Internacional

La Tierra hierve con récord de temperatura del agua, una mala noticia para peces y humanos.

SETH BORENSTEIN

AP

Los océanos del mundo alcanzaron sus temperaturas más altas jamás registradas durante el fin de semana y es probable que se calienten aún más en los próximos meses, lo que somete a estrés la vida tanto en el agua como en la tierra, dijo el lunes el servicio climático europeo Copernicus.

Impulsadas por un fenómeno natural de El Niño que sigue creciendo, pero que ya ha alcanzado proporciones gigantescas, y por el cambio climático causado por el ser humano, las temperaturas oceánicas mundiales llegaron a 21,1 grados Celsius (70 grados Fahrenheit) el viernes y el sábado, superando por poco el récord diario medio establecido en marzo de 2024, indicó Samantha Burgess, responsable estratégica de clima en Copernicus.

“Esta es otra señal más de que nuestro sistema climático está bajo tensión y de que el océano está sometido a una presión inmensa”, indicó Burgess.

Jane Lubchenco, oceanógrafa y exdirectora de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés), calificó el récord como “muy preocupante”.

“Un océano tan cálido desestabiliza los patrones meteorológicos y amenaza la seguridad alimentaria, la prosperidad económica y la vida marina”, escribió Lubchenco en un correo electrónico. “Un océano más cálido no es nuestro amigo”.

Agua más cálida supone peores tormentas, noches más calurosas

De acuerdo con Burgess, cuando el océano se calienta, se vuelve más ácido y contiene menos oxígeno, lo que perjudica a las industrias alimentarias que dependen del mar. También cambia las corrientes oceánicas y los patrones meteorológicos, aportando más potencia a las tormentas para que dejen más lluvia y para que las marejadas ciclónicas sean mayores, añadió.

“Cuando tenemos un océano más cálido, como el que hemos tenido en Europa este verano, se amplifica el impacto de las olas de calor porque no se alcanzan las temperaturas nocturnas más frescas con la brisa marina que llega desde el océano cuando este está muy caliente”, apuntó.

Normalmente, como la mayor parte del hemisferio sur es océano, la temperatura global de la superficie del mar alcanza su punto máximo en marzo y abril, cuando el verano austral llega a su fin. Pero este año el récord se estableció en agosto, dijo Burgess. Así pues, los océanos seguirán calentándose hasta que el actual El Niño —un calentamiento natural y temporal de partes del Pacífico que luego distorsiona el clima y eleva las temperaturas a nivel global— alcance su apogeo, que se espera en algún momento entre noviembre y enero, precisó.

El Niño tiene ya la misma magnitud que los recientes y sigue creciendo; se espera que en su punto máximo alcance niveles sin precedentes. Es responsable de una buena parte del calor en los océanos, y el calentamiento a largo plazo por la quema de carbón, petróleo y gas ha elevado la temperatura de las aguas en 0,8º C (1,4º F), indicó Burgess.

“Lo que me hunde el corazón es que esto empiece tan temprano y esté tan fuera de lo normal que sabes que, cuando llegue a su pico, no va a tener precedentes”, dijo Boris Worm, profesor de biología en la Universidad Dalhousie de Canadá. “No se supone que el océano haga esto”.

“Es que lo normal ya no existe”, agregó.

El agua caliente mata corales, anchovetas

“Da miedo”, manifestó John Bruno, ecólogo marino de la Universidad de Carolina del Norte. “Ni siquiera estamos en octubre. Por lo general, el Caribe alcanza su pico hacia finales de septiembre, principios de octubre. Y creo que el año que viene en el Océano Austral, la Gran Barrera de Coral… sí, me preocupa mucho lo que va a pasar en el hemisferio sur en febrero y marzo”.

La cantidad de coral sensible al calor que sigue vivo hoy es aproximadamente una quinta parte de los niveles de la década de 1990, señaló Bruno. Pero últimamente los científicos han descubierto que algunas especies de coral —sobre todo las de tipo “herbáceo”, no las icónicas y longevas como el coral cuerno de ciervo— se están adaptando al agua más caliente y no se está dando el evento de aniquilación que se temía, explicó.

Bruno y Worm advirtieron sobre el colapso de las pesquerías y la escasez de alimentos.

Ambos mencionaron la mayor pesca del mundo, la de anchoveta peruana. Suele colapsar durante El Niño y el fenómeno es especialmente probable con este calor, dijo Worm. Eso altera la red alimentaria porque peces más grandes, mamíferos marinos y aves marinas se alimentan de ellas.

Worm explicó que, cuando el agua se calienta, las criaturas más grandes pueden nadar hacia aguas más frías, recorriendo medio océano, pero “las anchovetas no pueden irse, así que simplemente no se reproducen o se mueren de hambre”. Y esto afecta a las aves marinas e incluso a los seres humanos que dependen de ellas.

Con aguas más calientes, “no a todo el mundo le afecta por igual, obviamente, pero todo el sistema colapsa”, sostuvo Worm. “Es como cuando le quitas la estabilidad a una economía. Es como que todo se derrumba. Algunos sectores pueden ir un poco mejor, pero en general todos sufren”.

