Lluvia: consecuencias y retos.

Por: Manuel Narváez Narváez

Email: narvaez.manuel.arturo@gmail.com

Estamos muy, muy agradecidos con la llegada de las lluvias.

Para los chihuahuenses el temporal lluvioso es la única esperanza para recargar los mantos acuíferos, presas, represas, etc.

El simple hecho de que llueva es motivo de alegría y esperanza, no solo para los agricultores y ganaderos, sino también para la población en general.

En otras regiones donde las precipitaciones pluviales son excedentes, es motivo de preocupación. Las inundaciones provocan daños a la infraestructura carretera, causan pérdidas en los cultivos y a la ganadería, pero también cobran vidas humanas y afectan bienes materiales.

En este contraste de realidades, en esas regiones donde llueve mucho más, las imágenes suelen ser dramáticas y generalmente ocupan titulares de los medios de comunicación.

En el caso de Chihuahua estado, es común que mostrar agradecimiento y felicidad por la lluvia, inundando en redes sociales con imágenes de nubes, precipitaciones, cascadas y ríos que cobran vida. Un espectáculo maravilloso que inmortalizamos por lo inusual en que se ha convertido.

Pero no todos es felicidad y espectáculo, porque si bien la lluvia es vida, en nuestro caso, por lo mismo de la afectación por el cambio climático, las sequías son frecuentes y el desierto gana territorio.

Los volúmenes de lluvia que caen en el estado son fuertes y en corto tiempo. Esto trae consigo inundaciones repentinas porque la madre naturaleza se apega a su memoria y arrasa con todo lo que está a su paso. Los arroyos no entienden de abusos de desarrolladores ni de autorizaciones edilicias sospechosas para el crecimiento de la mancha urbana.

Ciertamente las muertes de personas que son arrastradas por las corrientes de agua ha disminuido con el tiempo, porque se han canalizado arroyos y se limpian constantemente, y la tecnología usada en los pronósticos del tiempo ayuda para prevenir mayores consecuencias por los desastres naturales.

Sin soslayar el dolor que provocan las pérdidas humanas y el daño a cultivos, las afectaciones también dañan severamente la infraestructura carretera, a calles y avenidas en todo el territorio estatal.

Debido a la escasez recursos para construir nuevas carreteras y dado que el mantenimiento de las mismas es pésimo y de muy mala calidad, cuando llueve el deterioro es mayor, lo cual acentúa el peligro de transitarlas, y ahí sí, las pérdidas humanas son mayores que las provocadas por los arroyos.

En el caso de calles y avenidas de casi todos los municipios de Chihuahua, éstas se deterioran aceleradamente y cada temporal lluvioso es peor.

En este caso los más perjudicados somos los automovilistas que, no solo duplicamos el gasto en reparaciones de rines, llantas y del sistema de suspensiones por las terribles condiciones del asfalto, sino también por la baja calidad de la nueva generación de vehículos, cuyos componentes antes mencionados apenas si duran dos o tres años antes de presentar desgaste severo.

La siguiente administración estatal, pero también las de Juárez, Chihuahua, Delicias, Cuauhtémoc y Parral, donde se concentra el 85% del parque vehicular, tienen el reto para comenzar a detener el avance del deterioro de calles, avenidas y carreteras.

Es inaceptable pensar que continúe el tapado de baches, porque ese remedio ya no sirve, ya que el daño a la infraestructura asfáltica es mayúsculo, pues cumplieron su ciclo y el tiempo severo de Chihuahua así lo exige.

Las nuevas autoridades deben aprovechar esas “áreas de oportunidad” y rendir resultados, amén que deberán frenar la codicia de desarrolladores y ciertos productores que tienen mucha responsabilidad en el tema.

Es cuanto.

Comentarios