Opinión

Donald, ya no le muevas, plis.

Por: Manuel Narváez Narváez

Email: narvaez.manuel.arturo@gmail.com

El tiempo transcurre y nomás no se ve al corto o mediano plazo una salida para superar las profundas diferencias entre dos bandos que se disputan la hegemonía de la razón y la verdad.

En Estados Unidos se avecinan elecciones intermedias en noviembre, y algunos estudios de medición como el de CNN arrojan una ventaja de 8 puntos porcentuales de los demócratas sobre los republicanos. Según esta proyección el presidente Trump perdería la mayoría en las dos cámaras.

Tras dos siglos y medio desde su independencia del imperio británico, los estadounidenses solo pueden escoger entre dos sopas: demócratas y los republicanos.

Solo dos partidos se han repartido el poder en tantos años. Decir que uno ha sido mejor que el otro es reducir a una simpleza los atinos y desaciertos de cada una de esas dos opciones.

En los números, la nación con la -quizás- economía más grande del planeta adeuda 40 billones de dólares a sus acreedores. Esto representa 21 veces la deuda de México en la actualidad.

Ambas visiones en la geometría política serían opuestas, los demócratas de izquierda y republicanos de derecha, pero en la realidad coinciden en mantener la hegemonía económica, política y militar de su nación sobre el resto de las naciones.

La dual hegemonía partidista aplica la misma dosis que le recetaba la corona inglesa a los migrantes de las trece colonias fundadoras de los Estados Unidos antes de su independencia, a los demás pueblos del orbe hoy en día.

La injerencia en otros países de uno y otro partido es el patrón de siempre en la Casa Blanca. No hay distingo, si a su juicio es dictador, genocida, monarca o demócrata, la pócima es la misma: desestabilización, invasión o derrocamiento para forzar un pacto.

En la radiografía de hoy, la mayor parte de los gobiernos en el mundo se clasifican de diversas maneras como diversas son las creencias, las tradiciones y las costumbres.

La democracia es entendida de diferentes maneras y en algunos casos funciona bien. Esta se puede medir desde la perspectiva de su economía, felicidad, calidad de vida, educación, salud, expectativa de vida, estado de derecho, respeto a los derechos humanos, etc.

En el contexto del segundo mandato de Donald Trump, éste se ha caracterizado por la radicalización de sus posturas en contra de la migración, legal o ilegal. A toda costa quiere sacar ventaja comercial del resto del mundo, aplicando aranceles a cuanto gobierno o régimen se niegue a firmar sus acuerdos leoninos.

Consecuencia de eso desatinos los estadounidenses no están mejor ahora que como lo entregó la administración Biden. El galón de gasolina en un dólar más caro, el crecimiento económico es una cuarta parte menor que la de su antecesor y las malas relaciones con otras naciones crecieron.

Su enemigo aparentemente es la tiranía, pero negocia con China, Rusia, Cuba, Venezuela e Irán.

Ese pretexto de aniquilar regímenes tiránicos enemigos de la democracia – de derechos humanos habla poco- no tiene asidero en la realidad a año y medio de juramentar el cargo.

Pese a haber eliminado a la cúpula teocrática de Irán, el país sigue en pie, algo diezmado en su poderío militar, pero intacto en su orgullo nacional. Le fallaron los cálculos si creyó que los iraníes se levantarían para derrocar al régimen opresor de los Ayatolás.

A Venezuela ya no lo gobierna el tirano de Nicolás Maduro, pero siguen dirigiendo el país la misma gente. Los venezolanos no están mejor desde que el dictador está encarcelado, por el contrario, la situación es más crítica para esa nación tras el terremoto que sufrieron semanas atrás.

En México, en vez de incidir en la población para extirpar el cáncer del populismo y el comunismo con señalamientos de narcogobierno al régimen de la 4T, halaga a la titular del ejecutivo federal.

Las campañas de señalamientos y acusaciones no les han gran mella porque, según las mediciones de las encuestadoras al servicio de Morena, la oposición no tiene oportunidad de sacar dividendos favorables en la elección de 2027.

Más que perjudicar a la 4T, inocularon a los incondicionales y beneficiarios de los programas sociales de contagiarse del discurso agresivo, discriminatorio y hostil del mandatario estadounidense.

La oposición fragmentada y muda -¿por complicidad o miedo?- no tiene con qué ni por dónde hacerles cosquillas al régimen. “No me ayudes primo”, pensarán los oligarcas conservadores.

Ha resultado más vendible el canto de la sirena sobre la soberanía que el desmantelamiento de la división de poderes, la caída de la república, el brutal endeudamiento, el colapso del sistema de salud, el avance del CO y el ínfimo crecimiento económico.

El discurso de odio no prospera, por eso los “débiles” prefieren soportar a sus verdaderos verdugos internos que encandilarse con un tirano disfrazado de redentor y demócrata que solo suplanta las cúpulas.

Los autoritarios siguen gozando de cabal salud. Han sabido capotear el vendaval y solo esperan pacientemente el primer martes de noviembre para cantar victoria, aunque el verdadero perdedor será la humanidad, el medio ambiente y la economía global.

Ocho años ininterrumpidos de miseros resultados para México no inmutan al régimen; sí afectan a la población, pero los responsables no acusan recibo y remiten los reclamos al inquilino de 1600 Pennsylvania Avenue NW, Washington, DC 20500, Estados Unidos.

Con ese aliado para qué queremos enemigos.

Es cuanto.

P.D. Mis condolencias a la Familia Ulate Bernal y Villalobos Ulate por el sensible fallecimiento de Paty.

DEP tan extraordinaria mujer.