Con la conclusión del torneo de futbol más importante del mundo quedó de manifiesto que su elitización y transformación en un negocio millonario no se tradujo en un espectáculo que brinde beneficios y alegría a millones de aficionados y naciones enteras.
La última edición del Mundial planteó un torneo que se caracterizó por su encarecimiento e inaccesibilidad, además de la amplificación de los intereses políticos con los que carga la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA); un espectáculo en el que el grueso de la afición genuina quedó marginada.
La Copa del Mundo 2026 concluyó y lo más relevante del evento no fue su campeón, sino que planteó un alarmante precedente respecto a cómo se desenvolverá tal evento de cara al futuro.
Prueba de ello es que, entre naciones excluidas de la competición, arbitrajes controversiales y hasta referentes del futbol mundial dándole la espalda a la dirigencia del organismo organizador, hoy se vive un clima generalizado de cuestionamiento hacia los “de pantalón largo” derivado de la serie de decisiones que tomaron durante los últimos meses.
El dinero por encima del balón
Si bien la justa mundialista unió naciones y permitió gozar de las ciudades sede, los altos precios de los boletos para ver los partidos de las selecciones fue un factor que aminoró la capacidad que tenían los aficionados convencionales para disfrutar de la gran fiesta futbolística. Los costos dinámicos impuestos por la FIFA para que solo el mejor postor acudiera a los estadios mundialistas terminó por impactar en la llegada de turistas a tierras norteamericanas.
Ello derivó por ejemplo, en que según Daniel Zaga, economista en jefe para Latinoamérica de la consultora Deloitte, arribaran solo 60% de los turistas esperados al país; es decir: 494 mil de los 836 mil estimados a inicios de año; la República Mexicana, al tener más aficionados al futbol demandó más boletos, el resultado: “precios por las nubes”, dijo el experto.
“El tema de precios dinámicos y mayor demanda en México en 13 partidos provocó que los precios se fueran a las nubes. Si yo soy un turista que me interesa el partido de mi equipo y quiero elegir entre Canadá, Estados Unidos o México y luego veo los precios que están en México, es muy probable que no voy a decidir ir a México, ¿no? Esa es la lógica por detrás”, señaló.
Además, el turismo de negocios se vio afectado, esto debido a que la justa mundialista dificultó la logística de este sector, ya que muchos prefirieron modificar sus planes o posponer al término del Mundial.
“El perdedor fue el turismo de negocios, porque muchos pospusieron sus visitas de trabajo para no tener que enfrentarse a congestionamientos, a cambios o interrupciones en sus agendas de trabajo”, alertó en ese sentido Teresa Solís, experta de industria, hospitalidad y desarrollo turístico en Deloitte Latinoamérica.
Una victoria garantizada
A pesar de que el torneo quedó marcado por lo expresado para este medio por los consultados, la FIFA no solo mantendrá el formato de 48 selecciones las siguientes ediciones, sino que lo considera una pieza central de su estrategia de crecimiento. La razón es simple: nunca antes un Mundial había prometido generar tanto dinero.
Buena parte de ese negocio provendrá de los medios de comunicación. S&P estima que los derechos de transmisión aportarán alrededor de 3 mil 900 millones de dólares, mientras que los acuerdos de marketing, hospitalidad y experiencias para aficionados registrarán un crecimiento significativo.
La apuesta de la FIFA es que el atractivo combinado de México, Estados Unidos y Canadá, junto con una mayor cantidad de encuentros, permita superar los ingresos obtenidos en Catar 2022 y generar casi 950 millones de dólares más en boletaje y hospitalidad que el Mundial de 2030.
Por ello, lejos de tratarse de un experimento aislado, el Mundial 2026 parece perfilarse como la hoja de ruta para el futuro. La FIFA ya explora nuevas formas de monetización a través del streaming, acuerdos digitales y la expansión de otras competiciones como el Mundial de Clubes.
Si la edición organizada por tres países confirma las expectativas financieras, el organismo tendrá incentivos para seguir ampliando el alcance comercial de sus torneos y explorar formatos cada vez más ambiciosos en los próximos ciclos mundialistas.
Aficiones, seleccionadores, jugadores, periodistas… El mundo entero concluyó que México puede organizar la fiesta mundialista en solitario
¿Una jugada perdida?
Para Claudia Ruiz, quien fundó su propia agencia de representación: Atletas MX, el formato de organización mundialista en varios países permite que el balón ruede en naciones que quizá antes no tenían oportunidad de albergar un Mundial por sí solos, como es el caso de Paraguay. Y es que ha trascendido que la Copa del Mundo a partir del siguiente torneo tendría a 64 selecciones del mundo, un reto para países con limitada infraestructura logística y deportiva.
“Escuchar que el próximo Mundial será en Paraguay o Uruguay, pues nunca te hubieras imaginado que ahí hubiera un mundial, ¿no? Es parte de lo positivo de esto para los países que son poco visibles, para las historias que son poco conocidas, meterse a esta revolución del fútbol”, dijo en entrevista con Reporte Índigo.
