Opinión

El disfraz de las campañas electorales

Por Moisés Alvarez Palacio

El INE informó que el próximo 10 de septiembre iniciará formalmente el Proceso Electoral Federal 2026-2027, en donde planeará, organizará, coordinará, capacitará, insaculará, registrará y verificará más de 500 actividades del proceso electoral. Pero desde mucho antes de esa fecha, ya hay campañas.

No son oficiales, no tienen spots, no hay registro formal. Están disfrazadas de asambleas informativas, reuniones vecinales, recorridos por territorio, colonias y con la participación “voluntaria” de trabajadores de dependencias ya sean federales, estatales o locales.

Y en cada una de ellas, los participantes visten sus propios colores: guinda, azul, verde o rojo según sea el caso. No son campañas anticipadas, dice la ley. Pero el pueblo es sabio y sabe perfectamente que son campañas anticipadas ante los ojos de la sociedad, pero no ante los del INE.

Todos los partidos básicamente usan la misma estrategia: convocan a una “asamblea informativa”, reparten desayuno, despensas o se ofrece apoyo para algún trámite, y mientras tanto, el que suspira y aspira se presenta, saluda, se toma fotos y deja su mensaje.

No pide el voto, claro, eso violaría la ley. Pero todos se dan cuenta de lo que está pasando. Los partidos políticos utilizan las estructuras de gobierno o de sus propias organizaciones para mantener presencia en los territorios. Los colores de los chalecos, las playeras y las gorras identifican a cada partido.

Todo dentro de lo permitido, porque técnicamente no es campaña. Pero en la práctica y en esencia, sí lo es. Nada más el INE no lo percibe y no se da cuenta.Mientras tanto, este mismo INE ya tiene sus fechas establecidas. Se sabe que el registro de candidaturas se llevará a cabo del 22 de marzo al 3 de abril de 2027, que el 4 de enero del 2027 inician las precampañas y el 4 de abril las campañas oficiales.

Pero todo lo que ocurre antes son y seguirán siendo actos de campaña anticipados que el organismo electoral no puede o no quiere detener, ni ver. Los partidos se amparan en que son actividades informativas, de gestión o de formación. Y el INE, atado a una ley que no prohíbe explícitamente estas prácticas, solo se queda como los chinitos: “nomas milando”.

La ciudadanía, por su parte, ya está cansada de ver cómo se despilfarra dinero público en políticos y funcionarios que están en campaña permanente, de saber que prevalece la falta de servicios de salud, seguridad, empleo y la lista continúa. Y ellos gastando en actividades que “no son actos de campaña anticipada”.

El problema no es solo de índole legal, sino que la política se va degradando cada vez gracias a estos no actos de campaña anticipados, donde las elecciones deberían ser un proceso temporal y no permanente.

Los partidos gastan recursos que no reportan, desgastan a la población y generan una fatiga que termina en abstencionismo. El INE tiene los calendarios, las reglas y las multas. Pero mientras las campañas anticipadas sigan disfrazadas de asambleas informativas o cualquier nombre que se les ocurra, la democracia seguirá siendo una simulación.

Y el pueblo bueno y sabio termina hartándose y solo se provoca que el día “d” haya baja participación.Legalmente no son campañas electorales anticipadas, así lo marca la ley. Pero lo que está mal es que realizan recorridos por las diversas colonias, cruceros, eventos masivos en donde reparten volantes y trípticos con la imagen central del interesado, y los entregan a diestra y siniestra.

Los ciudadanos sabemos que los partidos políticos, por ley, reciben presupuesto para sus actividades. Sería mejor que organizaran eventos de formación política, capacitación, talleres y foros que les sean de utilidad a su militancia. Lamentablemente, a la militancia partidista ya no se le da la importancia que merece, porque con tal de acaparar más votos de la sociedad, abren sus famosas encuestas. La militancia perdió voz y voto en las decisiones importantes de su propio partido, porque prefieren preguntarle a gente de fuera (encuestas) en lugar de escuchar a sus propios integrantes. Eso desincentiva la militancia y aleja a la sociedad.

Lo más democrático es que la militancia activa elija a sus futuros representantes de partido con elecciones internas como lo hacía el PAN de antaño.

Hacer esto es un incentivo para que la sociedad milite en un partido y con ello aumentar la participación ciudadana en la política.