Los Besos en el PAN

Por: Luis Villegas Montes

Recién terminé de releer “Los besos en el pan”,[1] novela entrañable de la extraordinaria novelista Almudena Grandes.

La obra me atrapó la primera vez que la leí, porque reseña de manera espléndida, la crisis económica que cruzó Europa, y el mundo, hace poco más de una década.

La novela narra, en forma realista, con pinceladas de ternura, de inocencia conmovedora y de necesaria crudeza, cómo los vecinos de una ciudad cualquiera enfrentan las penurias que les tocó vivir en medio de una crisis que nadie vio llegar. Aunque perfila recios caracteres, donde menudean la lealtad, la fuerza, el valor y la generosidad, la obra no prescinde de una visión realista del entorno y ni nos ahorra un poco de ese desaliento que priva en las clases medias que quisieran algo mejor para sí y los suyos, sin poder conseguirlo.

Aunque la historia se enmarca en un determinado contexto histórico (la España de inicios del siglo XXI, en medio de la crisis financiera global), lo cierto es que las historias que entrevera podrían ser las de un grupo de personas, en cualquier ciudad, en cualquier país del mundo; ello, porque los avatares que desmenuza pueden ser propios de multitud de comunidades actuales.

El título, nos lo explica la autora con una anécdota: “Cuando se caía un trozo de pan al suelo, los adultos obligaban a los niños a recogerlo y a darle un beso antes de devolverlo a la panera, tanta hambre habían pasado sus familias en aquellos años en los que murieron todas esas personas queridas, cuyas historias nadie quiso contarles”.

En otro punto de la novela se lee: “No será para tanto, se dijeron, pero fue, y nada cambió en apariencia mientras el asfalto de las calles se resquebrajaba y un vapor ardiente, malsano, infectaba el aire. Nadie vio aquellas grietas, pero todos sintieron que a través de ellas se escapaba la tranquilidad, el bienestar, el futuro”. 

Por eso recuerdo ahora esta novela. 

Esa apatía, ese “no será para tanto”, es el que repta por nuestras calles, por nuestras avenidas, se mete a nuestras casas y modela la realidad cotidiana que nos circunda y se empeña en mostrarnos su semblante más hosco, sus dientes más afilados, sus garras más aguzadas. 

Ni la oposición, ni los empresarios, ni las universidades, ni las iglesias, ni la sociedad organizada, parecen interesarse en los temas que deberían constituir el eje de su actuación. Por un alto a un gobierno cada vez más retrógrado (reforma eléctrica), indolente (cientos de miles de ejecutados, “desaparecidos” y muertos por COVID) y brutal (Dos Bocas y frontera sur). 

La violencia, la apatía, la regresión, la ignorancia, la corrupción, campean por nuestras calles y la sociedad mexicana continúa dividida, desarticulada y rota, ocupándose de minucias, mientras cada vez estamos más próximos a empezar a besar el pan que se caiga de la mesa.  

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Luis Villegas Montes. 

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