El politico huevon 

Por: Francisco Flores Legarda

“Un filósofo que no podía caminar

porque pisaba su barba se cortó los pies.”

Josorowsy 

La política en Mexico se ha convertido en una narrativa basada en las mentiras y las medias verdades. Si un político afirma con la rotundidad de un predicador presbiteriano: “yo soy esto” o “yo soy aquello”, “nadie puede decir de mí…”, “no soy oportunista”, “busco siempre la unidad”, “junto a nosotros cabe todo el mundo, nos necesitamos todos” y otras frases asertivas por el estilo, uno debe respirar profundamente para no reaccionar con un exabrupto, la frase me trae a la memoria Trump asegurando a los cuatro vientos que ha roto el techo de un test cognitivo. Cuando el presidente Carles Puigdemont afirma “que nadie se preocupe si tenemos discrepancias”, pienso que debe de decirlo porque en el exilio solo habla con gente que le dora la píldora. El exilio, como la prisión, aísla. Observen sino el giro radical entre el Mandela de la prisión y el que empezó a hacer política después de ser liberado. La realidad se vive en directo y no a través de una pantalla.

En Mexico la política no soluciona problemas, sino que crea muchos otros. Es tradicional. La historia de los siglos XIX y XX es la historia de las guerras civiles, los pronunciamientos y las dictaduras. La Segunda República fue un caos descomunal y eso sirvió a los militares para justificar una rebelión antidemocrática. La extrema derecha se ha aprovechado de la débil democratización de la política española incluso para apoderarse del estado. En el siglo XXI ya no necesita a los militares. Les basta y les sobra con los abogados del Estado, los jueces y otros especímenes del deep state. Se ha constatado cuando el juez Marchena ha decidido aplicar lo que ya anunció. establishment no es ni de derecha ni de izquierda, simplemente es establishment. Bajo la presidencia de Donald Trump, la política en los EE.UU. también se ha convertido en una práctica guerracivilista.

En los EE. UU. la alternativa a un presidente senil (Trump tiene 76 años) es la gerontocracia demócrata: Joe Biden tiene 77 años y Bernie Sanders 78. Los demócratas no se atreven a apostar por una mujer joven, rebelde, a pesar de que a veces caiga en el victimismo propio de las mujeres jóvenes de hoy en día, como es Ocasio-Cortez simplemente porque saben que muchos estadounidenses son cono Ted Yoho. Tampoco quieren ceder el paso. En Cataluña —y también en España no hay ningún político de primera fila que supere los 60 años. El Parlamento es como un parvulario donde se pronuncian discursos infantiles. Incendiarios en la forma pero vacíos de contenido. Al contrario, precisamente, de la intervención serena y pensada, sin papeles en las manos, de Ocasio-Cortez. “¡Qué envidia!” —me dijo un alcalde de ERC, un buen amigo, cuando me mandó por whatsapp el video de esta intervención. La juventud es un elixir, pero es una condición pasajera que se tiene que saber aprovechar. Sin preparación política, ser joven no es un plus.

Angela Merkel también fue joven y creció bajo el manto del gigante alemán, en todos los sentidos, Helmut Kohl. Lo supo aprovechar porque lleva quince años al frente del gobierno y cuando ha anunciado que se retira, a los 66 años (una mujer madura según los estándares norteamericanos y una vieja según los catalanes), una muchedumbre le pide que no lo haga. Es una mujer que transmite confianza entre las turbulencias. Ha demostrado con hechos que las decisiones políticas que toma no están condicionadas por una ideología rígida, dado que lleva años gobernando con los socialdemócratas. Lo que es seguro es que es más valiente que ninguno otro político europeo, incluyendo los catalanes. No todos los políticos son líderes —a pesar de cubrirse con un incienso artificial—, y en cambio ella sí que lo es sin caer en la deshumanización que desprendía el liderazgo de Margaret Thatcher. Hay muchos políticos como Ted Yoho —en España el diputado de Cs Carlos Carrizosa protagonizó un incidente parecido contra las diputadas Elsa Artadi y Aurora Madaula—, y la única vía para combatirlos es no mentir sobre la realidad y, sobre todo, sobre un mismo. Quizás el camino sea adoptar como máxima el cándido repente del poeta J.V. Foix: “Me exalta lo nuevo y me enamora lo viejo” y ponerse a cantar la irónica canción de Georges Brassens: “La edad no tiene que ver: si uno es huevón, es huevón”.

Salud y larga vida

Profesor por Oposicion de la Facultad de Derecho de la UACH.

@profesor_F

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