Y la pandemia… Tercera oleada de contagios, vuelta a clases presenciales

POR: Rocío Alejandra Castillo Cervantes

En pleno periodo vacacional, después de año y medio de pandemia, se enfrenta la tercera oleada de contagios, otra vez un repunte de trece mil nuevos contagios, con el estado de playa predilecto de los Chihuahuenses, Sinaloa; con su destino turístico por excelencia y accesibilidad en precios:
Mazatlán, donde por los continuos manejos tan deficientes sobre pedir pruebas COVID a pasajeros que desembarcan o aterrizan de diferentes nacionalidades con la finalidad de reactivar la economía tan golpeada en nuestro país no se cuida la salud, ni se toma en cuenta la sana distancia, entre playas abarrotadas, personas que olvidan las medidas de limpieza básicas tan mencionadas y un presidente que jamás ha usado un cubrebocas, pero eso sí, es inflexible en la cuestión de un regreso a clases, en medio de más contagios y el semáforo marcado en rojo en Sinaloa, ya que argumenta que el confinamiento ya es insostenible.
De cierta forma puedo decir que el comercio ha sufrido demasiado daño, la clase media se ha visto muy afectada durante este tiempo de confinamiento.
Pero… ¿Es válido volver a la escuela, con niños en distintas realidades sobre cómo cuidarse, con miedo a contraer el virus, sin la infraestructura necesaria para que siquiera los grupos sean reducidos y sobretodo con un bajo porcentaje de vacunación?

Es cierto que los más empáticos durante este tiempo, han sido los más pequeños de casa, cuando les dijimos que no iban a poder ver a sus amigos, asistir a jugar a la escuela, aprender en el entorno tradicional e iba a cambiar el método de enseñanza, de tal manera que todos los que pensaban que estudiar desde casa de modo virtual era más sencillo, han descubierto exactamente lo contrario; el ciclo escolar pudo salvarse y sostenerse debido al esfuerzo de maestros comprometidos, padres interesados en el aprendizaje de sus hijos y el gran esfuerzo de los pequeños y alumnos en general, pero no dejo de preguntarme sobre la brecha de los alumnos que no entregaron tareas, que no contaron con el suficiente recurso para equipo tecnológico para poder aprender, o aquellos que sus padres perdieron empleos, enfermaron, etc.
La brecha de desigualdad será mayor después del confinamiento; pero no por ello podemos dejar de lado la salud de nuestros niñ@s y adolescentes, ya que no hay una vacuna probada con éxito en niños y en adolescentes aunque Pfizer está probada para mayores de doce años, aún no hay fecha de aplicación en el País.

Creo que no estamos preparados para enfrentar más contagios, para convivir con un salón de 50 estudiantes y un profesor a una temperatura de 35 grados centígrados o bien a
un frío de -5grados en invierno. Nos falta mucho como sociedad por hacer, ya que el transporte público siempre permanece lleno sin respetar sana distancia, y todo el regreso a clases presentaría un alto riesgo por las variantes que nadie está seguro si las vacunas las cubren o no.

Es necesario que se piense en el riesgo más que en el daño económico. Porque la economía aunque con daño, es posible recuperarla; pero…La vida, la vida se pierde. Mientras gobierno Estatal y Federal no cuenten con recursos para equipar las escuelas con lo más básico, como agua en los baños, suficientes maestros para grupos más reducidos, espacio en los salones y buenas prácticas de higiene por parte de Estudiantes, Maestros e involucrados… Hasta entonces no es viable exponerse a volver a un salón de clases.

Tal vez, lo más probable es el sistema híbrido de enseñanza, donde los estudiantes asistan en jornadas reducidas, dos días a la semana y se deje el viernes para refuerzo; como padres tendremos la responsabilidad de que nuestros hijos sigan aprendiendo, protegiendo su salud, ya que hemos visto lo que en otros estados ha pasado por querer muy tempranamente “volver a la normalidad”.

Pongámonos la camiseta… podemos lograrlo

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