Hijos de la Chingada (Parte II de II)

Por: Ing. Agustín Hernández Rojo
Observo con asombro que el gobierno de la Ciudad de México quiere reemplazar la estatua de Cristóbal Colón con la de la joven de Amajac, una escultura olmeca, de alto valor histórico, descubierta a principios de año que representa a una joven gobernante. Debo decir que me parece sumamente correcto visibilizar a nuestros pueblos originarios y sobre todo a las mujeres indígenas, lo que me parece inadecuado es reemplazar una estatua histórica previamente colocada.
La pregunta es ¿No había otro espacio en la CDMX para colocar la estatua?
Para el desarrollo, armonía y prosperidad de las naciones debe existir un alto sentido del honor y también dos grandes virtudes que son: la humildad y la magnanimidad. México está llamado a ello por el alto valor histórico y cultural que tenemos, solo hace falta inspirar a la cohesión y no a la confrontación. Como ejemplo histórico podemos poner al expresidente de los Estados Unidos Abraham Lincoln y su General Ulysses S. Grant quienes al ganar la guerra de Secesión otorgan el perdón a Robert E. Lee, quien era el General del Ejército Confederado y le confieren la Rectoría de la Universidad Washington.
Este sentido del honor y magnanimidad del que hablo no solo se observa en EE.UU., algo hay que aprender también de los franceses, que saben venerar su historia con equidad, pues lo mismo tienen estatuas de Luis XVI que de Robespierre, Danton o Napoleón. París es una ciudad donde podemos encontrar estatuas por doquier, con monumentos dedicados a los personajes relevantes de su vasta historia, no encuentran necesidad de desdeñar su pasado monárquico para poder abrazar su presente republicano. En el boulevard Saint Germain se encuentra un pedestal de Jaques Danton y la tumba de Napoleón descansa imponente en Les Invalides. En la primavera de 1989 un grupo de intelectuales franceses solicitaron renombrar una calle con el nombre de Maximilien Robespierre y la estatua de Luis XVI descansa en Versalles. Cuando Napoleón llegó al poder no desdeñó lo avanzado por la Revolución al contrario fincó su imperio en las bases de la Revolución Francesa, diseminando estas ideas no solo por Europa sino por el mundo.
La falta de aceptación de la identidad mexicana es uno de los grandes retos de México como país, el odio propio hacia ciertos antepasados y que desafortunadamente el sistema educativo público nos ha enseñado a dividir los personajes de la historia entre buenos y malos, sin un análisis crítico y objetivo. Es por ello que la mayoría creen que Benito Juárez todo hizo bien y Profirio Diaz todo hizo mal, que Santa Anna fue un vendepatrias, por lo mismo se minimiza la gran aportación de Iturbide y se exacerban rotundamente otras.
En la medida que aprendamos a darle su justo valor a los hechos históricos podemos aceptarnos a nosotros mismos como nación, ni como gachupines ni como indígenas, sino como MEXICANOS, herederos de un rico mestizaje y aprendamos a ocupar el lugar preponderante en la historia y en la geopolítica que nos pertenece en la región Iberoamericana.
Desafortunadamente en México nos hemos llenado de odios sin sentido, no es necesario contraponerse, la historia no es una lucha de buenos contra malos. Las posiciones xenófobas deben de dejar de existir y también las endófobas (mal llamadas malinchistas), ni unas ni otras. Hay que asumir el bagaje cultural histórico que México guarda y saber valorarlo en su totalidad, eso nos retirará de disputas estériles que en nada abonan.
Se deben buscar los puntos en común, estoy seguro que los mexicanos tenemos más coincidencias que diferencias, solo hace falta poner atención a ellas. No hace falta hacer a un lado a Colón, con todos sus posibles desméritos, para darle el lugar que le corresponde a la joven Amajac o a la misma Malinche.
Trescientos años de mestizaje no se pueden extirpar, el mestizaje ha sido permanente y continúa, no solamente de españoles e indígenas, sino de nacionalidades de todo el mundo que México ha acogido con suma hospitalidad a lo largo de los tiempos y que su inmigración representa consecuencias favorables para nuestra diversa nación. Acorde a cifras del INEGI de 2020 existen más de 1 millón de extranjeros de los cuales 797, 266 son estadounidenses., 56,810 guatemaltecos, 52,948 venezolanos, 36,234 colombianos, 25,976 cubanos, 20,763 españoles, entre muchas nacionalidades más. Sin contar las grandes migraciones que se han recibido a lo largo de la historia y que eventualmente se han naturalizado mexicanos, como los exiliados del régimen franquista en España, del régimen de Pinochet en Chile, de Perón en Argentina, de la pobreza extrema de zonas rurales de China y que observan en México un país próspero y pujante que los recibe con brazos abiertos y sin discriminación.
Los personajes históricos ya hicieron su parte, es tiempo de que los hijos de México seamos factor de cohesión de nuestra propia nación, porque si, tal vez seamos los hijos de la Chingada pero para bien y a mucha honra. Espero y un día no muy lejano podamos observar una rotonda con todos nuestros personajes ilustres juntos y que Don Benito y Don Maximiliano estén flanqueándose.


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