
Por: Manuel Narváez Narváez
Email: narvaez.manuel.arturo@gmail.com
Aún no salimos del escandalo de lavadero que armaron los de la 4T por el retiro de la visa de Andrés “Andy” López Beltrán, pero el régimen ya nos recetó otro episodio político vergonzoso.
De qué tamaño será la podredumbre que carcome las entrañas de Morena, que desde palacio nacional ordenaron al gobernador Rubén Rocha Moya solicitar licencia por segunda ocasión, tan solo 34 horas después de reasumir el cargo del que se había separado 112 días antes.
Como recordarán el septuagenario mandatario sinaloense se había separado del cargo casi 4 meses atrás para facilitar las investigaciones que pesan en su contra por presuntos vínculos con el cártel de Sinaloa.
La acusación y solicitud de extradición proviene de un juez federal en Nueva York que, según el juzgador estadounidense, se basa en testimonios de testigos pertenecientes al crimen organizado encarcelados por la justicia norteamericana.
Junto a Rubén Rocha fueron solicitados en extradición el senador morenista Enrique Insunza, el director de seguridad pública estatal se Sinaloa y otros seis funcionarios cercanos al mandatario.
Rocha Moya e Insunza acudieron a la Fiscalía General de la República, cuya cabeza es la militante del partido Guinda, Ernestina Godoy Ramos, para responder a decenas de preguntas relacionadas con la indagatorias en Estados Unidos, otros dos se entregaron voluntariamente.
Aparejada a esas irrisorias presentaciones en la FGR, el secretario federal de seguridad y protección ciudadana, Omar García Harfuch, dijo el 4 de mayo que no tenían indicios que vincularan al gobernador con el crimen organizado.
Así como fue de exprés la presentación de Rubén Rocha e Insunza en la FGR, así de rápida fue la exoneración del gabinete de seguridad federal; sin embargo, el mandatario solicitó licencia al cargo, pero el senador -amigo y protegido de Javier Corral- se mantuvo con fuero y sin acudir a las sesiones de la comisión permanente del poder legislativo.
Tras varias semanas de lidiar con el escándalo, la presidenta de México le apostó a la flaca memoria del pueblo mexicano para olvidar el asunto como si éste se esfumara sin mayores consecuencias. Hasta bailando de gusto captaron a Rocha Moya en Badiraguato, cuna del cártel de Sinaloa.
Pero quién iba a pensarlo, cuando parecía que todo marchaba conforme al plan de olvido, sobre todo en momentos de reconciliación entre la casa blanca y palacio nacional debido a una reunión en Argentina de gobiernos contra el crimen organizado, donde el orador principal sería Omar García Harfuch, se le viene de nuevo la noche negra a la presidenta.
No se sabe a ciencia cierta si fueron los desmesurados elogios del director de la DEA Terry Cole hacia García Harfuch, el colaborador y amigo de Estados Unidos, por los golpes a las estructuras operativas y financieras de los carteles que operan en México y las toneladas de cocaína decomisadas en las últimas semanas, pero Palenque sintieron escalofríos con ese tema.
Tal vez el expresidente escondido en el clóset del rancho más pudiente y protegido de Palenque, Chiapas vio moros con tranchete en ese acercamiento casi íntimo entre Terry Cole y Omar García Harfuch, y sospechó de algún arreglo entre palacio nacional y la casa blanca.
Cierto es también que la titular del poder ejecutivo federal se destanteó y acusó de doble moral al gobierno estadounidense que, por un lado, le retira la visa al hijo de López Obrador, y por otro lado se descose en elogios y halagos por el trabajo del secretario de seguridad y protección ciudadano.
En razón de lo sucedió en Argentina el pánico se apoderó de la cúpula del régimen. Repentinamente Rubén Rocha Moya avisa al congreso de Sinaloa su reincorporación al cargo como gobernador, entretanto que la titular del poder ejecutivo federal suspendía su participación en la mañanera del viernes 21 de agosto por un supuesto resfrío.
Aquí es donde se vuelve loca la plana mayor de la 4T. La presidencia desestima el retorno a sus funciones como gobernador de Rocha, Monreal pide que pida licencia de nuevo, Noroña contradice a Monreal, la IP considera delicado el tema y Trump insiste que en México gobierna el narco.
34 horas después de reasumir el cargo y tras la brutal presión para que se retirara, Rubén Rocha Moya retrocedió y concedió la nueva solicitud de licencia indefinida, mientras que Claudia Sheinbaum remataba: “es lo mejor para Sinaloa”.
Las preguntas que deben responder la 4T son las siguientes:
¿Por qué el ejecutivo federal presionó al gobernador Rubén Rocha Moya para que solicitara licencia por segunda vez, si esa decisión corresponde exclusivamente al mandatario estatal, al congreso local y a los sinaloenses?.
¿Hay o no hay investigaciones abiertas en la FGR en contra de Rubén Rocha relacionada con las investigaciones en Estados Unidos por vínculos con el crimen organizado y la solicitud de extradición?.
Se supone que no existe relación criminal entre el gobernador con licencia y el crimen organizado, así lo ha asegurado la presidencia de la república, así es la postura del partido oficialista y en ese sentido fue la exoneración a priori por parte del secretario de seguridad federal Omar García Harfuch.
Sin lugar a dudas este nuevo y vergonzoso episodio del régimen mexicano delata una guerra intestina en la 4T.
Es evidente que existe tensión y desconfianza entre el gabinete presidencial y el expresidente López Obrador.
El estilo de la presidenta de decir una cosa en la mañaneras y hacer otra con la relación bilateral en materia de seguridad y economía, tiene apanicados a los señalados de vínculos con el crimen organizado.
Muy seguramente alguien de algún bando ya pactó con los gringos.
Es cuanto.



