¿Guajolote o pavo para Biden?

Por: Manuel Narváez Narváez

Email: narvaez.manuel.arturo@gmail.com

En dos semanas el presidente de México ha pisado tierra gringa y ha impuesto agenda.

Atrás quedó el ridículo de la representación mexicana en la cumbre del COP26, sobre el cambio climático.

Para muchos la participación de López Obrador en la instalación del Consejo de seguridad de la ONU que preside nuestro país, la participación del mandatario fue desafortunada al criticar la labor del organismo internacional y hablar de temas ajenos a la agenda de dicho Consejo.

La propuesta de combatir la pobreza que, desde su perspectiva, ayudaría a disminuir las insurgencias de los países más pobres, otorgando 4 dólares al día a los más vulnerables, ha recibido el respaldo de más de 100 naciones.

Al respecto, el canciller mexicano Marcelo Ebrard, que no detalla cuáles países apoyan la iniciativa del mandatario azteca, porque seguramente no figuran los miembros del G7, es decir, los de las economías más desarrolladas, alardea del respaldo.

A pesar del desaire de los poderosos, Andrés Manuel se reunió este jueves 18 de noviembre con sus pares canadiense y norteamericano en Washington.

La agenda estaría acordada por la Casa Blanca, pero el mexicano, diestro en la polémica y sabedor de que en noviembre de 2022 el partido demócrata del presidente Joe Biden se juega el control de la cámara de senadores, impone sus puntos de vista.

Los analistas detractores de las políticas públicas implementadas por AMLO, esperan un llamado de atención por parte de Biden con relación a la iniciativa de reforma eléctrica cuya discusión pospuso el congreso federal para el 2022.

Pero, más allá del resultado de las conversaciones y los compromisos que asuman los tres socios del T-MEC, el tabasqueño descansa su estrategia en el alto índice de aprobación con que cuenta, no solo en México, que es por encima del 63%, sino también por la influencia que pudiese ejercer allá entre los electores de ascendencia mexicana.

Este dato no pasa desapercibida para Biden, por eso no se ha “dejarse caer” en contra de AMLO.

Y comparado con otros mandatarios gringos, incluso Trump, que con su discurso beligerante y antimexicano supo manejar la relación con López Obrador; Joe Biden ha sido bastante diplomático para dirigirse al presidente de México.

El problema para el presidente norteamericano y para los opositores al régimen de la 4T que está imponiendo su agenda a toda costa, es que Andrés Manuel sea factor en una eventiual derrota de los demócratas, amén de que en México, Morena sumaría otras 5 gubernaturas en las elecciones de 2022.

Incluso, sin soslayar el ruido que hace la fracturada y diezmada oposición en México, los republicanos nadan de muertitos o con moderada presión a temas que le interesan como la reforma eléctrica, la demanda en contra de los fabricantes de armas y la aprobación de la reforma migratoria por el capitolio.

En este último rubro, AMLO hace carambola de dos bandas, porque desafía entrometiéndose en la política interna de los estadounidenses al amenazar con denunciar a los legisladores gabachos que voten contra la propuesta migratoria de Biden, e insinúa apoyo a los demócratas.

Como sea, el presidente de México no va a regresar con las manos vacías de Washington.

Lo que sí, es que  el poderoso presidente norteamericano y su partido pierden más si maltratan o ridiculizan al oriundo de Macuspana, aunque tengan con que.

Es conveniencia y precaución, no temor.

Es cuanto

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