Votar por quien está denunciado por violación te vuelve un encubridor: Las Tesis

Por Daniela Barragán
@DanyBarraganG Twitter
SinEmbargo

A finales de 2019, la performance “Un violador en tu camino” se escuchó por primera vez en Chile y luego se replicó en el mundo. ¿Cuál fue la razón de que se escuchara a mujeres de Ecatepec y a mujeres de París gritar “el violador eres tú”? En el manifiesto Quemar el miedo (Planeta, 2021) se puede leer una explicación: el canto hizo evidente que las mujeres, en donde estén, son atravesadas por las mismas violencias.

Ciudad de México, 17 de marzo (SinEmbargo).- “La experiencia de una es la experiencia de todas”. Con esa frase, el colectivo chileno Las Tesis inicia su manifiesto Quemar el miedo. Bajo esa premisa exponen: las mujeres sufren a diario de la violencia y la opresión, en la calle, en los hogares, en el trabajo y en la política.

Sobre este último rubro Daffne Valdés Vargas, una de las integrantes del Colectivo, dijo en entrevista con SinEmbargo que en los países de América Latina, tanto los problemas como los retos del movimiento feminista son similares y uno de ellos tiene que ver con una “crisis de representación” institucional.

Que en México, para la elección de este año, haya al menos 25 aspirantes para puestos de elección popular con acusaciones de violencia contra las mujeres, es muestra de eso, pero cree que la fuerza del movimiento de las mujeres provocará poco a poco que estas personas no tengan más cabida en ámbitos públicos.

“Quizás en otros contextos, en el pasado, en otros momentos históricos se puede entender que eso se haya separado [la vida de la obra], pero hoy no podemos dejar que eso esté diferenciado. No es posible porque eso nos haría parte del problema, nos dejaría como encubridoras, por ejemplo, si yo decido votar por una persona que está denunciada por violación o acoso”, comentó Daffne.

En este momento histórico para las mujeres, como ella lo define, el movimiento también enfrenta críticas de parte de la sociedad que señala que las feministas o son impulsadas por la derecha o son “feminazis”, pero asegura que con base en la experiencia de la región, la conquista de los derechos no se ha dado desde los Gobiernos, sino que ha sido en las calles.

“En general son demandas que vienen desde la calle, desde una necesidad de quienes sufrimos la violencia a diario, la vemos y con quienes la compartimos. Ahí en ese lugar es donde apelamos a un cambio cultural, que obvio es de largo aliento. Por este tipo de cosas de dejar de normalizar, de invisibilizar, aparecer nosotras como representantes de nosotras mismas, no necesariamente con otros representantes”, agregó.

En el libro Quemar el miedo, el colectivo aborda temas como el origen de las protestas, analizan los diferentes feminismos, hablan sobre la importancia de desmontar el patriarcado, invitan a repensar la maternidad y refuerzan los hechos de “no soy yo”, “no es mi culpa” y “no es solo contra mí”.

“Quisimos compartir esas reflexiones, esas ideas con otras personas, sobretodo para que les sirva de motivación para hacer algo, más que solo leer las ideas y reflexionar, para motivar a quienes las lean a juntarse con una amiga y crear con es algo ya sea artístico, político o activismo o lo que sea, como un germen, una semilla o un puntapié inicial. Como cuando una termina de leer o de ver algo que le hace un click y dice “sí, yo también quiero y puedo hacer esto”, enfatizó Valdés Vargas.

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SOBRE LAS DISTINTAS PROBLEMÁTICAS DE LAS MUJERES

–En el contexto de la pandemia, ¿cómo ven la situación actual de las mujeres en un ambiente de violencia?

–Lamentablemente la pandemia sirvió para demostrar, no es que no estuvieran ahí, las cifras de violencia doméstica, por ejemplo, sino que sirvió para demostrar que lamentablemente un problema global que está muy presente y la pandemia vino a agudizar la situación en la que viven muchas mujeres y familias diariamente. No solo en el ámbito de la familia, sino cosas como la precarización laboral, la doble o triple jornada laboral de muchas mujeres y mamás.

–En un entorno regional, los países de América Latina tenemos muchas similitudes y muchas en cuanto a la violencia contra las mujeres. ¿Cómo ven desde esa perspectiva al movimiento de mujeres que también tienen batallas similares?

–El movimiento feminista latinoamericano es un un movimiento que ha agarrado mucha fuerza y tiene muchas causas comunes, muchos derechos todavía por los que trabajar. Por ejemplo, el derecho al aborto, lo que hablábamos de la violencia doméstica, los feminicidios. Hay muchas características comunes en tanto a las problemáticas pero también mucha fuerza, cada vez más. Muchas redes.

Hay casos de éxito como la campaña de aborto en Argentina, que es muy reciente su triunfo, pero eso sí o sí nos sirve a todos los otros territorios que no tenemos ese derecho como ejemplo de organización, de lucha continúa de muchos años, es un ejemplo de convocatoria, perseverancia.

Si bien hay muchas problemáticas que son similares, también las formas en que los diferentes feminismos en los distintos territorios han encontrado formas de operar. Si o sí nos sirven de ejemplo.

También este contexto de pandemia y de que de alguna manera muchas cosas se trasladan a este formato digital, para quienes tienen acceso evidentemente, permite una comunicación con otros colectivos, personas, organizaciones que trabajan en lugares muy lejanos pero permiten mantener una comunicación, ciertos vínculos.

Sin duda el movimiento es un ejemplo para el mundo en cuanto a organización, masividad y lucha constante.

