Opinión

Finalmente estamos en el mundial.

Arturo Limón

Pasamos afortunadamente la inauguración del más tenso Mundial, que recuerden, y vaya que desde 1958 cuando Pelé metió 6 goles haciéndose la leyenda que su vida fue. 

Digo sobre lo deportivo porque el amago hecho campaña de la ultraderecha interna y externa amago con generar un evento similar al 68 para desvirtuar al actual gobierno de México, 

Así que hoy haremos una pausa de lo político, trataremos las elecciones de Colombia y el cierre de la guerra de Irán, pero mejor demos tiempo a hablar de lo que conlleva una pelota y empleare para ello el mini cuento titulado “La pelota” un mini cuento.       de Felisberto Hernández cortesía de Ciudad Seva, que a la letra dice así; “Cuando yo tenía ocho años pasé una larga temporada con mi abuela en una casita pobre. Una tarde le pedí muchas veces una pelota de varios colores que yo veía a cada momento en el almacén. Al principio mi abuela me dijo que no podía comprármela, y que no la cargaseara; después me amenazó con pegarme; pero al rato y desde la puerta de la casita -pronto para correr- yo le volví a pedir que me comprara la pelota. Pasaron unos instantes y cuando ella se levantó de la máquina donde cosía, yo salí corriendo. Sin embargo ella no me persiguió: empezó a revolver un baúl ya sacar trapos. Cuando me di cuenta de que quería hacer una pelota de trapo, me vino mucho fastidio. Al tirarla contra el patio el trapo blanco del forro se ensució de tierra; yo la sacudía y la pelota perdía la forma: me daba angustia de verla tan fea; aquello no era una pelota; Yo tenía la ilusión de la otra y empecé a rabiar de nuevo. Después de haberle dado las más furiosas “patadas” me encontré con que la pelota hacía movimientos por su cuenta: tomaba direcciones e iba a lugares que no eran los que yo imaginaba; tenía un poco de voluntad propia y parecía un animalito; le venían caprichos que me hacían pensar que ella tampoco tendría ganas de que yo jugara con ella. A veces se achataba y corría con una dificultad ridícula; De pronto parecía que iba a parar, pero después resolvía dar dos o tres vueltas más. En una de las veces que le pegué con todas mis fuerzas, no tomó dirección ninguna y quedó dando vueltas a una velocidad vertiginosa. Quise que eso se repita pero no lo conseguí. Cuando me cansé, se me ocurrió que aquel era un juego muy bobo; casi todo el trabajo lo tenía que hacer yo; pegarle a la pelota era lindo; pero después uno se cansaba de ir a buscarla a cada momento. Entonces la abandoné en la mitad del patio. Después volví a pensar en el almacén ya pedirle a mi abuela que me la comprara. Ella volvió a negarmela pero me mandó a comprar dulce de membrillo. (Cuando era día de fiesta o estábamos tristes comíamos dulce de membrillo.) En el momento de cruzar el patio para ir al almacén, vi la pelota tan tranquila que me tentó y quise pegarle una “patada” bien en el medio y bien fuerte; para conseguirlo tuve que ensayarlo varias veces. Como yo iba al almacén, mi abuela me la quitó y me dijo que me la daría cuando volviera. En almacén no quise mirar la otra, aunque sentía que ella me miraba a mí con sus colores fuertes. Después que nos comimos el dulce yo empecé de nuevo a desear la pelota que mi abuela me había quitado; pero cuando me la dio y jugué de nuevo me aburrí muy pronto.Entonces decidí ponerla en el portón y cuando pasara uno por la calle tirarle un pelotazo. Esperaré sentado encima de ella. No pasó nadie. Al rato me paré para seguir jugando y al mirarla la encontré más ridícula que nunca; Había quedado chata como una torta. Al principio me hizo gracia y me la ponía en la cabeza, la tiraba al suelo para sentir el ruido sordo que hacía al caer contra el piso de tierra y por último la hacía correr de costado como si fuera una rueda.

Cuando me volvió el cansancio y la angustia le fui a decir a mi abuela que aquello no era una pelota, que era una torta y que si ella no me compraba la del almacén yo me moriría de tristeza. Ella se empezó a reír ya hacer saltar su gran barriga. Entonces yo puse mi cabeza en su abdomen y sin sacarla de allí me senté en una silla que mi abuela me arrimó. La barriga era como una gran pelota caliente que subía y bajaba con la respiración y después yo me quedé dormido”

COROLARIO .

Este cuento que data de 1945justo cuando cerraba la que suponíamos sería la última guerra mundial, quizás nos haga reflexionar en el valor profundo de lo humano, que es lo que nos trae este cuento de la pelota, en este mundo actual que en el mercantilismo d la FIFA las trapacerías del” de Donald Trump “premio nobel de la paz en el deporte” seudo distinción que le otorgó el señor que en su apellido Infantino lleva su penitencia,               

Y en los próximos meses pronósticos que veremos los errores que las malas decisiones de ambos generan en esta Copa del Mundo 2026.