Opinión

Ya lo pasado, pasado.

Por. Moisés Alvarez Palacio.Durante los últimos días prevalece el debate sobre la crisis del Instituto Nacional Electoral (INE).

Mientras el oficialismo insiste en que la “mafia electoral” se tejió durante 27 años y que la culpa de lo que hoy vemos viene de la reforma del 2014 y de los gobiernos neoliberales, la oposición les reclama una contradicción muy justa, si el problema es tan viejo, ¿por qué no se resolvió en estos años en los que ya tienen el control del instituto y la mayoría en el Congreso? El argumento del gobierno es que la red de corrupción no nació con Guadalupe Taddei, sino que se propició con Lorenzo Córdova.

Puede ser cierto. Pero una cosa es reconocer el origen de un problema y otra muy distinta es usarlo como escudo para no asumir las responsabilidades del presente. Por eso, desde 2018, la ciudadanía les dio la confianza porque eran y lamentablemente siguen siendo esperanza, hasta hoy quedan mucho a deber.Como dice la canción de Juan Gabriel: “Ya lo pasado, pasado, no me interesa”.

Trasladado a la política, a la mayoría de los ciudadanos ya el pasado es pasado, ya fue. Precisamente por eso la sociedad le dio la confianza a este gobierno en el 2018, porque estaba cansada del pasado. Morena se vendió como la esperanza, como el parteaguas, como el movimiento que iba a dejar atrás el viejo régimen.

Pero a ocho años de distancia, sigue siendo, en términos generales, más de lo mismo. Cada vez que se les cuestiona por la corrupción en el INE, por la crisis en el sistema de salud o por la falta de resultados, la respuesta automática es voltear a ver el pasado.

La culpa siempre es de Fox, de Calderón, de Peña o de las políticas neoliberales. Es una estrategia cómoda, porque les permite desviar la atención y no rendir cuentas sobre lo que hacen hoy.

El problema de vivir del pasado es que impide ver el presente.

La corrupción que hoy sale a la luz en el INE, con videos, contratistas, bloqueos de cuentas y renuncias, no ocurrió en el 2006, está ocurriendo en la administración actual, con los consejeros que este gobierno ayudó a designar. Si el sistema estaba tan podrido o tan mal como dicen, la obligación moral y política era desmantelarlo, no heredarlo, adaptarlo y solapar sus vicios.

En lugar de eso, se cambió la ley para concentrar más poder en la presidencia del instituto, se dejó de buscar el consenso y se optó por el sorteo.

El resultado, pues, era lo más previsible, tener un árbitro electoral manchado por la corrupción, justo cuando el país se prepara para una de las elecciones más importantes de su historia en el 2027.A los ciudadanos ya no nos interesa el pasado como tal, pero sí es necesario tenerlo presente para tratar de no elegir gobernantes que repliquen los mismos errores, aunque con los políticos que hay, eso está difícil.

Lo que nos interesa es que se resuelva el presente. Que haya medicinas en los hospitales, que las citas con especialistas no tarden meses, que el INE sea un árbitro confiable y que los discursos de esperanza se conviertan en realidades.

La transformación no puede seguir atrapada en el ayer. Culpar a los que se fueron es el primer paso para no asumir la responsabilidad de los que hoy están en el poder. Y mientras el gobierno siga usando el pasado como escudo, el futuro seguirá siendo incierto para millones de mexicanos.