Opinión

Los principios no tienen género.

Por: Manuel Narváez Narváez

Email: narvaez.manuel.artro@gmail.com

Ariadna Montiel Reyes asumió la dirigencia nacional de Morena en sustitución de Luisa María Alcalde Luján. Ambas con importante trayectoria dentro del partido oficialista.

La dos han sido diputadas federales y tomado las riendas del partido, entre otras posiciones gubernamentales en el gobierno de la CDMX y el federal de la 4T.

Ariadna es más discreta que Luisa en relación con los posicionamientos desde sus encargos, pero eso puede cambiar para la exsecretaria del Bienestar al ser designada nueva líder del movimiento.

Hasta el domingo, Alcalde Luján siguió el guion que le dictaban desde Palacio Nacional y Palenque, por instrucciones del expresidente avecindado en Chiapas y con el consentimiento de la titular del poder Ejecutivo.

Luisa María tuvo un desempeño promedio, ya que no supo o no pudo imponer un estilo propio. La imposición del hijo del fundador de Morena para controlar sus movimientos no le permitieron ir más allá de dar lectura a la “narrativa” y los clichés que identifican al régimen.

La incorporación de su familia en puestos clave de la administración pública de la CDMX y la federal es una carga de nepotismo que lleva a cuestas y contradice los principios del movimiento.

Su madre, su hermana y sus primos han abrevado del erario por larga data. Eso sí, al igual que Ariadna Montiel, ha gozado de la venia del señor de Macuspana.

La supuesta ruptura entre la presidenta y el que mece el movimiento obligó, aparentemente, a renovar la dirigencia del oficialismo. A cambio le dieron como premio de consolación la Consejería Jurídica de la República.

Luisa María Alcalde Luján se va de Morena en medio de la peor crisis que ha enfrentado su partido desde su fundación.

Las gravísimas acusaciones de narcotráfico, las mismas que llevaron a Genaro García Luna a la cárcel en los Estados Unidos, derivadas de investigaciones y juicios en contra de narcotraficantes mexicanos que han señalado la complicidad de gobernantes, legisladores y funcionarios de Morena, enmarcan sus 19 meses al frente del partido.

Ariadna Montiel Reyes, por su parte, llega a sustituir a Luisa María Alcalde después de encabezar la entrega de recursos públicos -dinero en efectivo- a través de programas sociales que benefician a 33 millones de personas, cuyos recursos ascienden a más de un billón de pesos.

El enroque de la administración pública al partido, práctica tan común en México, le permite a la exfuncionaria llevar los datos duros de los beneficiarios de los programas sociales, columna vertebral política del régimen y reservorio electoral de millones de votos, a su nueva misión.

No es casualidad la unción de Montiel al frente del partido. Su amplia experiencia en la entrega de recursos públicos, conocimiento del padrón de beneficiarios que, impulsados por un ejército de más de 20 mil siervos de la nación para movilizar a pensionados y becados, es oro molido del que echará mano en las elecciones de 2027.

Más discreta y prudente que Luisa, muy probablemente, pero en la toma de protesta recurrió, como era de esperarse, a la misma alegoría de quienes llegan a ese puesto de relevancia partidista.

Entre que hará a un lado a los corruptos y elegir a las trayectorias impecables, va a necesitar más que el discurso para armonizar el lema del movimiento: “no robar, no mentir y no traicionar al pueblo”.

De entrada, admite tácitamente que la corrupción existe dentro de la 4T. México ya se ubica en la posición 141 de 182 países en el ranking mundial de corrupción mundial.

Por esa razón, el régimen enfrenta duras renegociaciones por el T-MEC, aunado a la falta de resultados en las investigaciones por los soberanos y monumentales fraudes en Segalmex y huachicol fiscal, no se diga por los sobreprecios de más de 500 mil millones de pesos para construir el Tren Maya, AIFA, Dos Bocas, Mexicana de Aviación y la Mega Farmacia.

De que elegirán a las trayectorias más impecables se antoja una tarea casi imposible, precisamente cuando destacados miembros del movimiento son señalados de delincuencia organizada.

Se sabía desde 2021 que los gobernadores electos por Morena y sus aliados habrían recibido dinero para sus campañas proveniente del narco.

Los mandatarios de Sinaloa, Tamaulipas, Michoacán, SLP, Nayarit, Sonora, Baja California, Guerrero y Quintana Roo estarían entre los beneficiados por esas relaciones ilícitas e inmorales.

La nueva dirigente de Morena tiene frente a sí una descomunal y titánica de revertir el desgaste, la pésima imagen del gobierno y del partido tras siete años en el poder.

Convencer a un electorado consciente de lo que han hecho, millones beneficiados por los programas sociales, sí, fondeados con una deuda pública que ascendió de 2018 a 2026 a casi al doble -18.6 millones de pesos-, no va a ser un día de campo.

Entregar dinero en efectivo es muy diferente a explicar cómo es posible que la economía apenas promedia .9% en los últimos años, en contraste con el 6% anual pronosticado desde 2018.

Contar beneficiarios y votos es muy distinto de encontrar a los 70 mil desparecidos desde 2018 a la fecha. Esas familias esperan respuestas junto a los 200 mil del sexenio anterior que fueron víctimas de homicidio doloso.

La nueva dirigente nacional de Morena tiene la oportunidad de darle sentido a los principios del movimiento, de llenar con verdad lo que dice y demostrar con honestidad y cifras irrefutables que los números rojos y el descrédito del régimen son inventos de la oposición.

Los chihuahuenses esperamos que Ariadna no interfiera para imponer una trayectoria manchada que compita por la gubernatura del estado. De los que hay, no existen evidencias de que sean lo contrario.

No basta ser mujer para ser buena gobernante o líder, se necesitan resultados, congruencia y coherencia. Por lo menos en Chihuahua eso se ha demostrado que sí las hay, a pesar de la mala leche del centro del país.

Bienvenida a la competencia, en buena lid.

Es cuanto.