Opinión

Como Etelvina, muchos adultos mayores.

Por: Manuel Narváez Narváez

Email: narvaez.manuel.arturo@gmail.com

Un golpe de realidad llevó a doña Etelvina a retirarse como activista para dedicarse a atender a sus nietos.

Con 67 años a cuestas Etelvina se hace cargo de sus tres nietos luego de que su hija, madre de las criaturas, perdiera la vida meses atrás luego de que la camioneta en que viajaba para Juárez se volcara por las malas condiciones de la carretera.

En el fatal accidente perdieron la vida otras dos personas y dos más quedaron lesionadas, entre ellas un adolescente que perdió un brazo y la visión del ojo izquierdo.

Malvina de 40 años se dirigía dispuesta a cruzar la frontera para encontrarse con una prima en la ciudad de Abilene, Texas donde trabajaría haciendo la limpieza en unas oficinas donde labora su familiar.

Con pocas oportunidades de trabajo que le pagaran lo suficiente para mantener a su hija de 16 años y estudiante de Bachilleres, de su hijo de 14 cursando el tercero de secundaria y el menor de 10 años en cuarto grado de primaria, y pese a contar con carrera trunca en contabilidad, dejó la maquiladora donde trabajó por 9 años y se fue a probar suerte al norte del río Bravo.

No se casó con el padre de sus hijos ya que éste siempre anduvo en trabajitos temporales y desde que se fue al otro lado en 2019, ya no regresó; sin embargo, siempre contó con el apoyo de su madre Etelvina que le permitió vivir en su casa.

La desgracia ya había pegado anteriormente en el hogar. Hace 5 años, Javier, su único hermano, perdió la vida en un enfrentamiento armado entre células rivales en Guadalupe y Calvo. Tenía 29 años de edad, 16 desde que se fue de la casa materna en busca de chamba en una mina del sur del estado.

Por su parte, doña Etelvina enviudó de su esposo con el que estuvo casada más 30 años. Juventino fue empleado de una dependencia federal prácticamente toda su vida productiva, pero una enfermedad cardíaca lo obligaba a incapacitarse seguido ya casi por jubilarse, hasta que su corazón no resistió más y falleció a los 57 años.

Con la pensión del ISSSTE y la del bienestar desde hace dos años, la esposa, madre y abuela junta 11,500 pesos mensuales, dinero que apenas si le alcanza para cubrir alimentación y los servicios como agua, luz y gas.

La casa donde vive con sus nietos es propia, modesta, pero digna. Si bien se ubica a la salida a Delicias, en la colonia 11 de febrero, el camión pasa seguido y hay alumbrado público, lo que agradece porque su nieta llega después de las 830 pm, cuando sale de la escuela.

Etelvina es muy estimada por sus vecinos que la consideran amable y servicial; además de que es bastante movida y participaba en una brigada de promoción de personas que se dedican a la política.

No le pagan un salario, pero le ayudan con una despensa cada quince días y le dan 500 pesos al mes para el pasaje de su nieta mayor.

En lo que sí batalla es para que le surtan los medicamentos para la diabetes y la presión arterial que padece desde hace tres años cuando se las diagnosticaron

No obstante que tiene que trasladarse desde su colonia hasta el Hospital Lázaro Cárdenas, de las Américas y Universidad para surtir la receta, le molesta que tenga que dar hasta tres vueltas al mes para conseguir todos sus medicamentos.

La carrilla por los traslados al ISSSTE, la insuficiencia de recursos para satisfacer las necesidades de sus nietos y comprar los medicamentos que no le surten, obligó a Etelvina a dejar la brigada para acomodarse como empacadora en uno de los supermercados de la Fuentes Mares donde, asegura, por cuatro horas de envolver mercancía recibe hasta 400 pesos de propinas.

No va todos los días, pero sí de jueves a lunes que es cuando más trabajo hay,

Ese dinero extra le permite cubrir todos los gastos de su casa, los estudios de sus nietos y completar la receta de los medicamentos que no siempre le entregan en el ISSSTE.

Todavía triste por lo de su hija Malvina, hace acopio de valor y determinación para sacar adelante a sus nietos. Agradece que, pese a sus padecimientos, aun puede moverse con agilidad y sentirse útil.

No reniega de la vida ni guarda rencores por lo que le ha vivido. Por el contrario, en vez de lamentarse y perder el tiempo en cosas que no dejan nada bueno, prefiere ver la vida con optimismo.

Además, está resuelta a sacar adelante a sus nietos para que sean profesionistas y personas de bien, que encuentren trabajo con buenos ingresos y no tengan que batallar como ella y su hija.

A Etelvina la inseguridad le arrebató a su hijo y las malas condiciones de la carretera a Juárez a su hija. Batalla para obtener sus medicamentos, pero con orgullo comenta que se gana el extra para comprárselos y sostener a su familia.

La pensión que le dan del ISSSTE es baja, pero es honrada, y la del bienestar ayuda un poco, acepta con dignidad.

Para despedirnos, me regala unas tortillas de harina que hizo por la mañana y me bendice.

Es cuanto