
“¿Qué es la fe? Es vivir en el ahora como
un ser pequeño buceando en un corazón infinito.”
Jodorowsky
“La desconfianza en la clase política es cíclica”. El sociólogo Salvador Giner cree
que la corrupción ha motivado la última crisis de escepticismo, aunque valora la
salubridad de una democracia capaz de detectar células cancerígenas. “Necrosis
hay en todas las facetas de la vida. Lo importante es que funcionen los
mecanismos para erradicarla”. Y en México funcionan. Políticos han sido
procesados en un gran numero de personajes –entre políticos y funcionarios–
serán juzgadas este año por corrupción, un delito que ha sustraído en México una
gran cantidad de dinero publico, no para la afectación al erario publico.
Ante la corrupción política, la reacción natural atraviesa dos etapas: rabia y
desapego. Los expertos defienden que la sociedad posee capacidad de
regeneración y muy poca memoria histórica. Pero, a día de hoy, este país hiberna
en la apatía. Y el problema no es el letargo, sino sus consecuencias: el hastío crea
egocentrismo. Y el egocentrismo, vanidad. La metamorfosis que han sufrido las
movilizaciones sociales en México en las dos últimas décadas ilustran esta idea.
La utopía ha dejado de ser un arma de reclutación masiva. Y el altruismo ya no
agita conciencias. Las consignas en la era de Morena se han deformado. Sean
realistas, pidan lo posible. Y la sociedad posmodernista lucha a golpe de clic a
través de fibra óptica y microcosmos virtuales.
La despolitización moderna es un problema de responsabilidad compartida. La
sociedad contemporánea ha heredado la máxima de no injerencia de los pobres
en política para evitar encontronazos con el régimen. Y la indiferencia por miedo
ha derivado en desinterés por pura rutina. «Es un síntoma clásico de las
democracias recientes». El circo mediático del partido oficial también ha
ambientado el escenario de la despolitización. Los medios de comunicación se
han convertido en manufacturas del exceso. Panfletos pretenciosos. Sicarios a
sueldo del escándalo. Falta un contexto informativo que favorezca el debate
constructivo y discusiones pedagógicas. “La información promociona la crispación
y se apuesta por temas breves y efectistas. Esa línea editorial es incompatible con
un escenario que promueva los valores y premie las ideas”, matiza Vallespín. La
información política es la gran damnificada por este modelo basado en
el histerismo cuantitativo. Los grandes titulares se recrean en los espectáculos
más lamentables de la cosa pública.
La sociedad percibe ese ambiente sofocante y reacciona distanciándose. “La
banalidad mediática de la política provoca que los ciudadanos no se interesen en
las leyes que les afectan y que les resulte indiferente las personas que dirigen los
poderes del Estado y los programas que desarrollan”. La consecuencia a medio
plazo es que los gobernantes se convierten en rostros conocidos y personalidades
anónimas.
Y la sociedad ha adoptado esos patrones. Las movilizaciones de la última década
revelan tres características en común: intensidad, pasión y brevedad. En perfecta
concordancia con los grandes titulares. Los últimos años han demostrado que Otro
mundo es posible ya no es posible. Las corrientes democráticas se desintegraron
en la década de los noventa. El movimiento altermundista que se reveló en Seattle
contra la Organización Mundial del Comercio y que amenazaba con reventar los
cimientos del capitalismo sólo ha conseguido arañar su fachada. La Cumbre de
Copennhague concluyó en fracaso. Y el ecologismo terminó entre rejas. No corren
buenos tiempos para el romanticismo… Tren Maya….
El efecto dominó deriva en la teoría del caos. El objetivo es localizar el aleteo de la
mariposa a partir del huracán. Descubrir el porqué de una sociedad narcotizada.
Los sociólogos coinciden en que la base del problema es educativo. El escenario
pedagógico es insuficiente. Las expectativas laborales son nulas. Y la realidad
contradice diariamente a los valores didácticos. “La educación triunfa si hay un
espacio público preparado. Y en México no existe. Los ciudadanos necesitan
modelos en los que verse reflejados. Y la realidad está distorsionada. “¿De qué
sirve Educación para la Ciudadanía si determinados personajes públicos la
desprestigian de forma automática y los valores aprehendidos en la escuela no se
ven reflejados en la sociedad?”. La juventud carece de referentes. Ha claudicado y
se aproximan más – abrumados por la sociedad, se sienten incapaces de cumplir
los roles sociales y reaccionan aislándose– que al modelo mexicano de 1968.
El célebre sociólogo polaco Zygmunt Bauman analiza estos comportamientos
desde una perspectiva más histórica y menos dramática. Barman relaciona el
periodo apático con su teoría de la sociedad líquida: en la época del Renacimiento
se creía que se había alcanzado la perfección y que cualquier cambio sólo podría
ser a peor. La sociedad contemporánea ha invertido las pautas de
comportamiento. Ahora, la metamorfosis es un síntoma de buena salud.
Resolvemos los problemas para solucionarlos, pero con la certeza de que otros se
gestan en la recámara de la mente. “Cualquier gestión de la crisis crea nuevos
momentos críticos”, dice Bauman. Quizá por eso hemos optado por la desidia.
Para evitar revelarse contra la vulnerabilidad. “La apatía es la solución, es decir,
resulta más fácil abandonarse que enfrentarse a la vida…”, asegura Morgan
Freeman en la película de David Fincher, Seven. “Dios nos libre de pasar 20 años
sin una rebelión”, responde Jefferson. Y ya han pasado 41 años del mayo francés.
La década de los 90 también produjo macrorrevoluciones de genética social.
Algunas se han volatilizado. Y otras resisten en la retaguardia. Bertold Brecht
defendía que las insurrecciones se producen en callejones sin salida. Quizás
alguna aún encuentre la puerta de emergencia
Actualmente, uno de los grandes males que padecemos es la falta de formación y
escasa cultura, en especial en materia social y, en nuestro ámbito, teológica. De
ahí que, fruto en buena medida de lo anterior- más la lacra del fanatismo-, el
fundamentalismo e integrismo o el otro extremo con el que se toca, como es el
relativismo, no comprendan ni asuman claves de la realidad y de la fe.
No podemos volver, como parece que se reclama desde este integrismo, al
denominado nacional-catolicismo o a un estado teo(-eclesio)crático. En donde se
alían o confunden los poderes políticos y económicos con la religión e iglesia. Lo
cual acaba, como nos muestra la historia- por ejemplo, la de España- en una
dictadura y poder dominador u opresor que impone la instrumentalización de la
religión e iglesia. Para manipular y legitimar estos poderes, los ídolos del poder y
de la riqueza, con sus males y desigualdades e injusticias.
Esta distinción de esferas entre la fe y los planos de la realidad social e histórica,
por supuesto, no significa separación ni recluir a la fe e iglesia en el ámbito de lo
privado e intimista, en la sacristía. Tal como impone el espiritualismo e
individualismo burgués o el actual laicismo. Como se ha estudiado, la fe y el
cristianismo con su teología tienen un carácter constitutivamente público, social y
ético-político. Aunque, a la misma vez como ya apuntamos, rechazan toda
teologización o sacralización de un tipo determinado de sociedad y de modelo de
autoridad, de gobierno y de estado.
Esto es gobierno mexicano se ha autoprogramado en una política franciscana,
“austeros”. Todo lo contrario, tienen una simulación en el actuar les gusta lo
bueno. A quien no. ” Pero se escudaron en lo que hacían los de antes.”
Salud y larga vida
Profesor por Oposición de la Facultad de Derecho de la UACH


