¿El “cáncer” Greene o la “traidora” Cheney?: La guerra civil del Partido Republicano tiene rostro de mujer

Por Fran Ruiz
La Crónica de hoy

DILEMA. Con Trump fuera del juego (de momento), la disputa por el rumbo que debe tomar la formación conservadora ha estallado, con dos congresistas liderando cada bando: una fanática del movimiento conspiranoico Q-Anon, y la hija de un exvicepresidente, que votó a favor del impeachment. La primera batalla la ganó este miércoles la seguidora del magnate.

La dramática salida del poder de Donald Trump, con la imagen para la historia del asalto al Congreso de Estados Unidos por una turba de seguidores, dejó al viejo Partido Republicano ante la crisis existencial más grave de su historia, con dos visiones del conservadurismo cada vez más antagónicas y que estos días tiene rostro de mujer.

Por un lado, está Marjorie Greene, la primera congresista abiertamente seguidora del movimiento conspiranoico Q-Anon y ardiente defensora del radicalismo del exmagnate populista, quien la próxima semana enfrenta su segundo impeachment. En el otro lado está Liz Cheney, hija del ex vicepresidente Dick Cheney, y en el ojo del huracán por liderar el bando de diez republicanos que votaron hace dos semanas a favor de llevar a juicio político a Trump, la próxima semana.

Ambas políticas fueron sometidas ayer a un voto de confianza de sus compañeros en la Cámara de Representantes. Aunque el resultado no implica que puedan ser expulsadas del Congreso, sí marcará el rumbo que tomará el Partido Republicano, profundamente dividido tras el paso huracanado de Trump, un partido que precisamente nació hace 166 años de la implosión del Partido Whip, en 1854, tras la división irreconciliable entre esclavistas y abolicionistas.

McConnell disparó primero, pero falló.

El lunes pasado, el líder de la ahora minoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, hizo una declaración que sorprendió a todos por su dureza. Sin nombrar a la congresista Greene, el republicano más poderoso e influyente en el Congreso declaró: “Las mentiras lunáticas y las teorías de la conspiración son un cáncer para el Partido Republicano y para nuestro país”.

“Alguien que sugirió que tal vez ningún avión chocó contra el Pentágono el 11 de septiembre, que los horribles tiroteos escolares fueron preestablecidos y que los Clinton estrellaron el avión de JFK Jr. no está viviendo en la realidad”, dijo.

Pero ¿por qué McConnell se esperó a este lunes para atacar, cuando durante tanto permitió y fue cómplice de las barbaridades de Trump? No sólo se debe a que el 6 de enero se cayó del caballo y vio la luz -“La turba que asaltó el Congreso fue provocada por el presidente”-, sino a que quiso meter presión a Kevin McCarthy para que, como líder de la minoría republicana en la Cámara de Representantes, tuviera el valor de quitar del Comité de Educación de la Cámara Baja a Greene, tras difundirse un video donde la política acosa a un sobreviviente de Parkland, negando la existencia de la matanza y reprochando al joven que sólo busque más control de armas.

McConnell disparó primero, pero falló el tiro. Ayer, McCarthy anunció que no habrá sanciones contra Greene, ni tiene por qué mostrar arrepentimiento por sus palabras, ni siquiera cuando apoyó en las redes que lo que habría que hacer con Nancy Pelosi es “meterle un tiro en la cabeza”.

Tras la batalla ganada por el sector duro republicano, los demócratas anunciaron que presentarán hoy jueves una votación para que sea el pleno de la cámara quien vote si hay que despojar a Greene de los cargos en los dos comités que preside (el de Educación y el de Presupuesto).

¿Cheney traicionó al partido o a Trump?

La otra gran batalla republicana tuvo ayer como protagonista a Liz Cheney, tercer cargo republicano más importante en la Cámara de Representantes, pero quien cometió un acto de traición para la bancada radical: hace dos semanas anunció públicamente que iba a votar a favor de un impeachment contra el expresidente Trump. Otros nueve compañeros votaron igual que ella.

La orden de Trump de la villa veraniega Mar-a-Lago a sus discípulos del Capitolio no tardó en llegar: Liz Cheney tiene que ser despojada de sus poderes en la cámara y anulada. Este mismo miércoles, los legisladores republicanos votaron sobre su futuro liderazgo, horas después de que Cheney tuviera la valentía de volver a salir a la palestra para advertir que no se iba a acobardar por los halcones trumpistas del partido. “No pienso pedir perdón por votar a favor del impeachment”, anunció.

Su mensaje fue una batalla ganada, esta vez para el bando moderado. Tras un agrio debate, los republicanos decidieron que siga siendo la tercera en el liderazgo republicano.

Pero esta guerra interna tiene otro campo de batalla decisivo: el impeachment de Trump en el Senado la semana que viene. Si es absuelto el expresidente, como todo parece apuntar, la balanza se habrá inclinado peligrosamente hacia el bando radical.

De ser así, la ironía de esta historia es que el Partido Republicano de Abraham Lincoln, que nació para combatir la esclavitud que defendían el Partido Whig y el entonces Partido Demócrata, estaría convirtiéndose en el partido de de los supremacistas blancos y de los conspiradores. Y, si lo logran, el fantasma de una Segunda Guerra Civil, no ya entre republicanos, sino entre estadunidenses- podría ser sólo una cuestión de tiempo.

fransink@outlook.com

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