Opinión

Periodistas, enemigo #1 de Palacio.

El Financiero

Raymundo Riva Palacio

Estrictamente Personal

El gobierno de Sheinbaum se ha embarcado en una nueva fase para intentar frenar su trabajo crítico, al haber reconocido internamente que la narrativa de la ‘4T’ se está agotando.

La caída de Guadalupe Taddei fue consecuencia de investigaciones periodísticas que hicieron imposible para el gobierno y la ‘4T’ seguir encubriendo los abusos y corruptelas de la renunciada presidenta del Consejo General del Instituto Nacional Electoral. Tras más de dos años y medio de revelaciones, varios videos vergonzosos de sus conflictos de interés, la hicieron indefendible, y permitieron que se diera la ecuación natural en una sociedad democrática funcional: la prensa expone acciones inadmisibles y movilizan a los agentes de cambio. En este caso, la presidenta Claudia Sheinbaum fue forzada a actuar, y con ella otras instituciones del Estado. Pero esta normalidad democrática no es normal en México.

La presidenta sigue defendiendo a Taddei porque es una de las suyas: pieza instrumental de la ‘4T’ en la destrucción de los órganos autónomos, que servían de contrapeso al gobierno. Todavía la semana pasada, pese a las evidencias de sus corruptelas, hubo la tentación autoritaria en Palacio Nacional de tapar lo que había hecho, desacreditando a los medios que la exhibieron y atacarlos como mentirosos. No avanzó esa iniciativa porque era imposible ocultar sus andanzas, pero volvió a subrayar que el principal enemigo del régimen de la ‘4T’ son los medios y periodistas críticos, a quienes no ha podido doblegar en ocho años de ataques infames y sistemáticos.

La defensa de Taddei es de espíritu de cuerpo, porque es recomendada del expresidente Andrés Manuel López Obrador, otra de las herencias que le dejó. Sheinbaum parece tratar de blindarla de más revelaciones sobre los malos pasos que dio en el INE, de la misma manera como se ha embarcado en la defensa de sus correligionarios metidos con el narcotráfico o la caterva de incompetentes que tiene a su alrededor. Su comportamiento dentro de la secta obradorista es a prueba de toda ignominia.

El gobierno de Sheinbaum se ha embarcado en una nueva fase para intentar frenar su trabajo crítico, al haber reconocido internamente que la narrativa de la ‘4T’ se está agotando. El arquitecto del discurso de odio y linchamiento de medios y periodistas, encabezados por el jefe de la maquinaria propagandística del obradorismo, Jesús Ramírez Cuevas, se ha quedado sin fuerza y ha sido marginado.

Ramírez Cuevas inventó una legión de youtuberos dedicados durante ocho años a atacar diariamente a la prensa crítica y personalizar sus libelos, que dejaron de ser funcionales. Él formuló el discurso de odio, contra el pasado, el de los traidores de la patria, el que polarizó al país sin haber calculado que el rencor que despertó tenía reversa. El ejemplo es su patrón, Andrés Manuel López Obrador, que desde sus últimos años en la Presidencia comenzó a ser increpado e insultado en los lugares públicos. Hoy no se atreve a salir de ámbitos totalmente controlados. El mismo calvario está sufriendo Sheinbaum, que cuando sale de su burbuja sólo recibe reclamos y, en algunos casos, insultos. La investidura presidencial está horadada.

Todo tiene un costo. Ramírez Cuevas fue reemplazado en la estrategia por Iván Silva, el asesor electoral de Sheinbaum, quien trazó el método de la saturación: llenar de información oficial y propaganda a la sociedad para que en la sobreinformación causara desinformación, mientras que a través de una decena de casas encuestadoras a su servicio maquila estudios de opinión que colocan la popularidad de la presidenta por arriba de 68%, aunque en encuestas no controladas por él, se encuentra en la parte baja de los 50 o los 40 altos.

Silva es el autor intelectual de la constelación de políticos y periodistas a quienes acusó el gobierno de estar detrás de la movilización de la Generación Z, y de la lista negra de periodistas, influencers y ciudadanos, que le costó el trabajo –aunque aún no se oficializa– a la consejera jurídica de la Presidencia, Luisa María Alcalde. Pero esta estrategia también se agotó: en lugar de hacerlos replegarse ante el ataque desde Palacio Nacional, cohesionó en la crítica a quienes se desconocían o incluso tenían posiciones distintas, y se fueron para adelante, ridiculizando la lista.

Se entiende, pero no se justifica, la molestia de la presidenta con los medios, porque la prensa crítica le está ganando la batalla de la narrativa. Su actitud es característica de líderes autócratas, de cualquier ideología, a quienes no les gusta ser observados, ni criticados. Sienten que pierden legitimidad y afectan sus planes de control a largo plazo. Así como Ramírez Cuevas dejó de ser funcional, Silva también quedó rebasado.

La tercera fase de la estrategia de comunicación política que se puso en marcha en octubre tiene a dos mujeres trabajando en distintos campos: Andrea de Anda, fundadora de la agencia Ojiva Consultores, especializada en comunicación digital, que llegó a trabajar para el senador panista Ricardo Anaya, y Ana Areche Sáenz, súbdita española que llegó a México como parte del equipo de un asesor político-electoral –recomendado por el expresidente colombiano Gustavo Petro, vecino de Polanco–, que una vez terminada la primera fase de su trabajo con Sheinbaum, la dejó como enlace. Ambas han venido a revolucionar la estrategia de comunicación presidencial.

Areche Sáenz ha desarrollado un nuevo esquema de medición sobre el impacto de periodistas a quienes consideran más “peligrosos”, por el impacto que están teniendo sus columnas o mensajes en redes sobre el gobierno y el movimiento de la ‘4T’, que se enfoca más en su penetración que en su reproducción. Lo que han encontrado es que un columnista no tiene más peso por el número de seguidores y retuits, sino por el tipo de penetración que tienen sus publicaciones en las redes sociales.

La española diseñó un tablero donde colocó a quienes midió como los más influyentes, a partir de una metodología distinta a la que estaban aplicando en Palacio Nacional, que incluye su red de vínculos, que en el primer plano es superficial, pero que con un análisis más sofisticado permite identificar si los columnistas sobre quienes están poniendo más atención en Palacio Nacional, tienen alianzas con políticos de oposición o empresarios, así como también si son parte de una estructura política, nacional o extranjera, opositora. En acompañamiento de esta estrategia se incluyen programas que roban sus datos de WhatsApp y TikTok, que les aporta más información sobre sus relaciones y sus fuentes de información.

La intención es encontrar la forma de neutralizarlos para frenar su trabajo, inhibirlos o cancelarlos, aunque no se sabe hasta dónde quieran llegar en Palacio Nacional.