.”Los pobres primero” no mejorará las finanzas públicas

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Todo parece indicar que las políticas ortodoxas son y seguirán siendo las medidas que irónicamente este gobierno instrumentará para poner a “los pobres primero”. La línea oficial es mantener las finanzas públicas sanas, pero en medio de la crisis por la Covid-19, esta es una tarea complicada que el actual gobierno no está logrando.

Todo parte de una pésima planeación presupuestaria. Por la parte de los ingresos presupuestarios, se ve que los resultados esperados están aún muy lejanos y el problema es la falta de recursos. Durante el periodo que va de enero a septiembre de este año los ingresos presupuestarios del sector público aprobados son de 4,125 mil millones de pesos (mmdp), pero sólo se observaron 3,889.3 mmdp, por lo que hay una reducción del 5.7% por debajo de lo aprobado, y una caída con respecto al 2019 del 5.4%.

Lo anterior no es gratuito: durante el mismo periodo se esperaba que los ingresos petroleros fueran de 705.2 mmdp. Sin embargo, sólo se han observado 397 mmdp, por lo que hay un 43.7% menos de lo esperado, y una reducción de 45.7% con respecto a los ingresos que se registraron el año pasado.

Bajo esta lógica, sólo los ingresos no petroleros han mostrado una mejora con respecto a lo que se esperaba. Se tenía contemplado que durante el periodo de enero a septiembre estos llegaron a 3,419.9 mmdp, pero la cifra real asciende a 3,492.3 mmdp, es decir, un incremento de 2.1% con respecto al dato aprobado y un alza de 3.4% con respecto al mismo período de 2019. Es claro que esta cifra no es suficiente para cubrir la falta de ingresos de la actual administración.

La carencia estructural de ingresos hace que la 4T implemente una reducción estructural del gasto. Como el gobierno se percata que no tiene los recursos que había planeado, tampoco gasta como tenía originalmente proyectado. El gasto aprobado para el periodo enero-septiembre del 2020 era de 4,545.4 mmdp, pero sólo se utilizaron 4,233.6 mmdp. Esto implica que se gastó 6.9% menos de lo que se pensaba y además representa una reducción en el gasto de 2.2% con respecto al 2019.

Las medidas para poder implementar este subejercicio son el desmantelamiento de programas públicos, el despido de trabajadores del Estado, la inexistencia de la inversión en infraestructura médica y, en general, la reducción de la inversión fija bruta a mínimos históricos, con caídas del 40%.

La mala noticia es que a pesar de la implementación de esta ortodoxia económica tan agresiva los resultados para las finanzas públicas no han sido positivos, y los golpes vienen por lugares donde pareciera que el gobierno no tiene su atención. Y es que los requerimientos financieros del sector público llegaron en septiembre a 542.1 mmdp, lo que representa un incremento real de enero a septiembre de 198.9%. Y ni hablar del balance público, que llegó a un déficit de 308.5 mmdp, lo que muestra que el déficit se incrementó en 86.3% en el mismo periodo. Si esta administración quiere que se le juzgue en términos meramente técnicos, esto quiere decir que cuando la pandemia llegue a su final, las finanzas públicas no sólo no serán positivas, sino que atravesarán graves problemas.

El gobierno parece no entender que esta pandemia es un choque negativo a la propensión a consumir y, por lo tanto, a la producción. Además, esto se ve amplificado por costos laborales más altos y posibles restricciones de endeudamiento, por lo que el resultado ha sido un fuerte aumento del desempleo. En tales circunstancias, las medidas fiscales son particularmente efectivas y el gasto del gobierno tiene un fuerte impacto en la demanda agregada.

Dado que la ortodoxia económica está tan profundamente arraigada en la actual administración, escapar de ella exigirá mucho más que un simple derroche de gastos a corto plazo para evitar un colapso económico inmediato. Será necesario una reconfiguración total de la manera en cómo se perciben las políticas públicas y una planeación completamente distinta.

A detalle

El manejo de las finanzas públicas de la actual administración no parece óptimo. La reacción gubernamental ante la crisis por Covid-19 no ha sido la deseada y ha condicionado, de manera negativa, la estrategia fiscal que se ha realizado. La falta estructural de ingresos públicos lleva al gobierno a implementar medidas ortodoxas de reducción del gasto público que no han sido benéficas para la economía.


Si este gobierno es evaluado, ya no por su impulso a una agenda de izquierda, sino en términos técnicos, el resultado es decepcionante, pues los RFSP ascienden a 542.1 miles de mdp y el balance público muestra un déficit de 308.5 miles de mdp. Esto implica un crecimiento en el periodo de 198.9% y de 86.3% respectivamente.

Autor: Ismael Valverde-Ambriz

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