Opinión

La democracia en riesgo.

Por: Francisco Flores Legarda

“La mayoría siempre tiene la razón,
pero en las elecciones la razón nunca tiene la mayoría.”
Jodorowsky

La democracia es acechada por el influjo del autoritarismo, pero también por el
mal desempeño de la clase dirigente y su desconexión de asuntos que exigen
atención. Este artículo trata de explicar tres temas que requieren espacio en la
agenda política.

Decir que la democracia está en recesión no es una sentencia alarmista.
Constituye un diagnóstico evidente. A las debilidades propias de los regímenes
democráticos, debemos agregar la influencia de factores exógenos. El
autoritarismo global que opera por la vía económica y a través del soft sharp
power, junto con las plataformas mediáticas, académicas e intelectuales en
Latinoamérica.

Pero la democracia latinoamericana también está acechada por el mal desempeño
de la clase dirigente y las instituciones que no han podido encarar tareas
pendientes para recobrar su perfil y afrontar los retos del futuro.
La institucionalidad democrática de los países latinoamericanos y las instancias de
coordinación internacional tienen asuntos por incluir en la agenda de discusión. El
contexto es adverso por la crisis económica pospandémica y la guerra entre una
potencia autoritaria (Rusia) y un país que busca acogerse a Occidente (Ucrania).
Sin embargo, no debería restar importancia a la necesidad de reformas políticas y
una mayor defensa de los ideales democráticos ante semejantes desafíos.
La democracia no se puede dar por sentada. No existe por inercia. La democracia
es una construcción constante. Protegerla requiere de observación, reflexión y
acción. La economía no es el único indicador a tener presente, y no solo con
seguridad se logra la estabilidad social. Si bien estas dos variables explican buena
parte de las crisis sociales que vive la región, otros asuntos también requieren
conversación.
Este artículo pone el foco en tres temas sensibles en materia de riesgo político
que todo gobernante latinoamericano debería tener sobre el escritorio: 1)

confianza en el sistema democrático, 2) emergencia ambiental y 3) migraciones
intrarregionales.
La principal amenaza a la democracia y a la recuperación de la confianza en el
sistema político es el ascenso de las autocracias. En la actualidad, se trata de
nuevos modelos de autocracia, que arman un sistema a medida, cuidando de una
forma tramposa las formas esenciales de la democracia (elecciones periódicas),
mientras un único sector controla todos los poderes y ataca las libertades.
Hoy día son comunes los casos de deterioro democrático en los que se evidencia
que, una vez en el poder, hay gobernantes que toman acciones para erosionar la
división de poderes y el equilibrio institucional. Esta situación ha sido ampliamente
abordada por Moisés Naím en su más reciente libro, La revancha de los
poderosos (Debate, 2022). Naím habla de los autócratas, es decir, que hacen uso
del populismo, la polarización y la posverdad.
Lamentablemente, como se explica en el informe Riesgo político en América
Latina (2022), «los mecanismos regionales creados para la protección de la
democracia, como la Carta Democrática Interamericana, no están actualizados
para afrontar estas amenazas, por lo que requieren de urgentes precisiones y
modernización para incrementar la eficiencia en su objetivo». He ahí una primera
tarea que urge revisar: el alcance y efecto de los acuerdos internacionales en
defensa de la democracia.
En el libro Cómo mueren las democracias (Debate, 2018) Levitzky y Ziblatt hacen
especial hincapié en este tipo de líderes autoritarios que arremeten contra las
instituciones desde dentro. A menudo no tienen necesidad de dar golpes de
Estado en el sentido clásico. En cambio, tienen el mismo resultado: degradar las
instituciones y anular a la oposición.
El cambio climático, la escasez de agua y la contaminación son temas ausentes
en la agenda de discusión política latinoamericana. No destacan entre los
principales asuntos sobre los que conversan los gobernantes en cumbres
regionales ni encabezan las agendas bilaterales.
En el caso México ya consumieron más del 60% de sus reservas de agua. Este
dato, entre otros, es más ignorado que conocido. Tampoco tiene prioridad el
debate sobre la ausencia de control a prácticas ilícitas ampliamente extendidas en
el territorio de la región.

Todo esto también incrementa el riesgo político. ¿Por qué? De acuerdo con el
informe Riesgo político en América Latina, la falta de políticas efectivas y acuerdos
regionales que organicen una gobernanza decidida en torno al tema, incrementa
«el riesgo de transitar a escenarios de mayor escasez, principalmente de bienes
públicos como el acceso al agua, un mayor impacto de los desastres naturales y,
en definitiva, agravar la vulnerabilidad de los países ante sus efectos».

La explosión de la migración interna en Latinoamérica, cuyo máximo exponente
desde 2015 es el exodo venezolano, exige repensar la migración intrarregional
como fenómeno y las normativas para regularizar la circulación y las
residencias de los ciudadanos migrantes en general. La pandemia generó una
contención del flujo migratorio entre los diferentes países. Sin embargo, tanto los
caminos y pasos irregulares como las solicitudes de refugio y asilo siguieron su
curso.
A medida que las políticas de flexibilización han permitido la reapertura de
fronteras, los caudales migratorios vuelven a su tamaño prepandemia. La falta de
coordinación intrarregional, la escasez de recursos para abordar el tema y la
debilidad de los Estados para organizar el movimiento migratorio son una falencia
que en los últimos años han incrementado el riesgo político de este asunto.
Esta marea alta de xenofobia es una expresión de la tensión social generada por
los inesperados flujos migratorios que no parecen cesar en el corto plazo. El tema
requiere un posicionamiento jerárquico en la agenda intergubernamental con miras
a generar mecanismos mancomunados que permitan articular soluciones a los
movimientos migratorios actuales y futuros.

Elementos que agregan complejidad son: el movimiento migratorio en la frontera
sur de Estados Unidos con Mexico, la nueva ola de migrantes cubanos  que huyen
de la crisis en la isla y los desplazados por la violencia en Centroamérica. Si bien
son temas más notorios en la prensa, no encabezan las agendas de encuentros
multilaterales en la región.

Los tres asuntos descritos exigen su lugar en la agenda política de los países de la
región y en sus espacios de coordinación internacional. La garantía más fiable de
la democracia es su protección constante. Por esto, la élite dirigente no debería
obviar estos llamados de atención.
México vive una constante desviación de la democracia, el rechazo por parte
poder legislativo sobre la reforma electoral. A la presidenta le causo un gran enojo
político y personal, no se quiere enterar de que los partidos satélites de Morena,
también forman parte del juego reglas que buscan modificarlas. Estos reclaman
sus posiciones en el entramado electoral y desde luego los dineros con lo que
subsisten sus dirigentes.
Dice el pueblo me autorizo realizar todos los actos de gobierno que pretendo dice
la presidenta.
Salud y larga vida

Profesor por Oposición de la Facultad de Derecho de la UACH.