El 1 % de la población mundial produce el 50 % de las emisiones de CO2 que emite la aviación

Por: Marina Colorado
France 24

Viajar en avión es cada vez más accesible para muchos, sin embargo, tan solo el 11 % de la población mundial voló en 2018. Un lujo que además es bastante contaminante. La aviación es responsable del 2 % de las emisiones de CO2 a nivel global, pero la mitad de estas emisiones las creó una minoría de la población global que pertenece a una clase socioeconómica alta y que está situada sobre todo en Estados Unidos, Luxemburgo, Singapur, Arabia Saudita y Canadá.

Este año, debido a la pandemia de Covid-19 los viajes en avión han quedado reducidos al mínimo, pero un estudio hecho con datos de 2018 da una idea de la huella ambiental que deja el viajar en avión y quiénes son los responsables de la mayoría de emisiones.

Los resultados revelan que el 1% de la población mundial es emisora de la mitad del CO2 causado por la aviación de pasajeros que, a su vez, supone alrededor del 2 % de las emisiones globales de dióxido de carbono. El estudio también alerta que viajar en clase ejecutiva o en primera clase crea entre un 5 y un 9% más de emisiones que se se hace en clase económica.

La región de Asia-Pacífico se lleva más del 32 % de la demanda aérea global, América del Norte más de un cuarto y Europa el 23 %. En cambio, América Latina y Medio Oriente tan solo representan el 6% de los viajes cada uno y África el 2 %.

Si vemos estos datos en toneladas de CO2 per cápita, el orden de la tabla varía considerablemente y América del Norte sube al primer puesto, seguida de Medio Oriente y Europa.

El impacto de la industria va más allá, ya que los aviones además emiten muchos otros elementos, como vapor de agua, que aceleran y empeoran el calentamiento de la atmósfera.

El estudio pide que se use este año de pandemia como ejemplo para rediseñar la aviación y la legislación ambiental y que, de esta manera, la industria no vaya en dirección contraria a la descarbonización que el planeta necesita para frenar el calentamiento global y el cambio climático

El Sentinel-6 ya orbita la Tierra y mide los niveles del mar

El 21 de noviembre despegó el satélite Sentinel-6 desde California, Estados Unidos. Durante los próximos cinco años este -que forma parte de una misión conjunta entre la Agencia Espacial Europea y la NASA- hará un mapa del 95 % de la superficie no congelada del océano cada diez días. Este mapa proveerá información que permitirá saber cómo evoluciona el nivel del agua de los mares del planeta. El satélite también recolectará datos sobre la humedad y la temperatura de la atmósfera, algo que ayudará a predecir el clima de manera más precisa.

Esta información previamente era calculada en puntos específicos de la costa con un mareógrafo, o medidor de mareas, pero estos cálculos solo daban información de lugares concretos del mundo y no una visión global, así que la información del Sentinel-6 es mucho más precisa y abarca casi la totalidad de la superficie salada del globo.

Según el director de operaciones de la Agencia Espacial Europea, el nivel del mar está subiendo unos 3,2 milímetros cada año y se calcula que para finales del siglo XXI el mar habrá aumentado entre 40 y 80 centímetros. Una cifra que podría ser catastrófica para millones de personas en el mundo que viven en zonas costeras.

La erosión afecta al 60 % de las costas de Brasil

Una consecuencia del aumento del nivel del mar es la erosión de las costas. Una realidad para muchos que están viendo cómo poco a poco se van reduciendo o desaparecen las playas. Con ellas se destruyen infraestructuras costeras, lo que está obligando a miles a desplazarse de sus hogares y adentrarse para alejarse del mar, que cada vez se acerca más.

En Brasil, según un estudio hecho en 2018 por el Gobierno, el problema afecta al 60 % de la costa del país. Atafona, un pueblo de pescadores a unas cinco horas al norte de Río de Janeiro, es un ejemplo claro. Nuestros compañeros en Brasil Pierre Le Duff y Augusta Lunardi visitaron el lugar y hablaron con residentes y autoridades que ven con preocupación cómo poderosas mareas y dunas de arena van devorando las calles de su pueblo. El mar ya se ha tragado más de 500 edificios y 2000 personas han sido desplazadas.

Un problema que se convierte en un círculo vicioso de destrucción, ya que la desaparición del litoral también se lleva consigo la protección que este ofrece a poblaciones costeras contra huracanes y tormentas que, como hemos visto este año, son cada vez más numerosas, más potentes y ocurren más a menudo.

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