Opinión

Es César o Santiago.

Por: Manuel Narváez Narváez

Email: narvaez.manuel.arturo@gmail.com

Tremendo laberinto al que entraron aspirantes por el PAN a la alcaldía de Chihuahua capital.

A pocos días de que el dirigente nacional del partido, Jorge Romero, anunciara públicamente el cambio de reglas para elegir a los candidatos de Acción Nacional, el horno subió la temperatura de golpe.

El método de elección de todas las candidaturas, eso dijo, todas, aunque persisten las dudas si las plurinominales también, involucra encuestas abiertas a la población.

A reserva de quiénes serán las empresas encuestadoras que contraten, porque es de todos sabidos que, para estos menesteres, Morena y el PAN confían en las propias, es decir, las que les hacen el jale estético para usarlas de propaganda.

En estos ejercicios no participan Mitosfki, Electoralia, Buendía, Reforma ni Parametría, ya que sólo trabajan para gobiernos federales y estatales, así como para corporativos empresariales.

En el caso del PAN, Rubrum y Massive Caller son las que realizan los sondeos. Pese a los enormes márgenes de error en sus pronósticos, como ya sucedió con Massive Caller en las presidenciales de 2024, estas empresas trabajan y sobreviven directamente de las contrataciones de Acción Nacional.

En el caso de Morena, Enkoll, Buendía, Demotecnia, Mercai y Heliga son las casas encuestadoras contratadas para definir sus candidaturas internas.

Ahora bien, para ser sujeto de medición los contendientes, primero deben cumplir con todos los requisitos exigibles del partido contratante.

No importa si llevan meses o años encampañados, ya se sabe que, en este país, pese a que existe en la legislación electoral prohibición para adelantarse a los procesos legales, nadie la respeta y se la pasan por el arco del triunfo frente a una autoridad electoral que parece momia.

Eso sucedió con la ahora presidenta cuando colgó miles de espectaculares por dos años ininterrumpidos, lo mismo que a AMLO 12 años de campaña permanente. Qué tanto es tantito que aspirantes al gobierno de Chihuahua y a las alcaldías tapicen con su imagen y nombres el entorno urbano.

No es de extrañar entonces que previo a la medición de quienes aspiran a abanderar las causas partidistas al Gobierno del Estado y a la Alcaldía de Chihuahua, hayan impuesto cierto nivel de conocimiento entre la población.

Eso de que las candidaturas van a ser ciudadanas es un señuelo como en las carreras de galgos, porque sólo el que tenga plata de a montón podrá hacerles competencia a los adelantados, aun y cuando los sondeos sean en unas cuantas semanas.

Por Chihuahua capital desde hace tiempo alzaron la mano Alfredo Chávez y Rafael Loera; César Jáuregui y Santiago De la Peña no lo mencionaron abiertamente, pero han hecho lo posible para dejar en claro que van por ella. Alan Falomir está apuntado por si se ofrece, Manque Granados por cuestión de género y Carlos Olson de relleno.

Una vez que dieron a conocer el mentado método, los que de a deveras tienen posibilidades de quedarse con la candidatura son César Jáuregui y Santiago De la Peña.

No es que los otros no pinten, lo que realmente sucede es que las estructuras de apoyo ya se mueven con puntería y no pierden el tiempo en cómo acarrear delegados militantes a la asamblea municipal. Esto lo define una encuesta.

Y cuando digo que lo define una encuesta sé de lo que hablo. Parafraseando al presidente de facto, López Obrador, las encuestas siempre van cuchareadas, que equivale a cargar la balanza a favor del que ordene y la pague.

César Jáuregui Moreno es panista desde su juventud, incluso cuando cursó la carrera de Derecho en la UACh mostró su inclinación al partido.

La trayectoria del fiscal general del Estado es de los más completas en Acción Nacional. El oriundo de Mexicali ha sido secretario del Ayuntamiento de Ciudad Juárez, de Delicias, de Chihuahua, secretario general de Gobierno y coordinador parlamentario en dos ocasiones.

Ha acompañado a la gobernadora Maru Campos desde que fueron diputados locales 2013-2016. Desde entonces han hecho una mancuerna exitosa que los llevó a ganar la Alcaldía de Chihuahua y su respectiva reelección, así como el Gobierno del Estado.

Por su parte, Santiago De la Peña Grajeda, ciertamente sus orígenes los tiene en el PRI, siguiendo y acompañando la trayectoria de su padre que fue un distinguido miembro de ese partido.

Pero De la Peña también cuenta con una añeja relación con los gobiernos del PAN, la cual inició con el primer presidente panista Vicente Fox, con el que trabajó en la oficina de la presidencia.

Santiago es empresario, fue secretario del Ayuntamiento con Javier Garfio y con Marco Bonilla, Desde hace dos años es el secretario general de Gobierno y uno de los colaboradores más cercanos de Maru Campos.

No es casualidad que la militancia de larga data prefiera a César Jáuregui como candidato, no sólo por su vasta trayectoria política, sino también por el pedigree azul.

Sin embargo, De la Peña es uno de tantos personajes que pertenecieron al PRI y hoy colaboran en cargos importantes en la administración de Maru Campos y Marco Bonilla.

La alianza entre panistas y priistas no es nueva. En 2002 en las elecciones extraordinarias en Tabasco, Diego Fernández impulsó el apoyo del partido en favor de Manuel Andrade en contra de un perredista; Manuel Espino apoyó la candidatura del PRI en Chiapas en contra de Juan Sabines (PRD) que resultó electo. El PAN ha votado por dos gobernadores de Durango y el actual de Coahuila.

La cohabitación PAN-PRI lleva tiempo, así que la pureza panista no existe desde hace mucho. Al menos en Chihuahua les ayudó para ganar con más holgura el gobierno, alcaldías y diputaciones.

La encuesta definirá cuál de los dos es el mejor perfil para ganar la alcaldía, pero también para sumarle mucha votación al candidato a gobernador.

Ambos deberán estar muy atentos para ver cómo cocinan la mentada encuesta.

Cucharearla en favor de alguien puede sepultarlos.

Es cuanto.