La paradoja de la maternidad: el mercado laboral castiga a las madres y la sociedad a quienes no quieren serlo

El Economista

IGUALDAD DE GÉNERO
Mientras en la mayor parte del país interrumpir un embarazo no deseado todavía es ilegal, en el mercado laboral un embarazo deseado te penaliza con una brecha salarial de hasta 40 por ciento. Los hombres que son padres no son penalizados económicamente, pero tampoco tienen derechos laborales que les permitan ejercer sus paternidades.

Cuando escuchamos que México es un país con altos niveles de violencia contra mujeres y niñas pensamos en el creciente número de feminicidios o desapariciones y el panorama no es muy alentador. La realidad es peor. La violencia tiene otras formas, menos explícitas, pero persistentes, como la desigualdad y la discriminación. Y todas se intersectan unas con otras.

El mundo laboral es una de las esferas en donde estas problemáticas se reproducen: la brecha salarial, la baja representación femenina en puestos directivos, la desproporcionada carga de tareas del hogar y cuidados o el rezago profesional; y en todas ellas la maternidad juega un papel fundamental. Mientras la sociedad y las leyes siguen castigando a las mujeres mexicanas que deciden no ser madres, el mercado del trabajo se encarga de expulsar a quienes sí deciden serlo.

Algunas cifras relevantes que ofrecen un panorama general son:

  • La tasa de participación femenina es de 44.3% mientras que la masculina alcanza 76.0%.
  • Sólo el 29% de los empleos con mejores remuneraciones los ocupan las mujeres.
  • Al menos 8 de cada 10 mujeres están en pobreza o vulnerabilidad económica.
  • Las mujeres ganan en promedio 35% menos que sus pares hombres.
  • A penas 7% de mujeres en puestos directivos y menos del 20% en puestos de liderazgo.
  • Y de las mujeres directivas el 64% no tienen hijos.
  • La brecha salarial entre mujeres con hijos y mujeres sin hijos es de 20% en promedio.
  • Las mujeres destinan tres veces más horas al día que los hombres al trabajo del hogar y el cuidado de los niños o adultos mayores.

Estas cifras sólo reflejan las desigualdades, mismas que nacen de una cultura machista que permea en la sociedad y que, al mismo, tiempo reproducen y perpetúan sistemas poco justos y poco productivos. Es una realidad, las mujeres sólo por ser mujeres son penalizadas en el ámbito laboral por factores directos o indirectos; pero las mujeres que, además, deciden ser madres lo pasan peor.

No hay directoras, las pocas que hay no tienen hijos, las mujeres con buenos empleos vienen de familias de alto nivel socioeconómico, las mujeres que toman el riesgo se estancan laboralmente; y todas estas historias profundizan los miedos laborales en las mujeres, miedos que se confirman con las cifras, dijo Silvina Prekajac, directora de la consultora de maternidad y paternidad Giving Birth.

En entrevista con El Economista, Prekajac señaló la importancia de visibilizar estas “barreras ocultas” que limitan el desarrollo profesional de las mujeres y que, además, tienen impactos económicos negativos en todos los niveles.

Y aunque en las leyes de muchos países se establece que está prohibido ejercer discriminación contra las trabajadoras por su condición familiar o civil, esto sigue ocurriendo de manera cotidiana y sutil. “Muchas veces cuando una profesional toma su licencia de maternidad al volver se encuentra con que tiene menos responsabilidades, tiene un puesto de menor rango, tiene menores recuperaciones o incluso no vuelve; todas esas cuestiones representan un freno importante a la independencia económica y al desarrollo profesional deseado de las mujeres”.

Un estudio realizado por investigadores del Colegio de México publicado los primeros días de septiembre reveló que, en el país, dependiendo al grupo sociodemográfico que pertenezcan las mujeres la penalización salarial puede ser de 16% hasta 40%, estas brechas ya no se recuperan.

Las trabajadoras que son madres y además están casadas enfrentan una brecha salarial de hasta 40% durante los 11 años posteriores al embarazo, son el grupo más afectado. Para las madres más pobres y las madres más jóvenes la penalización alcanza niveles de 32 y 28% respectivamente.

Otro de los hechos relevantes de la investigación fue que las mujeres con hijos tuvieron salarios 16% más bajos que las mujeres que decidieron no ser madres durante los 11 años posteriores al embarazo, aún cuando partían del mismo punto de comparación ambos grupos.

¿Y los padres? Para ellos no hay penalización económica, pero sí de tiempo. La realidad es que la mayoría de los hombres pueden ser padres sin temor a que eso impacte sus actividades laborales o su prosperidad profesional. Eso sí, bajo el entendido de que, incluso bajo las leyes, tendrán menos oportunidades de estar con sus hijos e hijas y equilibrar sus esferas laborales con las familiares.

En México las licencias de paternidad, de acuerdo con la Ley Federal de Trabajo, son de sólo cinco días con goce de sueldo para los padres. Para las madres son 84 días.

Más claro no puede estar. Hay que erradicar los estereotipos de género que nos hacen creer que las mujeres tienen habilidades superiores para realizar tareas de casa y de cuidados y que los hombres sólo pueden ser buenos para tareas de alto nivel intelectual o de fuerza física. Hay que erradicar las ideas “tradicionales” de las familias. Y las empresas pueden contribuir de manera significativa a provocar y acelerar este cambio.

Ser madre o padre no resta valor, todo lo contrario

De pronto estas ideas nos hacen creer que decidir voluntariamente ser madre o padre nos resta valor como profesionales, y la realidad es totalmente distinta, comentó Silvina Prekajac, es incluso un valor agregado para las compañías con todas las habilidades y la ampliación de perspectivas que se van adquiriendo al ser madre o padre.

En el ámbito corporativo hay una oportunidad enorme para impulsar y fomentar una cultura laboral más igualitaria, que al mismo tiempo impacta en el cierre de brechas de género en esferas sociales y económicas, dijo la experta en gestión de maternidad y paternidad laboral.

Impulsar políticas con perspectiva de género e involucrarse en estos procesos no sólo da la oportunidad a las mujeres que deciden ser madres de acceder a sus derechos laborales o a los padres la oportunidad de involucrarse en la crianza y el hogar, sino que además aporta a que sus colaboradores equilibren su trabajo con la vida personal. Esto último tiene beneficios económicos sustanciales, agregó Silvina Prekajac.

“Si las compañías no acompañan a su talento en momentos fundamentales de vida como es convertirse voluntariamente en madres y padres y, por el contrario, lo penalizan, ¿qué queda entonces para el resto?”, concluyó.

Los estereotipos de género viven en todos lados e impactan de manera determinante el destino de las personas, el ámbito laboral no se escapa de ellos. Las mujeres no deben ser criminalizadas por decidir no ser madres, pero tampoco penalizadas económica, social o profesionalmente cuando sí deciden serlo. Las tareas del hogar deben equilibrarse y los hombres deben tener el derecho y responsabilidad de participar igualitariamente en la crianza dentro de los hogares.

*Se utilizaron cifras de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del Inegi, Sistema de Indicadores sobre Pobreza y Género e Medición de la Pobreza 2020 del Coneval, la ONU Mujeres México y la Cepal (Comisión Económica para América Latina y El Caribe).

ana.garcia@eleconomista.mx

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