Fernando:

Por: Luis Villegas Montes

Contigo creo que están por demás los saludos; pasamos a los hechos aunque, previo, sea necesario hacer un apunte sobre tu execrable humanidad, aunque sea solo para divertirnos.

Con tantos años en este negocio, Fernando, me llama la atención que no haya tenido tiempo que perder contigo en el pasado; será por no conocerte, por no saber de ti, por no haberte visto, jamás, en ninguna de las trincheras de Acción Nacional. Me queda claro que tú, Fernando, y los que son como tú, el único mérito que tienen para estar donde están es la posibilidad de usufructuar el apellido “Mesta”. Mérito discutible si recordamos cómo, en la administración de Pancho Barrio, fueron algunos de los Mesta quienes más empeño pusieron en enturbiar los logros de esa administración acusados de un sinfín de tropelías y malversaciones,[1] de las que, por cierto, se hace eco El Diario en una nota no tan antigua, de título impecable: “Gobierno de amigos, cómplices… y más parientes”.

Es decir, tú, como muchos y por lo visto, has hecho de los orígenes de tu apellido regla de vida; se dice que la Mesta “fue una organización poderosísima, debido a los grandes privilegios que los reyes le concedieron para favorecer la producción de lana”;[2] visto tu fallido afán en maquilarle a Gustavo Madero una victoria infame a cualquier costo, tú, como tus antepasados, debido a los grandes privilegios que el reyezuelo que habita Palacio te ha concedido, sigues empeñado en favorecer la producción de lana… ajena.

No obstante, pasemos, ahora sí, al Capítulo de los hechos —no vaya a creer el respetable que por detenerme un poco en los meandros de tu triste biografía, mi reflexión gira en torno, exclusivamente, a tu lamentable persona—.

Una de las justificaciones para subirte al ruedo, olé macho, es que no puedo desprenderme de la magistratura, y mi actuación “como persona debe ser de respeto e imparcialidad”;[3] y agregas, festivo, que en una de mis borracheras yo puedo “decir lo que quiera”.

Dime por qué razón, mequetrefe, es que debo guardar silencio ante una situación pública donde aparece implicado, como actor principal, el Gobernador del Estado —él sí obligado a mantener la manos fuera del proceso electoral—; dime cuándo, imbécil, me has escuchado, en una borrachera, ocuparme del gobierno de tu patrón o, ya puestos, de cualquier otro asunto; demuéstrame con hechos, no con dichos, porqué mi investidura afecta la buena marcha de los asuntos públicos en la Entidad; explícame, lacayito, porqué como ciudadano y comunicador no puedo ocuparme, públicamente, de los asuntos de tu amo; y finalmente, di en cuál de tus sueños de opio se te ocurrió la peregrina idea de que yo necesito tu licencia para decir lo que yo quiera.

Tu pánfila intromisión, y la torpe gestión del cuerpo dioquis de Espinoza, esas sí, fíjate, evidencian parcialidad, ignorancia y mala fe. Podría desde aquí, si quisiera —y tuviera tiempo y espacio—, explicarte cómo sus amenazas explícitas son violatorias de sendos derechos humanos como son la libertad de prensa y de expresión; podría referirte en forma pormenorizada la multitud de criterios que existen al respecto emitidos por la Corte Interamericana (ya los conocerás cuando contradenuncie); podría ilustrarlos, a ti y al otro animal, de porqué mi investidura no pesa más que mis derechos como ciudadano y comunicador; y por último, podría mandarte a Chihuahua a un baile pero te veo muy viejo, muy cansado y muy tarugo, para dicho menester.

Como sea, si tienes arrestos y dignidad —y para que no andes diciendo que las mías son “bravuconadas”—,[4] cuando quieras, donde quieras y de lo que quieras, podemos debatir tú y yo: desde la genealogía de tu apellido, hasta los desmanes protagonizados por algunos de tus parientes; de los yerros de tu Señor, a los alcances y contenidos de las acusaciones que me formulas; de la intromisión brutal del gobierno que te indignas representar en el proceso electoral local, hasta los ataques a la división de poderes que, esa sí, esta administración ha encabezado; sin embargo, bien sé, Fer, que te vas a rajar. No puede ser de otro modo, tú no vas a ser el primero en dar la cara.

Contácteme a través de mi correo electrónico o síganme en los medios que gentilmente me publican cada semana, en mi blog: http://unareflexionpersonal.wordpress.com/ o también en Facebook (Luis Villegas Montes).

Luis Villegas Montes.

luvimo6608@gmail.com, luvimo6614@hotmail.com

Comentarios