Por enésima vez, “no se hagan bolas”, la buena es María Eugenia

Por: Luis Villegas Montes

“No se hagan bolas” es una frase que el folclor nacional haría célebre. Ocurrió durante la campaña del fallido Luis Donaldo Colosio y la renuencia de Manuel Camacho Solís a someterse a los designios de su amigo del alma Carlos Salinas, quien debió salir a desfacer el entuerto y decir en público: “no se hagan bolas, el candidato es uno”.[1]

Pues bien, así como la detención de César Duarte soliviantó las ansias de novillero de más de uno —con Javier Corral a la cabeza y el Senador Madero detrás oliéndole sus partes (no podía ser de otro modo: chequen la estatura se los susodichos)—, parece ser que la designación de Juan Carlos Loera ha desatado una polémica falsa que “confirma” la selección de Maderito (sí, el viejo del sombrerón), como el abanderado del PAN para enfrentar al Candidato de MORENA, todo bajo los auspicios del “Gober” en su papel de Tata Dios.

No va ocurrir.

No va a ocurrir porque, a diferencia del Candidato de MORENA, la del PAN va a ser una contienda interna que se va a ganar con votos. Y los antecedentes no favorecen al candidato oficial panista.

Recuérdese que Javier Corral no pudo imponer ni siquiera un Presidente de Comité Directivo Municipal en su tierra, Juárez; por no poder, no pudo sacar adelante la reforma para las elecciones primarias, perdió en el asunto de la segunda vuelta, fracasó en forma rotunda en el tema de las alianzas desde lo local y le dijeron: “no”, “nones”, “nel pastel”, “no hay, carnal” y —si sigue así— los adeudos del Estado próximos a vencerse los va a tener que pagar con cuerpo. Lo repito: por no poder, Javier Corral no puede ni con su alma.

Nada más recuerde que el operador político de Javier Corral y sus malhadados afanes fue la gente de Madero (con el flamante Senador Pinky a la cabeza) y va a entender el porqué de cuánto digo. Es más, aunque el Presidente del CEN del PAN incurriera en la tentación de ponerse “creativo” (visto el temor reverencial que evidentemente le tiene a Corral), la alternativa sería terrible porque entonces deja al Partido sin un Candidato que efectivamente pueda solventar el hecho, incuestionable, de que Cabada salió más cobarde que Kenny Rogers y vas tras una curul que fácilmente le pueda dispensar, por lo menos, tres años de fuero; o, lo que es lo mismo: clave de la elección va a ser aquella ciudad fronteriza con una elección que no se nos se fue a tercios.

Así las cosas, dado que la elección interna en el PAN se va a definir con votos y Juárez se ve complicado, Madero y su caballada se van a quedar con un palmo de narices; Javier, ooootra vez, va a tener que lamerse las heridas y echar a andar su maquinaria de guerra para ganar, en la mesa, lo que no puedo defender en el campo de batalla; y el PAN, ¡ay, el PAN!, va a tener que repetir la hazaña de 1986, de 1992, del 2000, cuando se obtuvo, a punta de temple, una victoria que se antojaba difícil pero no imposible.

En sus torpes intentos, Corral, Madero y sus secuaces —entre otros, esos críticos de postín, descerebrados y de verbo fácil e infame—, me recuerdan a Boabdil, El Chico, el último rey moro de Granada. Tras su derrota, se dice que su madre, Aisha bint Muhammad ibn al-Ahmar (La Honesta, La Honrada, como así la llamaban los suyos), recriminó a su hijo derrotado, cuando marchaban camino del exilio: “Llora como una mujer, lo que no has sabido defender como un hombre”.

Pobres, pues, y que con su pan no se lo coman.

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Luis Villegas Montes.

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