestros opciones de capacitación, desarrollo profesional y acceso a promociones laborales. No obstante, tras su desaparición, persisten dudas sobre los mecanismos disponibles para que el magisterio pueda continuar con su crecimiento profesional. 

Trabajo docente traspasa las aulas

“Trabajé en zonas de muy alta marginación, tanto en la Ciudad de México como en el Estado de México. En el Estado de México trabajaba por la tarde. Los niños de esos lugares viven en condiciones muy difíciles. Muchos no tienen una casa adecuada porque viven en viviendas de cartón; muchas veces no tienen zapatos ni suéteres para el frío. Pero algo muy duro y muy triste es que muchos niños no comen, no tienen un alimento diario”, relata Evangelina Silva, profesora con más de 40 años de experiencia docente.

Las labores de Silva y de miles de maestros en el país no se limitan al aula. Además de llevar trabajo escolar a casa, como planeaciones, evaluaciones y revisión de tareas, muchos docentes cargan también con las preocupaciones y problemáticas de sus alumnos, buscando incluso soluciones a situaciones que rebasan por completo sus funciones y capacidades institucionales.

Para muchos profesores, las carencias materiales y emocionales de sus estudiantes terminan convirtiéndose en una preocupación constante que los acompaña incluso fuera del horario laboral.

“En la Ciudad de México generalmente se entregan desayunos escolares a todas las escuelas; sin embargo, en el Estado de México no ocurre lo mismo, incluso hasta la actualidad. No todas las escuelas cuentan con desayunos escolares.

“Entonces yo llevaba desayunos escolares desde la Ciudad de México hasta el Estado de México y tenía que subir una calle muy empinada para poder entregarlos. Uno se cansaba físicamente, pero moralmente me quedaba la satisfacción de que, al menos ese día, los niños podían recibir un desayuno escolar”, narra la profesora.

“Entonces yo llevaba desayunos escolares desde la Ciudad de México hasta el Estado de México y tenía que subir una calle muy empinada para poder entregarlos. Uno se cansaba físicamente, pero moralmente me quedaba la satisfacción de que, al menos ese día, los niños podían recibir un desayuno escolar”, narra la profesora.

Las historias como la de Evangelina reflejan una realidad frecuente en las escuelas públicas del país: docentes que, además de enseñar, intentan cubrir necesidades básicas de sus alumnos en contextos marcados por pobreza, abandono y rezago social.

Enfrentan abandono familiar y mayor presión de los padres en las aulas

Silva, quien laboró durante más de 30 años en el sistema público y más de una década en colegios particulares, comenta que a lo largo de su trayectoria ha observado cambios importantes en la relación entre las familias y los docentes, especialmente en la disposición de los padres para involucrarse en la educación de sus hijos.

“Cuando yo inicié mi trabajo como maestra frente a grupo teníamos salones muy grandes, de 56 o hasta 60 alumnos. Hoy en día los grupos son de alrededor de 20 niños, pero esos 20 niños fácilmente son tan difíciles de manejar como los 60 de hace mucho tiempo. La situación ha cambiado porque actualmente a muchos padres no les gusta que uno les diga absolutamente nada a sus hijos, ni siquiera preguntarles por qué no llevaron la tarea o por qué no trabajan en el aula.

“Hay un común denominador tanto en las públicas como en las privadas (escuelas), que los alumnos están abandonados por sus padres que se van a trabajar y no los atienden o que llegan cansados y ya no tienen ganas de hacer absolutamente nada con ellos. Eso nos ha llevado a que haya un deterioro muy fuerte en la educación ”, comentó

Leslie, docente de secundaria en Guanajuato, señala que la relación con los padres de familia se ha convertido en uno de los principales desafíos para quienes trabajan frente a grupo.

“Tenemos papás muy conscientes, que están al pendiente y apoyan a los chicos. Pero también hay muchos padres que, desafortunadamente, se desentienden de ellos. Los niños pueden ir a la escuela únicamente a generar conflictos y, cuando se les comunica la situación a los padres, la respuesta suele ser: ‘ya no sé qué hacer con él’. Entonces queda claro que esperan que nosotros nos hagamos completamente cargo”, menciona la profesora.

