Académico o practico

Por: Francisco Flores Legarda

-“Cuando te enfermes, en lugar de odiar ese mal, considéralo tu maestro”.

Jodorowsky

Se hacen pronósticos de una posible mala relación entre el presidente Biden y Andrés Manuel López Obrador. Se trata de deseos insanos de corresponsales, editorialistas y, por supuesto, de políticos opositores a la cuarta transformación. Así dijeron de la relación que se tendría con Donald Trump.

Una exposición de contexto puede servir para reducir el pesimismo sin tener que aventurar pronósticos. Al final del día uno nunca sabe, por ejemplo, quién vislumbró a la presidencia de Trump como la interrupción del papel de los Estados Unidos como gendarme del mundo. Pongo interrupción precavidamente, pues hablar del fin precisa de mayores certezas.

El internacionalista -el académico o práctico de las relaciones internacionales- sabe que la diplomacia no es una ciencia exacta, pero sí un conjunto de formalidades rigurosas y toda diferencia que se produzca entre países tiene que negociarse (Un ejemplo extraterritorial es el Brexit, la separación de Gran Bretaña de la Unión Europea) La relación México-Estados Unidos tiene un marco de entendimiento expresado en leyes y reglamentos, acuerdos y tratados que idealmente postula las conveniencias y compromisos entre los dos países y sus respectivos pueblos. Es el contexto básico de la relación aludida.

Hay otro contexto estructural, el intercambio comercial dinámico derivado de una frontera común. Por sobre las asimetrías que sitúan a México en desventaja, los dos países se necesitan para sortear la ferocidad comercial de la globalización.
La globalización es por sí otro contexto, se acabó la absoluta dominancia de los productos estadounidenses. Los países de Extremo Oriente dictan tendencias y China se ha convertido en su vanguardia. Una razón para el buen entendimiento entre México y Estados Unidos.

La pandemia del coronavirus es un contexto coyuntural que, hasta ahora, no se ha prestado para confrontar la relación y ha sido factor de entendimiento.

Lo novedoso del contexto, digno de destacar, es la legitimidad del gobernante en México. Breve recuento. Salinas de Gortari arribó al poder por medio del fraude, se habló de la legitimidad a través del ejercicio del gobierno; Ernesto Zedillo reconoció que ganó la elección de 1994 sobre el cimiento de la inequidad electoral; la alternancia con la llegada de Fox cargó con la ilegitimidad de un presidente manipulable por sus cercanos y algunos poderes fácticos; Felipe Calderón es otro caso de fraude electoral, en su debilidad militarizó la relación con Estados Unidos; Peña Nieto llegó al gobierno por un abuso de recursos que no vio el INE. El PRI habría regresado para hundirse. Por eso López Obrador hace la diferencia. Su legitimidad se funda en lo electoral y en el avance de un proyecto de cambio que mantiene en lo alto su aceptación. Él es un presidente que contando con ese respaldo tiene otras condiciones para entenderse con Estados Unidos y el Mundo.

Salud y larga vida
@profesor_F

Profesor pos Oposición de la Facultad de Derecho de UACH

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