Maru: Una festiva nostalgia

Por: Luis Villegas Montes

La semana pasada leí un editorial de Memo Luján donde, entre otras cosas, escribió refiriéndose al registro de María Eugenia: “Se hicieron tres caravanas, una desde la Unión Ganadera a la entrada de Cuauhtémoc, donde participaron más de 700 vehículos, todos con sus carros pintados con chinola para los zapatos, como lo hacíamos en los buenos tiempos del PAN, que cada quien se las ingeniaba, “YO CON MARU”, decían muchos autos, la mayoría con sus banderolas del PAN, algunos con sonido para ir entusiasmando a la gente de la calle, que a pesar de que la mañana estaba bastante fría se convirtió en calor del entusiasmo y la gente salía a su paso a echarle porras a Maru”.

Lejos estuve yo de esas batallas. No las viví con la intensidad de otros a quienes, tocó experimentar, a partes iguales, el júbilo y el miedo de ser ciudadano, auténtico ciudadano, frente a un Gobierno autoritario y tramposo.

Acción Nacional se erigió, entonces, como único instrumento visible de la lucha cívico-política por reivindicar los derechos de la sociedad frente a la autoridad.

El PAN era, como ningún otro, el único partido político opositor capaz de enarbolar la bandera de la dignidad recobrada frente a un Estado que mezclaba la tiranía y la soberbia en un coctel amargo con gotitas de ridículo.

Ahora bien, en un país cuyo Gobierno remeda a la perfección a ese monigote setentero y espantoso, donde el gobierno exhibe a diario su ineptitud y cerrazón, que revive los peores vicios de la peor época del PRI, es necesaria una oposición insolente, aguerrida, hecha de ciudadanos libres y no de políticos oportunistas, frívolos y calculadores.

En un Estado que se esfuerza por parecerse a ese engendro, que ya empezó a despedir servidores públicos porque no se “alinearon” con el aspirante oficial —ese chaparrito sombrerudo que se esfuerza por remedar a Francisco I. Madero y utiliza la piocha y el bigotito como logo de campaña, sin estampa, sin presencia, sin discurso, sin nada pues, excepto el cobijo bestial del Gobernador—, es muy de agradecer, más que nunca, la presencia indispensable de Maru Campos como aspirante a la Gubernatura.

Si la historia nos condena a repetirnos, por lo menos en Chihuahua este 2021 nos va a dejar alineados como en los mejores tiempos del PAN: por un lado, ciudadanos sin miedo, dispuestos a enfrentar a la maquinaria oficial —federal y estatal—, haciendo alarde de arrojo e integridad; por otro, a un puñado de conspiradores cuyas pretensiones se sostienen, con alfileres, del garrote y el dinero oficiales.

Así las cosas, el registro de María Eugenia el sábado pasado, donde se vio auténtica militancia festejando el evento, nos regresa a esos ayeres donde la democracia respiraba por la herida abierta de un gobierno intolerante e incapaz. El registro nos devuelve a la frescura de aquellos años cuando la gente salía a la calle por gusto, no por obligación, a sumarse a una lucha que se anunciaba tenaz, multitudinaria e imparable.

A no dudarlo, esos aires se respiran de nuevo en estos días. La contienda no va a ser, ni de lejos, fácil; va a demandar el mejor esfuerzo de cada militante y de cada ciudadano. Sin embargo, el éxito se antoja, más que posible, probable.

Enhorabuena, qué bueno por Chihuahua y por Maru. Qué bueno que sus aspiraciones se nutren de hombres y mujeres libres quienes, como en aquel entonces —y otros que se suman desde las nuevas generaciones—, están dispuestos a arriesgarse y a apostarle a una lucha que se ve complicada, pero no desesperada; y, sobre todo, que tiene el sello de la autenticidad, la participación cívica y la alegría.

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