Conservadurismo y corrupción: los filones de López Obrador para hacer campaña sin que lo parezca

FRANCESCO MANETTO
El País

El presidente deja claro que no renunciará a referirse a sus adversarios o hablar de salud, educación y seguridad durante la veda electoral.

Andrés Manuel López Obrador no puede desde esta semana utilizar la tribuna de sus conferencias de prensa matutinas diarias para apoyar a su formación, Morena, o resaltar abiertamente los logros del Gobierno. La veda electoral que regula la campaña de los comicios federales y locales del 6 de junio le impide, sobre el papel, hacer lo que hace a diario: tratar de fortalecer su proyecto político. Sin embargo, la propaganda y las campañas electorales están hechas por encima de todo de palabras. Y más allá de las promesas, el cuerpo a cuerpo o las fórmulas para pedir el voto, lo que cala entre los electores es el discurso. Esas palabras, en el caso del presidente, son conservadurismo, corrupción y todo lo que en su opinión representan sus adversarios. Y a eso, adelantó el lunes, no va a renunciar en los próximos dos meses.

El mandatario ciñó el grueso de su intervención en la mañanera de este martes, junto a su equipo, a informar sobre la evolución de la pandemia y la campaña de vacunación. Ayer había reivindicado su derecho a hablar de “asuntos generales”. Y, acto seguido, añadió: “Lo que tiene que ver con corrupción, creo que eso sí está permitido; está permitido hablar de salud, de educación, seguridad; desde luego protección civil, de esos temas vamos a hablar y a informar a los ciudadanos”. Ese punto de partida le abre la puerta a mantener, en la práctica, sus habituales mensajes de fondo. Empezando por calificar a sus rivales políticos. “Que no haga yo mención, que no hago por lo general, a partidos, pero sí puedo decir que son conservadores nuestros adversarios, eso sí”, quiso dejar claro.

Las comparecencias diarias de López Obrador, con la salvedad de las vacaciones, son el principal instrumento del Gobierno para orientar la agenda del debate público y, en definitiva, de la confrontación política. Ante la prohibición de señalar un nombre, un partido o un tema de campaña, el presidente optó por llevar hasta el límite la generalización de sus acusaciones. “Hablo del conservadurismo, porque, además, el conservadurismo no tiene partido visible. Es un pensamiento, como ha existido siempre”. “Cada vez que hay cambios, cada vez que hay transformaciones”, agregó en referencia a la autodenominada Cuarta Transformación, “hay movimientos reaccionarios, o sea, hay movimientos que se oponen, que reaccionan”.

“El conservadurismo existe en México y en el mundo, en todos lados existe el conservadurismo. Y son muy autoritarios y fachos. Por lo general, el conservador es facho, pero ya eso la gente ya lo sabe. Por ejemplo, el conservador es clasista, es racista”, continuó el mandatario que ha puesto como ejemplo de “pensamiento conservador” el supuesto de que “el pueblo es flojo”. “A los conservadores les molesta, pero los llena de rabia el que se le dé apoyo al pueblo… El conservador también es hipócrita. Lo que se le da al de arriba, eso lo ve bien, a eso le llaman rescate o fomento a la inversión, pero lo que se le da a la gente humilde, una beca, eso, lo que se les da a los jóvenes, pues por eso lo único que hicieron fue llamarles ni-nis, etiquetarlos, tratarlos de manera discriminatoria, despectiva, a los jóvenes. Es un pensamiento que viene de tiempo atrás”, manifestó.

A eso se añadió el hilo rojo de la corrupción. Ese es uno de los grandes ejes de López Obrador, que en 2018 asumió el poder en un país que efectivamente ha tenido un problema estructural de corrupción. Sin embargo, amplió el foco de las prácticas irregulares en la administración hasta convertirlo en otra categoría, que le sirve para dar una sensación de ruptura con el pasado reciente, empezando por el Gobierno de Enrique Peña Nieto, y polarizar con sus adversarios.

“No voy a mencionar partidos, no voy a decir: voten por este, voten por este otro”, se justificó. Pero enseguida añadió: “Otro asunto también es que, si están repartiendo despensas para comprar votos, eso sí lo voy a decir, porque yo tengo que defender la democracia, todos debemos de defender la democracia y no nos podemos quedar callados. Tiene que haber elecciones limpias y libres”.

El mandatario, a pesar de su papel institucional, y su partido han mantenido hasta la semana pasada un abierto enfrentamiento con el instituto Nacional Electoral (INE), que impugnó las candidaturas de varios aspirantes oficialistas. Entre ellos figura Félix Salgado Macedonio, un político próximo a López Obrador denunciado por dos violaciones y acusado de varios casos de abuso sexual y que sin embargo, de confirmarse la cancelación de su lista, quedaría excluido de la carrera electoral por irregularidades en los gastos de precampaña. Las fricciones con el INE llegó hasta tal punto que el presidente consejero del organismo, Lorenzo Córodva, rechazó los intentos de amedrentar al árbitro. Preguntado al respecto, el jefe del Gobierno ha declinado pronunciarse sobre ese posicionamiento. “No, no, no, porque no puedo, no puedo comentar nada, ya he hablado bastante sobre ese tema y ahora no puedo hablar”, dijo. Este martes la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, recordó que el árbitro debe ser neutral por definición “o no es árbitro”.

La posición de López Obrador no le impidió, sin embargo, exhibir el lunes el desarrollo de la campaña de vacunación, a pesar de los retrasos, hablar de becas, presumir de la sanidad pública e incluso de obras emblemáticas como el Tren Maya. “El Gobierno”, ha afirmado en referencia a los anteriores Ejecutivos, “era un facilitador para la corrupción, no estaba hecho para servir al pueblo. Son muy pocas las obras públicas que no se concesionaban, se hacían autopistas, pero todas concesionadas. El Tren Maya es presupuesto público. El [tren del] Istmo, presupuesto público. El aeropuerto, presupuesto público. No es deuda”. Así comienza la veda electoral de López Obrador.

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