Se fue una de las grandes

Por: Luis Villegas Montes

Las letras españolas están de luto. La literatura está de luto. Mi corazón está de luto. Murió una de las grandes: Almudena.

Por ende, los temas del Tribunal Superior de Justicia pueden esperar. Me cuentan que Pablo Héctor pedirá licencia por unas pocas semanas, que repose, que descanse; a su regreso, ya veremos…

Al tema. El sábado por la tarde, cuando leí la noticia, me conmoví hasta las lágrimas. Así le escribí al Adolfo, así se lo comuniqué a mi parte pequeña del mundo: “Sincera, brutal, jodidamente, me dieron muchas ganas de llorar”. No lo había experimentado antes, que alguien tan ajeno, tan alejado de mí por lo que hace a mis afanes cotidianos, me doliera tanto.

Parafraseando a Neruda, podría escribir los párrafos más tristes este día; y, junto con él, “pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido/Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella”. Podría, pero no. Me parafraseo a mí mismo. La recuerdo a ella, recordándome. De Almudena Grandes, alguna vez escribí:

“Fue un hito en mi vida, pero, como muchas de las cosas buenas que me han ocurrido, fue el azar la que vino a presentármela. Merodeando por ahí, hallé ‘Castillos de Cartón’[1] y como me había pasado de largo durante lustros, de las ediciones mexicanas de su bibliografía ni siquiera me di cuenta.

El año que la conocí fui a España por primera vez {…} Parecía yo niño en juguetería y me traje un montón de libros de Almudena a un precio ínfimo”.

“He leído con fruición todo lo que Almudena publica; de sus obras ‘ligeritas’, me quedo con ‘Los Besos en el Pan’;[2] y desdeño, la única que no me ha gustado, ‘Las edades de Lulú’,[3] que fue, no obstante, la que la catapultó a la fama”.

“Las dos novelas más entrañables de la española, al menos para mí —antes de los ‘Episodios de una Guerra Interminable’—, también llegaron de la mano de la casualidad: ‘Los aires difíciles’[4] y ‘Malena es un nombre de tango’,[5] las encontré, por azar, no recuerdo si en Bogotá y Buenos Aires, o viceversa, pero ahí estaban, en sendas estanterías en una librería, una, y en el estanquillo de un aeropuerto, la otra”.

“¡Ah!, pero llegaron los ‘Episodios de una Guerra Interminable’ y ahí sí, francamente me enamoré. Tres de las mejores novelas que he leído en mi vida integran la saga: ‘Inés y la alegría’,[6]‘El lector de Julio Verne[7] y ‘Las Tres bodas de Manolita’”.[8]

Aquí me detengo obligadamente porque eso dejé escrito hace años ya, pero la serie se completa con otras dos obras maestras: “Los pacientes del doctor García”[9] y “La madre de Frankenstein”.[10] Se queda, pendiente de escribir, “Mariano en Bidasoa”, novela que habría cerrado la serie.

Si leen con cuidado, se darán cuenta de la festiva sorpresa, del placer y regocijo con que rememoré cada lectura y cómo daba cuenta de mi propia biografía a través de ellas, pues la lectura es eso: guiños, alegrías, tristezas, nostalgias, amores, trozos de vida que intercambian quien escribe y quien lo lee.

Con el alma en vilo, con el corazón dolorido, desde aquí, deseo que Almudena descanse en paz. No quiero insultar su memoria deseándole a esa descreída que en gloria de Dios esté, pero hago votos porque así sea.

Concluyo con la frase que emplee la primera vez que escribí sobre ella: “Si no ha leído a Almudena, le sugeriría que empiece”.

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Luis Villegas Montes. 

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