Pero la auditoría postmundial realizada por expertos y aficionados dejó una frase en común: México pudo y puede organizar por sí solo la Copa del Mundo. El país cuenta con la infraestructura suficiente para albergar los 104 partidos y, sobre todo, con la afición que acompañó a cada una de las selecciones que jugó en territorio nacional.
Los propios aficionados y futbolistas que arribaron a México compartieron este punto de vista. Las selecciones de Corea del Sur, Marruecos, Colombia, Inglaterra y otras más coincidieron en su sentir sobre el abrazo que la gente y el público les dio al hospedarse y al presentarse en sus partidos correspondientes.
Directores técnicos como el de Marruecos, Mohamed Ouahbi, agradeció el afecto de la afición mexicana y aseguró que en 2030 su país acogerá a la afición mexicana y a la Selección Nacional como si estuvieran jugando en su casa, ya que el apoyo mexicano fue único. Los comentarios también se dieron en la afición colombiana, quienes acudieron al Ángel de la Independencia, en la capital mexicana, para celebrar sus triunfos.
“Nos sentimos en casa (…) La afición mexicana es la mejor del mundo (…) Los tacos son lo mejor del planeta”, dijeron aficionados de Colombia a Reporte índigo durante la cobertura del partido entre dicha selección y la de Uzbekistán.
El próximo Mundial se celebrará en seis países diferentes de tres continentes distintos: Paraguay, Uruguay, Argentina, España, Portugal y Marruecos, luego en 2034 se organizará en un sólo país: Arabia Saudita.
La pelota podría volver a la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Futbol en 2038, ya que por reglamento de la FIFA una confederación no puede repetir sede en los siguientes dos mundiales, tras los torneos de 2030 y 2034, cuatro de las seis confederaciones no pueden participar en la organización.
México podría albergar nuevamente un Mundial, quizá en conjunto con Estados Unidos, pero la conclusión tras la justa tripartita de 2026 es: México puede hacerlo solo porque cuenta con la infraestructura y la pasión necesarias, es la petición del mundo del futbol.
Frente a un Mundial cada vez más costoso, politizado y complejo, diversas naciones demostraron que la planeación y el desarrollo futbolístico todavía pueden ser clave
Sin embargo, el balón resiste
La Copa Mundial de 2026 fue la más grande de la historia, pero también una de las más contradictorias. El aumento a 48 selecciones multiplicó partidos, sedes y oportunidades comerciales, mientras los precios de boletos, traslados y hospedaje alejaron al torneo del aficionado común.
También surgieron acusaciones de supuestas ayudas arbitrales a Argentina, especialmente después de sus partidos eliminatorios. Sin embargo, pese a las críticas de rivales y aficionados, no se presentaron pruebas de una intervención institucional para favorecer al conjunto sudamericano.
Incluso, Estados Unidos ejerció presión para que un jugador suyo, expulsado previamente, pudiera jugar en partido decisivo contra Bélgica, una decisión sin precedentes.
En medio de estas polémicas, selecciones como Marruecos, Japón y Cabo Verde devolvieron protagonismo al futbol. Para Omar Hernández, director técnico y director general de School Sport Coaches México, el aumento de participantes hacía prever una caída en la calidad, pero el desempeño africano y asiático superó sus expectativas.
“Me dejaron un buen sabor de boca. Se vio muy competitivo y con planteamientos tácticos muy impresionantes”, explicó a este espacio.
Marruecos alcanzó los cuartos de final, confirmando que su crecimiento no fue producto de una generación aislada. Su federación ha invertido en centros regionales, infraestructura de alto rendimiento y la Academia Mohammed VI, además de incorporar a jugadores de ascendencia marroquí formados en Europa.
Japón cayó ante Brasil en fase eliminatoria, pero sostuvo un modelo construido durante décadas. La Asociación Japonesa de Futbol trabaja con la meta de conquistar un Mundial en 2050, mediante una estructura que conecta futbol infantil, escuelas, clubes, capacitación de entrenadores y exportación de jugadores.
Cabo Verde, en su primera participación, llevó a Argentina hasta el tiempo extra antes de perder 3-2. Con una población reducida, fortaleció su infraestructura con recursos de FIFA Forward y convirtió a su diáspora en una red internacional de captación.
Para Hernández, estas experiencias demuestran que el éxito comienza en la formación. México, señala, necesita una filosofía definida, entrenadores capacitados y una ruta que lleve al jugador desde las categorías infantiles hasta el primer equipo si desea replicar el éxito que han tenido las selecciones antes mencionadas en el máximo torneo de futbol internacional.
En un Mundial marcado por restricciones, encarecimiento y sospechas, estas selecciones ofrecieron una razón para seguir mirando. Mientras un debutante pueda desafiar al campeón y un proyecto de largo plazo derribar a una potencia, el futbol todavía conservará la capacidad de sorprender a todo el mundo, como lo ha hecho por décadas, al grado de ser el deporte más popular del mundo.