–En el caso concreto de México hay una situación que ha generado debate en el último mes. El actual Presidente, emanado de la izquierda, ha respaldado a un candidato llamado Félix Salgado Macedonio, que busca gobernar un estado, pero tiene dos denuncias formales de violación sexual y el Presidente dijo que eran “cuestiones políticas”. En esas elecciones que se van a celebrar en unos meses son cerca de 25 candidatos los que tienen acusaciones de violencia contra las mujeres. ¿Cómo ves esta situación? ¿Y el respaldo?

–Más allá de lo local, es un ejemplo de lo que ocurre mucho en otros lugares en este tema de quiénes son los “representantes del pueblo”, por decirlo así. En el caso de Chile, también hay una crisis de representación en cuanto a las personas que ocupan estos cargos por la misma razón.

El momento histórico nos permite conocer estas denuncias; hay muchas más personas que denuncian, que se atreven a denunciar y que de igual manera son juzgadas, son puestas en duda, pero nosotras no podemos permitir que esas personas nos representen y lamentablemente la impunidad es una realidad aquí, me imagino que en México también y también el encubrir; delegar esos aspectos como la violencia sexual o doméstica al ámbito de lo privado cuando tiene mucho qué ver.

¿Quiénes son [los candidatos] como personas? Sobre todo quienes representan cargos públicos. No podemos las mujeres sentirnos representadas por alguien que violenta a su familia, a su esposa. Es un tema complejo y además de muchos años, lo que pasa es que ahora, por suerte, algunas personas se atreven a denunciar, pero es algo que está muy silenciado, muy invisibilizado.

De a poco esas personas no van a tener más cabida en ámbitos públicos porque no puede ser, no podemos separar la vida de la obra en estos casos, esa es una discusión con los artistas. Quizás en otros contextos, en el pasado, en otros momentos históricos se puede entender que eso se haya separado, pero hoy hay personas que no podemos dejar que eso esté diferenciado, no es posible porque eso nos haría parte del problema, nos dejaría como encubridoras, por ejemplo, si yo estoy decidiendo votar por una persona que está denunciada por violación, acoso, etcétera.

Esperemos que la denuncia de poco vaya cambiando.

–En este sentido, ¿cómo ves el actuar de los gobiernos actuales de los países de América Latina frente a las exigencias feministas?

–No sé de todos los gobiernos, todos los los avances en cuanto a las temáticas de género han sido y han venido desde la calle, desde las manifestaciones constantes, la denuncia y desde el feminismo. Es poco probable que venga de la política institucional o de los gobiernos.

En general son demandas que vienen desde la calle, desde una necesidad de quienes sufrimos la violencia a diario, la vemos con quienes la compartimos. Ahí en ese lugar es donde apelamos a un cambio cultural, que obvio es de largo aliento. Por este tipo de cosas de dejar de normalizar, de invisibilizar, aparecer nosotras como representantes de nosotras mismas, no necesariamente con otros representantes.

Ahí está la potencia y eso se trasladará a un cambio. En nuestro caso [Chile] fue constitucional, ya que si no hubiesen sido las personas en la calle quienes reclaman y exigen durante muchos años, no vendría jamás desde el Presidente.

Son los cambios culturales que finalmente son para el bien común. También depende del Gobierno y de quiénes sean esas personas, sus creencias y cómo recogen las demandas y de qué manera las enfrentan.

En nuestro caso la respuesta es represión brutal, es mantener toque de queda hace más de un año, es llamar a las feministas exageradas, o que tienen problemas de segunda categoría.

–Justo por el tema de las manifestaciones y del cómo se alcanzan los objetivos, en el manifiesto hablan de las reacciones que hay en las manifestaciones de mujeres. En el caso de México, por ejemplo, parte de la sociedad piensa que las feministas son impulsadas por la Derecha o recurren al término de “feminazi”. ¿Qué crees que genera esta situación de molestia contra las manifestaciones que salen a la calle?

–Muchas veces ese reclamo o acusación viene de distintos lados políticos. A nosotras nos pasa mucho, pero creemos que la motivación de eso es que quienes ven cuestionados sus privilegios, quienes ven cuestionada su situación de comodidad, de poder, su control.

Quienes se ven de alguna manera afectados por el movimiento feminista o por sus demandas, son quienes se sienten atacados y reaccionan de esta manera. En muchas circunstancias es gente de derecha, gente con pensamientos fascistas, pero también de otros lados, no necesariamente de derecha. Impresionante.

–Por último. Quemar el miedo no es un libro de artículos de opinión, sino un manifiesto. ¿Por qué deciden Las Tesis publicar un manifiesto?

–Tenemos distintos conflictos o pensamientos distintos respecto a esa palabra en sí, porque un “manifiesto” se entiende más como una verdad, como una sentencia y lo que nosotras planteamos es quizás más preguntas. Tenemos más preguntas que respuestas.

Son distintas reflexiones respecto a distintas demandas o ideas de los feminismos como la alianza entre patriarcado-capital o el conflicto en torno al aborto, etcétera, que también está cruzado mucho por experiencias biográficas de una, dos de nosotras o todas.

De alguna manera es un ejemplo de cómo estás violencias históricas, institucionales, sistemáticas, atraviesan a nosotras cuatro, pero también a muchas otras personas.

En ningún sentido es una verdad, sino más bien preguntas, reflexiones. Entendemos mucho el feminismo como un camino, no algo a lo qué llegar, sino que se transita, que va cambiando, que va creciendo, que en un momento puedes llegar a una idea, pero una experiencia te puede llevar a otra.

Quisimos compartir esas reflexiones, esas ideas con otras personas, sobretodo para que les sirva de motivación para hacer algo, más que solo leer las ideas y reflexionar, para motivar a quienes las lean a juntarse con una amiga y crear con es algo ya sea artístico, político o activismo o lo que sea, como un germen, una semilla o un puntapié inicial. Como cuando una termina de leer o de ver algo que le hace un click y dice “sí, yo también quiero y puedo hacer esto”.

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