La íntima, secreta, vital contradicción de AMLO

Por: Luis Villegas Montes

En ocasiones no basta con leer; sería preciso, antes de comenzar a leer, enseñar a leer a nuestros maestros o prevenirlos para que el fruto de la lectura no degenere en abortos de ideas.

Así le ocurrió a nuestro Presidente quien es evidente que el resultado de sus lecturas ha sido escaso por no decir nulo.

En realidad, quizá todo se deba a que, quien fuera su maestro en sus lejanas mocedades tenía esa forma equívoca y ladina de escribir que está muy bien para ciertos crípticos círculos literarios, pero que a los lectores bobalicones, ignorantes e ingenuos (como nuestro Presidente, que carece de espíritu crítico y se ha tragado enteritas y sin digerir “las verdades” que le inculcaron durante su más tierna infancia, cuando “los buenos” eran de oro, incienso y luces y “los malos” el signo de la sangre, la conjura y la traición) les genera una confusión perpetua de la que salir les resulta poco menos que imposible; y menos cuando la encargada de fungir como la Ariadna (doña Beatriz) del improvisado Teseo está igual de norteada sino es que peor.

Así es, según su propio dicho, la relación de AMLO con el poeta Carlos Pellicer fue “muy estrecha”; y del vate afirma que era “un gran poeta, consecuente con sus ideas y actitudes”; además, de un hombre “entero, con ideales, principios y un sentido del humor incomparable”.[1]

De lo dicho por el Presidente tabajqueño del bardo paisano, solo habría que creerle el asunto ese de que fue un gran poeta con incomparable sentido del humor. Debió haberlo tenido, don Carlos, para escribir poemas como el de “Discurso a Cananea”, donde dice: “Canana, Cananea, // de tus tiros partieron // los primeros alientos de una aurora // que no ha dado la luz que necesito”. Para después postularse para el cargo de Senador… por el PRI.

Del resto: que Carlos Pellicer fue consecuente con sus ideas y actitudes y hombre entero, con ideales y principios, nada; ni consecuente, ni ideales, ni principios, ni hombre entero.

Empecemos con la primera afirmación. Aunque célebre porque participó en multitud de manifestaciones antiyankistas, su izquierdismo miope no le permitió ver los abusos del entonces partido en el poder (el PRI) ni la vil sumisión a los gringos, en los arranques del Siglo XX, que data desde la suscripción de los tratados de Bucareli. Así las cosas, subyugado por el engaño de una revolución fallida, Pellicer, desde 1951, fue un burócrata de postín, nombrado por el Gobernador Francisco J. Santamaría director del Museo Regional de Tabasco; todos los gobernadores siguientes lo ratificaron en el cargo;[2] y murió siendo senador priísta por su Estado natal.[3] Poquito congruente que el poeta hubiera sido con sus “ideales” y no habría sido posible que militara en un Partido que en sus casi 75 años de historia sembró el germen de las desgracias que nos circundan, empezando por el rendimiento abyecto a los vecinos del norte y terminando con el titular del Poder Ejecutivo federal actual, priísta en cuerpo y alma, como su biografía lo demuestra en forma palmaria.

Lo de “hombre entero”, tampoco. Conste que esta no puede leerse como una diatriba al poeta a raíz de sus preferencias sexuales, total, muy sus gustos, pero es erróneo pretender tildar al vate de ese cuño, sobre todo por parte de uno de sus íntimos si, como es público, Pellicer fue gay: “Del grupo de escritores homosexuales de Contemporáneos, son Xavier Villaurrutia, Carlos Pellicer y Elías Nandino quienes establecen una poética del amor secreto, aquel que sólo se puede confesar con reservas, a veces con claves y cuya visibilidad homosexual sólo está presente en los códigos que utiliza el poeta para dejar velado su amor”.[4] Y Pellicer tendría el mérito de escribir el primer poema homoerótico de la poesía mexicana del siglo XX, y en sus versos contar la historia de amor entre Carlos Pellicer y Germán Pardo García.[5]

Como se ve, ni en esto puede, nuestro pobre Presidente, tener claras las cosas.

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Luis Villegas Montes.

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