Felíz y Próspero 2021

Por: Luis Villegas Montes

Hace unos días, leí una entrevista magnífica; a saber, la historia de Lucio Chiquito Caicedo, quien a los 104 años aprovechó la cuarentena por coronavirus en Colombia para terminar la tesis que empezó hace treinta años. El ingeniero centenario aprovechó para quedarse en su casa, en Medellín, y poner fin a tres décadas de estudio: “Mi tesis consiste en determinar la cantidad máxima de agua que se puede sacar económicamente de un río para energía o para cualquier otra cosa”. Ahora, el abuelo (efectivamente lo es), “busca mejorar en inglés y alemán”; como colofón de la entrevista compartió dos ideas: la primera, que es necesario aprovechar el tiempo pues se va y ya no regresa; la segunda, que le gustaría poder inspirar con su ejemplo y dejar un legado a las nuevas generaciones: “Luchen por sus sueños porque todo es posible sin importar la edad”.[1]

¿O qué decir de María Dolores Ballesteros? Una mujer de 80 años quien en 2017 obtuvo su tercera licenciatura; esta vez en la carrera de Derecho, por la Universidad del Valle de México (UVM).[2]

Los casos anteriores no son únicos; ahí están los de Morgan Freeman (actor), George R.R. Martin y José Saramago (escritores), Sugar Man (cantautor), Winston Churchill (político), Giuseppe Verdi (compositor) y Alexander Fleming (científico), quienes alcanzaron el éxito pasados los cincuenta años y, algunos, incluso los sesenta.[3]

La idea de estos párrafos es recordar —recordarnos—, el cotidiano milagro de la vida; y que no importa cuánto tiempo pase ni cuántos años tenga uno, siempre existe una oportunidad. No sabemos si la penúltima o la postrera, si la mejor, la peor, ni si la que esperábamos, pero definitivamente siempre existe esa chispa que alienta detrás de cada instante; se ha escrito que Napoleón solía decir: “el coraje es como el amor, hace falta tener esperanza para alimentarlo”.[4]

Lo único que le deseo a mis veinte o treinta lectores para este año que comienza —no creo que crezca el número pero, a Dios gracias, siguen por ahí algunos— es que continúen adelante, que tengan fe, que estén conscientes de que no importa qué circunstancia se erija frente a nosotros simulando un obstáculo, siempre será posible alzarse sobre él merced al trabajo, la constancia y el talento.

La vida, como el beisbol, no se acaba hasta que se acaba. No se encierre en la soledad si no le es plácida ni en la estridencia si le es penosa; no se quede en el pasado ni pretenda vivir en el futuro; no se empeñe en acumular cosas, es mejor atesorar vivencias; camine más, salga más, viaje, lea, explore el mundo: huélalo, tóquelo, siéntalo, ya por sí, ya de la mano de otro. Vea películas, escuche música, adopte una mascota, ría, baile, bésese y abrace; llame a sus padres, a sus hijos, a sus familiares, a sus amistades (a todos, incluso a los tontos que votaron por AMLO, total); como dice alguno: viva cada día como si fuera el último; que el 2021 no lo agarre desprevenido —como nos agarró este méndigo 2020—; prepárese para lo peor en la certeza de que, siempre, y por siempre, lo mejor está por venir.

¿Qué más le puedo decir? Poca cosa en realidad, excepto que empiece a vivir este 2021 con pasión y entrega absolutas. Le deseo que sus sueños se desboquen y sea capaz de cumplirlos; que la salud no mengue, que el alimento no falte y que sea usted, por fin, el único protagonista de su propia historia (con final feliz).

¡Feliz 2021! Que Dios nos bendiga a todos.

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Luis Villegas Montes.

luvimo6608@gmail.com, luvimo6614@hotmail.com

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