
Por. Moisés Alvarez Palacio
El pasado 14 de septiembre, el El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) actualiza las Líneas de Pobreza (LP) correspondientes al mes agosto del 2026, según ámbitos rural y urbano. Su objetivo es establecer un referente monetario que determina si los ingresos de una persona son suficientes para adquirir los bienes, servicios y alimentos que conforman la canasta alimentaria y no alimentaria. Es decir, nos da información para saber si una persona deja de ser pobre o cae en pobreza extrema. Es, en los hechos, una medición objetiva de la realidad económica de México.
Los números que arroja esta estadística nos indican que una persona que vive en la zona rural necesita $1,910.78 pesos al mes solo para cubrir su canasta alimentaria. En la zona urbana, la cantidad sube a $2,562.58 pesos. Si se agregan bienes y servicios como vivienda, transporte y educación, la Línea de Pobreza por Ingresos se eleva a $3,515.33 pesos en el ámbito rural y $4,905.33 pesos en el urbano. El salario mínimo general es de $315.04 pesos diarios, lo que representa $9,582.47 pesos mensuales. Es decir, una persona que gana el salario mínimo en la zona urbana necesitaría destinar más de la mitad de su ingreso mensual únicamente para cubrir la canasta alimentaria de una sola persona. Y si se toma la canasta completa, el salario mínimo apenas alcanza para cubrirla, sin dejar margen para otras necesidades. La inflación general anual de agosto fue del 3.3%, pero la canasta alimentaria urbana subió 4.5%. Comer es más caro que el promedio de los precios.
El caso de las ciudades fronterizas como Ciudad Juárez y Ojinaga en donde el salario mínimo en estas regiones es de 440.87 pesos diarios, lo que equivale a 13,409.80 pesos mensuales. Es una cifra considerablemente mayor a los 9,582.47 pesos del salario mínimo general. Sin embargo, el costo de la canasta básica también se eleva en la región. Para una familia de cuatro integrantes de estas ciudades en donde solo labore el padre de familia, cubrir solo la canasta alimentaria representa un gasto cercano a los $10,250.32 pesos, lo que deja poco margen para vivienda, transporte y educación. La frontera ofrece salarios más altos, pero también un costo de vida que consume buena parte de ese ingreso adicional.
El documento del INEGI detalla los productos que más incidieron en el alza de la canasta alimentaria. La cebolla encabezó la lista con un incremento anual del 66.7%, seguida de la papa con 44.1%. Los alimentos y bebidas consumidas fuera del hogar aumentaron 5.9%. En la canasta no alimentaria, el transporte público subió 9.2% en zona rural y 8.4% en zona urbana, mientras que educación, cultura y recreación aumentaron 6.0% en zona rural y 6.1% en zona urbana. No solo comer es más caro; también moverse y educarse.
El gobierno, sin embargo, sostiene una narrativa que presume una recuperación del poder adquisitivo del salario mínimo del 154% desde el 2018. Son datos que, presentados por separado, suenan a éxito. Pero los números del INEGI nos dicen que la canasta alimentaria urbana sube más que la inflación general, los productos básicos como la cebolla y la papa tienen aumentos de dos dígitos, y si realizamos una proyección aritmética de una familia de cuatro integrantes se necesitan $14,061.32 pesos al mes para cubrir la canasta completa en zona rural y $19,621.32 pesos en zona urbana. La economía puede estar “estable” en el discurso oficial, pero en la mesa de las familias mexicanas, la estabilidad económica no se siente.