A las exigencias académicas y administrativas se suma así una presión constante sobre los docentes, quienes aseguran sentirse cada vez más observados, cuestionados y responsabilizados por problemáticas que se originan fuera de la escuela, pero que terminan impactando directamente dentro de las aulas.

Maestros enfrentan problemáticas sociales, emocionales y familiares de sus alumnos

“En este momento estoy enfrentando una situación de acoso y violencia laboral. No sé exactamente qué ocurre, pero he visto en redes sociales que muchos compañeros también se quejan de este tema y, en esos casos, las autoridades parecen no verlo. Yo decidí presentar una queja porque es algo que ya me ha afectado a nivel emocional y de salud.

“Tampoco voy a decir que todos los directivos son así; por ejemplo, con mi subdirectora tengo una buena relación y también he trabajado con otros directivos con quienes la experiencia ha sido positiva. Actualmente estoy participando por un ascenso y, sinceramente, todo esto también me ha enseñado cómo me gustaría tratar a mi personal para construir un buen ambiente laboral”, relata una profesora de nivel básico que labora en el Bajío mexicano y que prefirió mantener el anonimato.

La carga administrativa dentro de las escuelas continúa siendo uno de los principales desafíos para los docentes. Aunque en distintos momentos se anunció una “descarga administrativa” para que los profesores pudieran enfocarse únicamente en los procesos de enseñanza-aprendizaje, en la práctica eso no ha ocurrido, explica Evangelina Silva.

La docente señala que, con la implementación de la Nueva Escuela Mexicana, se incorporaron diversos proyectos y actividades vinculados a los libros de texto que demandan una gran cantidad de tiempo y, en muchos casos, requieren la participación de los padres de familia. Sin embargo, esto no siempre resulta posible debido a las jornadas laborales de los tutores o a que algunas actividades planteadas no corresponden al entorno social y económico en el que viven los estudiantes.

Además de las actividades académicas, los profesores deben realizar tres evaluaciones trimestrales al año, las cuales se construyen a partir del trabajo diario, la participación en clase, la revisión de cuadernos y otras tareas escolares. La maestra advierte que esta situación se vuelve todavía más compleja para quienes trabajan en dos o hasta tres turnos debido a la necesidad económica.

En los casos de estudiantes con rezago o situaciones irregulares, también deben desarrollar estrategias especiales de seguimiento y evaluación, lo que implica aún más tiempo fuera del aula.

“Con un solo día de descarga administrativa al final del ciclo escolar no alcanza realmente para realizar todo el trabajo que se requiere”, afirma.

Un retiro complicado

En México, los maestros de tiempo completo pueden alcanzar una pensión de entre 16 mil y 17 mil 364 pesos mensuales, equivalente a su último salario siempre que éste no supere el promedio registrado ante el IMSS. Sin embargo, para gran parte del magisterio una vejez digna continúa siendo incierta debido a los bajos ingresos que perciben durante su vida laboral.

De acuerdo con datos de Data México y la Secretaría de Educación Pública (SEP), los salarios mensuales promedio de los docentes oscilan entre 7 mil 100 y 10 mil 200 pesos, situación que complica la posibilidad de construir un retiro suficiente para cubrir sus necesidades básicas. Ante este panorama, especialistas recomiendan recurrir a mecanismos complementarios de ahorro, como aportaciones voluntarias a las Afores, CETES, fondos de inversión o Planes Personales de Retiro (PPR).

“Los maestros dedican su vida a construir el futuro de otros, pero pocas veces planean el propio. Comenzar a ahorrar anticipadamente, incluso con pequeñas aportaciones, puede marcar la diferencia entre un retiro digno y uno lleno de incertidumbre”, señaló Ricardo Chavero, fundador de la empresa.

“Los maestros dedican su vida a construir el futuro de otros, pero pocas veces planean el propio. Comenzar a ahorrar anticipadamente, incluso con pequeñas aportaciones, puede marcar la diferencia entre un retiro digno y uno lleno de incertidumbre”, señaló Ricardo Chavero, fundador de la empresa.

En ese contexto, recomiendan a los docentes conocer el monto estimado de su pensión, comenzar a ahorrar desde los primeros años de carrera, diversificar sus instrumentos financieros y buscar asesoría especializada para construir una estrategia que les permita enfrentar con mayor estabilidad económica su retiro.