Opinión

La salud pública, entre la promesa y la realidad

Por: Moisés Alvarez Palacio.

Esta semana, los trabajadores del IMSS, tanto personal médico como enfermeras, administrativos, camilleros e intendencia, han alzado la voz en una serie de marchas y protestas a nivel nacional.

Sus demandas principales son un incremento salarial directo del 10% al tabulador, la destitución del líder sindical y, lo más urgente y apremiante, el abasto suficiente de medicamentos, materiales e insumos en hospitales y clínicas.

La dirigencia sindical había acordado un incremento del 2.9% al salario y 3.9% en prestaciones, una cifra que los trabajadores rechazaron por considerarla insuficiente y alejada de la realidad que viven a diario. Mientras tanto, los funcionarios del sector salud que llegan por méritos políticos y no por conocimiento ni trayectoria gozan de altos sueldos, compensaciones y, por supuesto, se atienden en el sector privado.

El problema, sin embargo, no se limita al salario. Los propios trabajadores han denunciado que, en muchos casos, no cuentan ni con una venda o una gasa para atender a los derechohabientes. La falta de insumos es una realidad que los pacientes también padecen: citas con especialistas que tardan meses, consultas canceladas sin aviso, y un sistema que, lejos de resolverse, se ha convertido en un martirio para millones de mexicanos.

La presidenta Claudia Sheinbaum minimizó la magnitud de las protestas y las atribuyó a un oportunismo político. Sin embargo, la derechohabiencia sabe que el servicio médico, no solo del IMSS, sino también del ISSSTE, está en una situación similar.Este gobierno prometió más de lo que ha podido cumplir en materia de salud y en otras. La narrativa oficial no coincide con la realidad.

El dicho popular “estábamos mejor cuando estábamos peor” es aplicable a la salud en el Estado de Chihuahua porque no hay personal suficiente, las citas con especialistas tardan meses, la infraestructura es insuficiente y la que existe se está deteriorando. La salud no puede seguir siendo un discurso triunfalista ni esperanzador cuando los hechos demuestran lo contrario.

El gobierno insiste en culpar a los gobiernos anteriores y a las políticas neoliberales. Pero los ciudadanos ya no lo creemos. Porque en estos años se han gastado millones de pesos en proyectos fallidos como el INSABI y la Megafarmacia, sin resultados.

El problema no es solo de dinero, es de falta de capacidad, de conocimiento y de personas con el perfil adecuado para resolver los problemas de fondo. No basta con señalar a los que se fueron, hay que demostrar con hechos que se puede hacer mejor.Llama la atención cómo, cuando un alto funcionario o la propia presidenta acuden de “sorpresa” a un hospital, este se encuentra en excelentes condiciones y con un trato de primer nivel. Pero el ciudadano común ya sabe que eso es una falacia y una manipulación.

Basta ir cualquier día, a cualquier hospital, y observar para darse cuenta de la realidad. Y en algunos o muchos casos, basta preguntarle a un adulto mayor en qué se gasta su pensión del bienestar.

Lamentablemente, la respuesta es en medicamento que el servicio de salud no puede proporcionar. Después de ocho años de “transformación”, para muchos solo sigue siendo esperanza y no realidad.