Defraudan a beneficiarios del programa ´crédito a la palabra´

Por Daniel Blancas Madrigal
La Crónica de hoy

(Primera parte) Algunos casos han sido denunciados ante el MP, Función Pública, Secretaría del Bienestar y Órgano Interno de Control de Economía. Las instituciones se responsabilizan unas a otras…

Cuando el 23 de junio doña Fernanda García recibió una llamada de la promotora del Bienestar en Veracruz confirmándole un “crédito a la palabra” de 25 mil pesos por parte de la Secretaría de Economía, saltó de alegría. Con ese apoyo, extendería su cocina y ofrecería comida a domicilio para sortear la pandemia. No imaginaba entonces el disgusto próximo: al acudir a la sucursal indicada de Banco Azteca para cobrar el envío, le dijeron: “El dinero desapareció”.

Tras casi 6 meses de vueltas y reclamaciones, hoy desconoce dónde paró el dinero.

Los fraudes a beneficiarios de este programa han sido repetitivos. Crónica logró documentar casos en diversos estados del país, en especial en Veracruz, Tabasco, Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Puebla y Baja California.

El programa ´crédito a la palabra´ del gobierno federal fue diseñado a principios de la pandemia para ayudar a microempresarios ya identificados de forma previa en el Censo del Bienestar. De entrada, se proyectaron un millón de beneficiarios, quienes recibirían un préstamo de 25 mil pesos cada uno, sin trámites ni requisitos. La dispersión comenzó el 4 de mayo. “Les estamos dando la confianza”, describió entonces la titular de Economía Graciela Márquez. Recibirían tres meses de gracia y, a partir del cuarto mes, harían el primer reembolso de un total de 33 por la cantidad de 824 pesos. Terminarían devolviendo, después de 3 años, sólo 27 mil 192 pesos, por la baja tasa de interés (alrededor del 6 por ciento anual).

“Mediante esos listados, sólo se les habla por teléfono, se les consulta si desean recibir el crédito y a los pocos días se les deposita de la Tesorería de la Federación a su cuenta. No hay intermediarios”, explicó al principio el presidente Andrés Manuel López Obrador.

De arranque, se firmó un convenio con tres bancos: Santander, Banorte y Banco Azteca. Y es en este último donde se han presentado la mayor parte de los robos, los cuales, en algunos casos, han derivado ya en denuncias ministeriales contra la institución bancaria, como ocurrió con doña Karina, en la capital poblana, o doña Alicia, en Tabasco.

“Salimos elegidas para el crédito, pero cuando fuimos a Banco Azteca nos dijeron que la cuenta estaba vacía, que se robaron el dinero, y ya presentamos la denuncia correspondiente”.

Con el tiempo, se incorporó al esquema otro banco: el del Bienestar.

COMPLICIDAD. Casi la tercera parte de estos créditos se han dispersado por Azteca, según datos de la SE.

Conforme a los testimonios de afectados, en la trama intervienen tanto directivos y empleados bancarios como funcionarios de las Secretarías de Economía y del Bienestar. Unos a otros se responsabilizan, mientras se esfuman los recursos de las arcas públicas.

Este reportero siguió a detalle la estafa a Cristóbal Bernal, un ingeniero agrónomo de Tijuana, Baja California, quien utilizaría los 25 mil pesos para acrecentar un negocio relacionado con el corte de tela y listón, material usado en centros de mesa y otros adornos. Su historia es ejemplificadora, porque durante cinco meses se ha resistido a perder el dinero y a quedar como deudor ante el gobierno federal. Ha presentado quejas no sólo ante la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), sino ante la Secretaría de la Función Pública y el Órgano Interno de Control de la SE, en busca de los responsables.

El 21 de julio fue contactado, con horas de diferencia, por dos “siervas de la nación” adscritas a Bienestar del estado quienes, le dijeron, al día siguiente podía acudir a una sucursal —ya determinada— de Banco Azteca a cobrar el crédito.