Burgess dijo que, a medida que las aguas se calientan frente a Europa, la gente está avistando más medusas y, según Bruno, lo mismo podría estar ocurriendo en la costa este de Estados Unidos.

“Las medusas suelen ser oportunistas y les gustan las aguas cálidas”, dijo Worm. “Así que sí, esperaría que les fuera un poco mejor”.

Otro exdirector de la NOAA, Rick Spinrad, dijo que el océano es el termostato del planeta, por lo que “mientras dependamos de un océano saludable para nuestra seguridad, prosperidad y bienestar, estas temperaturas récord de la superficie del mar presagian desafíos aún mayores para todos nosotros”.

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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.

15 grados de desigualdad, la brecha térmica que separa al lujo de las favelas brasile

15 grados de desigualdad, la brecha térmica que separa al lujo de las favelas brasileñas

Ailén Desirée Montes

São Paulo, 25 ago (EFE).- En 2020, vecinos de Morumbi, uno de los barrios más ricos de São Paulo, pidieron a la Alcaldía erigir un muro de tres metros de altura para aislar un parque público que se estaba construyendo en el límite con Paraisópolis, la segunda favela más grande de la ciudad.

La pared de concreto finalmente fue rechazada, pero imágenes de satélite revelan que entre ambos barrios ya existe un muro invisible, pero sofocante: una frontera de 15 grados de temperatura.

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Mientras en las calles arboladas de Morumbi la temperatura de una tarde de verano ronda los 30 °C, basta con cruzar una avenida para ingresar a esta favela, con más de 58.000 habitantes, y descubrir que la superficie puede alcanzar hasta 45 °C.

Esta disparidad no es casual. Una investigación del Centro de Estudios de la Favela (Cefavela) evidencia que en las 1,359 favelas paulistas, donde viven 1.72 millones de personas en solo el 4 % del territorio urbano, la temperatura media de superficie supera habitualmente los 40 °C.

Victor Nascimento, uno de los investigadores de este estudio, explica a EFE que las viviendas hacinadas de hormigón, los techos de fibrocemento o metal y la falta de ventanas para la ventilación cruzada convierten las casas en “hornos”.

Señala que combatir el calor se vuelve aún más difícil por la falta de servicios básicos de agua y electricidad en muchas viviendas, en las que a menudo se recurre a conexiones clandestinas, lo que imposibilita que los habitantes usen ventiladores o incluso tomen duchas para refrescarse.

Esta precariedad habitacional se suma a los problemas de la planificación urbana. Según el Observatorio del Clima, muchas ciudades toman decisiones “a contramano de la adaptación climática”.

La falta de inversión en drenaje pluvial, saneamiento ambiental integral y estructuras sostenibles en las periferias convierte en frágil la gestión de riesgos y deja desprotegidas a las comunidades ante inundaciones, deslaves u olas de calor.

Para la secretaria ejecutiva de la Red de Adaptación Antirracista, Thaynah Gutierrez, el calor extremo en las favelas “profundiza las desigualdades del racismo ambiental”.

Precisa que la ciudad sufre una separación entre lo que los investigadores denominan “zonas de sacrificio” en la periferia, desprovistas de árboles e infraestructura básica, mientras que los barrios de mayor nivel socioeconómico disfrutan de equilibrio térmico y vegetación.

“El hecho de que se haya permitido que las periferias se construyeran únicamente con concreto, con lo que los habitantes tenían a mano para construir sus viviendas, hizo que estos espacios resultaran muy inadecuados en el contexto de la crisis climática que estamos enfrentando”, dice la especialista.

Para Gutierrez, no es viable “seguir con la narrativa” de que “”a gente ni siquiera debería haber ocupado esos territorios”.

“Después de 40 años de ocupación, ya es demasiado tarde para decir que la gente no debería vivir ahí. Ahora es responsabilidad de las autoridades públicas reconocer el error y apoyar que estas viviendas sean más resilientes”, opina.

Por ello, organizaciones sociales exigen reformas estructurales e inversiones prioritarias en los territorios vulnerables.

Una de las principales demandas es la aplicación de la ley de 2008 de Asistencia Técnica para Viviendas de Interés Social, que garantiza a las familias de bajos ingresos en Brasil el derecho a asistencia técnica gratuita de arquitectos e ingenieros para proyectar, construir, reformar o regularizar viviendas de interés social.

Esto, entre otras cuestiones, permitiría planificar la reforma de viviendas con ventanas colocadas estratégicamente, techos verdes y aislamiento térmico, además de incorporar límites térmicos obligatorios en nuevos proyectos habitacionales.

Los desafíos climáticos de las periferias se discutirán en la cuarta edición del Foro Latinoamericano de Economía Verde (FLEV), que organiza la Agencia EFE en São Paulo el próximo 3 de septiembre y que contará con la participación de autoridades, expertos y representantes de empresas y organismos multilaterales.

El evento cuenta con el patrocinio de WWF-Brasil y ApexBrasil, así como con el apoyo de AYA Earth Partners, Imaflora y Observatorio del Clima.

(c) Agencia EFE