Maru saca las tijeras

Por: Manuel Narváez Narváez

Email: narvaez.manuel.arturo@gmail.com

La reingeniería de la administración pública que promueve Maru Campos, llega a destiempo. Esperemos que funcione.

La época en que los gobernadores gastaban a manos llenas al parecer termina con Javier Corral Jurado.

La inconciencia de quienes han ocupado la primera magistratura del estado de Chihuahua, al menos desde la gestión de Patricio Martínez García, llevó a la entidad a malgastar el dinero público en obras de relumbrón y engordando mórbidamente la burocracia.

Patricio heredó a Reyes Baeza una deuda manejable. En aquel entonces del total del presupuesto de egresos para el estado, el 30% se destinaba a obra pública.

Martínez García se gastó cientos de millones de los excedentes petroleros que recibió como aportaciones extraordinarias del gobierno de Fox, construyendo estadios de béisbol por todo el territorio chihuahuense.

Patricio fue el típico político que compra a sobreprecio, como lo hizo con la maquiladora Pulse y los terrenos de WalMart juventud, en la capital del estado, y de haber impuesto a su hermana como intermediaria para adquirir inmuebles en la zona centro de Chihuahua.

Con la llegada de Pepe Reyes, como le dicen los favorecidos durante su sexenio, la deuda pública pasó de 11 mil millones de pesos a 26 mil millones.

Para quienes gustan de informarse y no ser focas aplaudidoras, saben que la obra pública fue escasa entre 2004 y 2010, pero eso sí, el nivel de inseguridad creció a niveles como los deja ahora Javier Corral Jurado.

Baeza Terrazas no solo comprometió las finanzas del estado, sino que perdió mucho territorio frente al crimen organizado.

En el 2016, cuando César Duarte deja la gubernatura, la deuda pública llega a los 49 mil millones de pesos, es decir, 23 mil millones más de lo que heredó de Reyes Baeza.

Con Duarte al parecer hubo calma; “es que hubo arreglo con los grupos criminales”, aseguran sus detractores. Sin embargo, creció la estructura educativa y dotó al poder judicial de su flamante edificio, pero el costo para los contribuyentes fue el alto precio de la corrupción.

Javier Corral Jurado ya sabía, o al menos su híbrido equipo (izquierdosos y la familia feliz panista) que, al asumir el cargo, el margen de maniobra del presupuesto era mínimo, pero se hizo pendejo y pateó el bote.

La pereza de Corral condenó a Chihuahua a seguir manteniendo una burocracia VIP, alimentando a otra innecesaria, consintió la entrega de más plazas en el poder legislativo y el judicial, así como la creación de más órganos autónomos, y lo peor, se consolidó el crimen organizado en el estado.

Chihuahua destina un 30% de su presupuesto a la educación, rubro que debería recaer en el ejecutivo federal. Aun así, los gobernadores Patricio Martínez, Reyes Baeza, César Duarte y Javier Corral, optaron por darse vida de monarcas y desentenderse de gobernar para los chihuahuenses.

Ahora toca el turno a Maru Campos, y todo indica que entiende el desafío, que es urgente la reingeniería de la administración pública, que debe ser profunda y abarcar a los tres poderes, independientemente de los órganos autónomos, desconcentrados y descentralizados.

El ahorro que se pretende con el ajuste de la burocracia, debe alcanzar los ingresos, la reducción de diputados locales, extirpar el nepotismo en los tres poderes y transparentar totalmente el gasto y la inversión pública.

No hay de otra, y no esperamos menos.

Es cuanto.

 

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