Disculpas

Por: Luis Villegas Montes

Parece ser que mi último editorial causó cierto escozor en algunas almas.

No faltó quien se quejara de lo que consideró una crítica acerva a la Iglesia, al desempeño de los curas y, en general, una burla al sacramento del bautismo o al acto de confesión.

Para todos ellos, he de decir, primero, que sí, fue una crítica y, si se quiere, hasta una denuncia, a lo que considero un abuso: que un cura, con criterios poco transparentes decida bautizar a unos infantes sí y a otros no, me parece lamentable. No existe ningún argumento ni ninguna razón que justifique su actuación discriminatoria. Punto.

Segundo, la lenidad, entendida como falta de cuidado o atención en el desempeño de una labor cualquiera, es lamentable en todos los casos; pero cuando se trata de actos de fe, y está en medio el bautismo de una criatura, me parece absurdo que no se empleen reglas claras y, sobre todo, que no nazcan de la caridad y amor al prójimo; confundir la burocracia imbécil con la voluntad de Dios nuestro Señor me parece casi una blasfemia, por decir lo menos. El actuar de la famosa secretaria me recordó a esos idiotas que trabajan de “cadeneros” afuera de los antros y se sienten amos y señores de míseros dos metros cuadrados de terreno, para hacer y deshacer con quien se les para enfrente. No todos son así, aclaro, pero hay muchos patanes en ese oficio.

Tercero, en términos generales, me considero un católico mediocre pero un creyente como el que más; no pocas veces he escrito en favor de las causas que la Iglesia defiende, entre ellas y la principal, la irrestricta defensa a la vida; sin que pueda faltar el reconocimiento absoluto y sin matices, a la labor que desempeña en multitud de países; muy mala leche debe uno tener para no admitir que, con todo y sus defectos, humanos como son sus fieles, la Iglesia constituye un bastión contra multitud de males que asolan al orbe.

Cuarto, el asunto todo lo abordé en forma jocosa, irónica e irreverente; cierto, pero ese es mi estilo. Quien me lee lo sabe. Sin embargo, si a alguien ofendí en sus creencias religiosas, desde aquí le ofrezco disculpas. No era mi intención agredir a nadie. Bueno, al cura sí y a la famosa secretaria de parla voluble, pero nada más.

Ya puestos, hay también en mis escritos, de vez en vez, algunos gazapos que, tras leerlos, me provocan vértigo y hasta me duelen los ojitos nomás de verlos. Recuerdo más o menos el último, porque algunos de mis lectores con diligencia digna de encomio me lo hicieron ver; me refiero a una palabra a la que le faltaban diéresis; la verdad es que, por ese y todos los demás, ofrezco disculpas; en abono mío he de decir que escribo, leo, releo y adiós; ya luego vienen esos meaculpa que tanto lamento, pero para entonces ya mandé el correo y pues ni modo. De veras, lo siento.

Como sea, agradezco infinito a mis lectores, su gentileza, su generosidad, su paciencia y su constancia. Sirvan estas líneas para ofrecerles disculpas porque bien sé que no siempre es de su agrado mi lectura, pero como lo he escrito en el pasado: siempre hay alguien que parece “tocado” por mis palabras y por uno (o dos o tres) a quien merece un gesto airado mi comentario de ocasión, no falta otro que se sonríe o se conmueve.

Gracias a ambos, para ustedes escribo.

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Luis Villegas Montes.

luvimo6608@gmail.com, luvimo6614@hotmail.com

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