El 22 se presentó al banco conforme a lo indicado. “Lo primero que me dijeron es que el sistema marcaba error, como si la cuenta estuviera bloqueada, y que el problema era de Bienestar. Fui al módulo donde habían registrado mis datos y ahí comentaron que la única que podía resolver el problema era una mujer de nombre Roxana Soto, encargada del programa. Volví a dejar mis datos, pero pasaron tres semanas y nadie me contactó”.

Cristóbal acudió de nuevo a las oficinas del Bienestar y al fin encontró a la funcionaria. “Me dijo que habían detectado un fraude interno en Banco Azteca, que un gerente y un empleado hicieron uso de su poder y vaciaron 39 cuentas, incluyendo la mía”.

En días posteriores, le confirmó la versión por medio de un mensaje: “Tristemente hay algo turbio, y el banco va a responder por ello, deben cerciorarse de que el beneficiario no retiró el dinero para, en su caso, sumarlo al grupo de afectados”.

Aunque en múltiples ocasiones le hablaron de la presentación de un incidente de reclamación, siempre se negaron a compartirle el documento o folio.

PEREGRINAR. Volvió una y otra vez al banco, pero nadie le hacía caso; finalmente fue escuchado por una de las empleadas, quien se percató de su peregrinar:

“Dijo que me ayudaría con alguna información y así fue: por medio de ella pude corroborar que Economía había depositado el dinero el día 16 de julio, pero el 17 alguien descargó la aplicación de Banco Azteca, vació la cuenta y la transfirió a otras dos cuentas distintas. Me dio hasta los números de transferencia, pero no era posible conocer quiénes habían recibido el dinero”.

La única forma de descargar la aplicación referida, activar la cuenta y así poder disponer del efectivo, es vía un código impreso en la carta que la SE envía a los beneficiarios para informarles sobre la entrega del crédito. La carta de Cristóbal fue conocida previamente por funcionarios de Economía y del Bienestar.

“El banco tuvo que ver, porque internamente descargaron la aplicación y transfirieron el dinero, pero ¿quién les dio mi información? Necesitaban fecha de nacimiento, CURP, RFC y otros datos para hacerlo. Hubo complicidad en las dependencias de gobierno involucradas. La encargada del Bienestar siempre me tomó a la ligera: ´ah, sí, es un caso de muchos que ya salieron´. Pero para mí era importante solucionarlo, y para otros afectados, porque en la fila de reclamaciones había muchas personas con el mismo problema. Nos dieron aire a todos”.

“Entre todas las instituciones se echan la bolita: Bienestar culpa a Banco Azteca, el banco dice que es Economía, donde pensé que iban a presionar al banco para saber del dinero, pero no”.

Bernal García promovió una queja en Condusef, donde —entre burocracia y embrollos legales— siguen ya el rastro del asunto por supuesto robo de identidad. Para continuar el proceso, le han solicitado los recibos de las transferencias a terceros, pero la Unidad Especializada en Atención a Usuarios de Banco Azteca se ha negado a entregarlos. “Se procederá a una investigación”, ha sido la evasiva.

En su desesperación, el hombre denunció lo sucedido en la Secretaría del Bienestar y en la Función Pública, donde le asignaron un folio (44164/2020).

El 30 de septiembre pasado, Alfredo Martínez Álvarez, director de Quejas y Denuncias del Órgano Interno de Control de la SE solicitó a Alejandro Rosas Guerrero, titular de la Unidad de Prospectiva, Planeación y Evaluación de Economía, así como encargado de la Unidad de Análisis y Diseño Estratégico de Microcréditos, “atender la petición de Cristóbal Bernal y acreditar que se otorgó la atención, remitiendo las constancias correspondientes en un plazo de seis días hábiles”.

Pero nada pasó…

En la plataforma de la SE sobre ´crédito a la palabra´, el estatus de Cristóbal aparece como “cuenta activada, crédito aprobado, ya dispusiste del recurso en sucursal”.

“Si esto fue un fraude —dice él—, al menos quiero que se aclaren las cosas y estar bien con el gobierno, porque hoy aparezco como deudor sin recibir nada y no quiero tener mi nombre manchado”…

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