Opinión

Soberana desconocida a embajadores del crimen.

Por: Manel Narváez Narváez

Email: narvaez.manuel.arturo@gmail.com

Después de la tormenta llegó una calma chicha que todavía presagia fuertes nubarrones y tolvaneras. Qué más quisiera que, así como la tormenta de estiércol que se prodigaron el Estado y la federación por el desmantelamiento del soberano y monumental narcolaboratorio de Guachochi, la madre naturaleza nos obsequiara lluvias para contener la sequía que nos pega nuevamente.

No voy a replicar lo que todo mundo ya conoce, y no estoy exagerando porque la noticia del agarrón traspasó fronteras, de hecho, en otras latitudes aplaudieron la acción de darle un llegue al crimen organizado. Donde no hubo eco fue en Colombia, Cuba, Brasil, España ni Venezuela.

Los protagonistas se dijeron tantas cosas que, si la injuria, los infundios y la calumnia fueran bombas atómicas, toda la fauna política de este país hubiese desaparecido.

Sólo hubo dos bandos: los nuevos constitucionalistas que hasta hace siete años mandaban a las instituciones al diablo y se burlaban de la carta magna, “no me vengan con que la ley es la ley” defecaba el entonces mimo del populismo.

La contraparte, en un México donde la siembra de odio ha dividido a los mexicanos entre buenos -para nada- y los malos vendepatrias, se unió para exhibir la simulación del Estado mexicano en el endeble combate contra el crimen organizado.

En el clímax de las hostilidades se dio un enfrentamiento, que no debate, en la comisión de justicia del Senado de la República. Por un lado, el brusco senador “juanetes”, apelativo con el que la vox populi reconoce al paseño Javier Corral Jurado, y por el lado de las técnicas, Lily Téllez.

Amén de la identificación de los bandos rudos y técnicos como ubican a los luchadores la querida afición mexicana a este deporte, la confrontación entre el multiplurinominal y la periodista retrató a la perfección la postura de la federación y la del gobierno de Chihuahua.

El prófugo senador de la justicia chihuahuense abrió su intervención con su clásico choro, ese que debería guardarse para cuando ya no esté entre nosotros y sea digno de escribirse en las tapaderas de las cloacas.

Con el ceño fruncido para apantallar e impostando la voz con el propósito de secuestrar la atención e intentar imponer su dicho cual pontífice medieval al sermonear a las “débiles”, el expanista señaló con dedo flamígero que el fiscal de Chihuahua y la gobernadora tienen vínculos con el crimen organizado.

Ese viejo estribillo muy socorrido desde antaño por la oposición para acusar los presuntos vínculos de gobernantes del viejo PRI, hoy usado con vehemencia e insistencia por el presidente Trump contra el régimen mexicano, lo acompañó de supuestas investigaciones en curso.

De ser ciertas las investigaciones, el senador juanetes violenta, como su persona y como lo ha hecho toda su legislativa vida, la secrecía del juicio dada su relación cercanísima con el segundo a bordo de la FGR, súbito fiscal de la CDMX que, durante la gestión de Martí Batres, impidió la cumplimentación de una orden de aprehensión contra el exgóber prófugo de la justicia.

La fúrica y descontrolada participación de Corral Jurado en esa sesión de la comisión del Senado encontró en la senadora sonorense Lily Téllez la respuesta más clara y demoledora de la que hubiese imaginado. Sin estridencias, sin enojarse y sin perder el estilo, aniquiló la embestida del tres veces senador, dos veces diputado federal y una vez diputado local.

Quién sabe a dónde vaya a terminar este cuento, porque estamos a escasos 13 meses de la elección de 2027 en la que se juega la gubernatura de Chihuahua, pero cierto es que del lado de los rudos quedó la sensación de haber perdido la batalla por una causa perdida.

Seguramente con el paso de las semanas estarán tanteando la forma de revertir la exhibida, porque una cosa es muy cierta y de eso dieron cuenta periodistas, analistas, en redes sociales, gobiernos extranjeros y hasta un “estatequieto” desde Washington que, defender al crimen organizado es traicionar al pueblo.

La calma chicha en cualquier momento puede terminar, sin embargo, para los chihuahuenses quedó muy claro a qué le tiran cuando las mayorías artificiales se equivocan. El costo es brutal.

Por esta tierra bendita que es Chihuahua todavía cabalgan Adelitas comprometidas a defender la libertad y combatir al crimen organizado.

Esperemos que en los chihuahuenses haya nobleza, lealtad y valentía para frenar la colonización de los embajadores del crimen.

Y sí, que Chihuahua sea libre de extranjeros tóxicos que hacen de la retórica el fraude intelectual para fajarse de billetes y privilegios, con fuero permanente, aunque el calzado le apriete y le saque juanetes.

Es cuanto