
Por: Manuel Narváez Narváez
Email: narvaez.manuel.arturo@gmail.com
Ha caído Nemesio Oseguera “el Mencho”, el narcotraficante más buscado de México en los últimos meses.
El jefe del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) murió a consecuencia de las balas que recibió tras un enfrentamiento con las fuerzas armadas, durante el traslado vía aérea a la CDMX, según el reporte oficial.
El operativo llevado a cabo por fuerzas federales en el municipio de Tapalpa, Jalisco, en la madrugada del domingo 22 de febrero, para capturar al capo por el que ofrecían 15 millones de dólares, contó con el apoyo logístico del Gobierno de los Estados Unidos.
En la última semana de enero de este año aeronaves militares estadounidenses aterrizaron en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), vuelos que en un principio fueron negados por el régimen y después aclararon que se trataba de traslados de efectivos militares mexicanos para capacitarse en Estados Unidos.
El 11 de febrero el Senado de la República autorizó la solicitud de la presidencia de México para la entrada de 19 Navy Seals, el grupo de élite de la armada de los Estados Unidos que también capturó a Osama Bin Laden, el terrorista que ordenó los ataques de las Torres Gemelas de Nueva York.
Es imposible desligar estos movimientos extraordinarios de colaboración entre los gobiernos de México y Estados Unidos sin el contexto de la constante presión del mandatario Donald Trump a su homóloga Claudia Sheinbaum para capturar a los peces gordos de los cárteles mexicanos.
Contrario al discurso y acciones del exmandatario Andrés M. López O., que durante su sexenio exigió la salida de agentes de la DEA y otras agencias norteamericanas, y permitió el ingreso de agentes de inteligencia cubanos y venezolanos, la sucesora sí autorizó el uso del espacio aéreo mexicano por aeronaves militares del vecino del norte, el ingreso de tropas y tecnología militar.
Los hechos ocurren en medio de las tensiones entre ambos países por la presunta permisividad del régimen mexicano para que los cárteles de las drogas operen con toda impunidad en territorio azteca y la supuesta colaboración de miembros encumbrados del partido oficial con ellos.
Las presiones hacia Claudia Sheinbaum abarcan la amenaza de terminar con el Tratado de Libre Comercio (T-MEC) y una posible cancelación de la Copa del Mundo donde se jugaría el partido inaugural en la CDMX y otros partidos en sedes como Nuevo León y Jalisco.
Precisamente en Jalisco, donde fue el operativo para capturar a “El Mencho”, grupos armados ligados al CJNG quemaron vehículos y camiones pesados para bloquear avenidas y carreteras que conectan a Guadalajara con otras ciudades y estados en el occidente del país.
Imágenes de vehículos en llamas, así como de comercios inundaron las redes sociales y los titulares de los medios de comunicación.
Las reacciones violentas generaron psicosis en el aeropuerto de Guadalajara, y se replicaron en otras 13 entidades el país, reconocieron las autoridades, como en Colima, Guanajuato, Michoacán, Oaxaca, Tamaulipas, Aguascalientes, Veracruz y Nayarit.
La caída de “El Mencho” satisface provisionalmente los apetitos de la Casa Blanca, pero, como siempre ha sucedido, el descabezar un cártel sólo sirve para mostrar un trofeo que es utilizado como propaganda política, ya que la estructura criminal está tan bien organizada que, como sucede en un gobierno cuando por alguna razón se queda sin jefe de Estado, existe todo un organigrama para llenar el vacío.
La capacidad de fuego, el poder financiero y la estructura operativa del CJNG tienen un alcance territorial tan vasto que les permite operar en más de la mitad del país.
Conforme pasen las horas el oficialismo irá desmenuzando su verdad histórica. Tiene motivos para exprimir la rentabilidad de la caída de uno de los capos más empoderados en los últimos años, pero también necesita convencer que el “golpe” fue efectivo porque las raíces del crimen organizado mostraron el tamaño de su influencia.
En la Casa Blanca también tendrán motivos para alimentar la retórica del presidente. Ciertamente la mano dura de Trump hacia el gobierno mexicano le ha redituado, y eso puede constatarse con la entrega de casi un centenar de cabecillas criminales mexicanos encerrados en cárceles de máxima seguridad en su territorio.
Y no sólo es la victoria de la caída de “El Mencho”, también lo es la disminución del tráfico de personas hacia el norte del Bravo, de drogas por las garitas fronterizas y por mar, la imposición de aranceles de México a China y la “colaboración” militar aceptada por el régimen mexicano.
Trump y Claudia tienen razones para celebrar -por el momento-, los mexicanos quién sabe, porque el monstruo sólo cambió de cabeza. Todavía falta mucho para conocer si las estrategias de descabezar cárteles sólo es propaganda o realmente estamos en franca recuperación del territorio que controla el crimen organizado.
Por presiones o no, Sheinbaum da muestras de querer arreglar el monumental desmadre que heredó de su antecesor en materia de seguridad.
Aún estamos lejos, muy lejos de estar bien porque en salud enfrentamos en tiempo real una pandemia de sarampión, y la expansión de la tuberculosis que aumenta a ritmo acelerado, verbigracia de haberse abandonado las campañas de vacunación que trajeron de vuelta enfermedades erradicadas décadas atrás.
Que nadie eche las campanas al vuelo, no mientras sean encontrados los más de 65 mil desaparecidos en los últimos siete años.
No hay razones para suponer que estamos mejor mientras sigan impunes los casos de corrupción más escandalosos en la historia de México como Segalmex, Birmex y el huachicol fiscal que le costaron al erario más de 35 mil millones de dólares.
Lo que es seguro es que lo que sabía “El Mencho” murió con él en el traslado de Jalisco a la CDMX.
Una golondrina no hace verano.
La primavera ni siquiera ha llegado.
Ojalá que el final del invierno transforme de verdad la esperanza en realidad.
Es cuanto.


