“Te ‘brinco’ por 2,500 dólares; del lado gabacho ya es por tu cuenta”

Por Mario D. Camarillo

Un “coyote” narra a Crónica cómo la necesidad lo llevó a dedicarse a esto y lleva 16 años pasando gente a Tucson , aunque el miedo lo invade todo el tiempo.

“Desde hace 15 años me la rifo cruzando gente a Estados Unidos y si lo hago es por necesidad y no por mala yerba como hacen otros que quieren joder al prójimo, porque de todo hay. Si quieres llegar al lado gringo en Tucson, te brinco por 2,500 dólares (55,000 mil pesos) en unos dos o cuatro días mientras venadeo (reviso) como está el tiro con los de la Patrulla Fronteriza en Arizona, pero de que te paso, te paso y ya del lado gabacho ya es por tu cuenta a dónde vayas”, comenta a Crónica Oswaldo, un coyote que pidió el anonimato para poder contar el motivo de por qué se dedica a esta ilícita actividad y en la está consciente que pone en riesgo su integridad en caso de ser detenido por tráfico de personas.

Originario de Álamos, en Sonora, Oswaldo, de 56 años, casado y padre de tres adolescentes que radican en los Ángeles, California, comenta que desde el año 2004 comenzó a dedicarse al traslado de migrantes a Estados Unidos por la ruta que conecta Nogales, en Sonora, con Tucson, Arizona, a través del desierto de Sasabe, luego de que la empresa maquiladora donde trabajó por 10 años cerró y al encontrar sólo trabajos con mala paga buscó cruzar a EU, donde fue detenido y deportado, por lo que decidió cambiar su suerte y ganar dinero a costa de otras personas.

“Acá en Sonora habrá chambas bien pagadas, pero muy pocas, y si trabajas para el gobierno tienes asegurado tu salario, aunque poco es seguro, pero la mayoría acá, en cualquier parte del estado gana muy poco, por eso verás que muchos paisanos de aquí, de mi tierra, se brincan p’al otro lado para hacerse de dinero y mandarle a sus familias, muchos incluso allá se quedan y no regresan”.

El “Coyote” dice que en más de una vez cruzó a Estados Unidos, y en un par de veces lo detuvo la patrulla fronteriza y lo deportaron sin pisar la cárcel.

“Cuando cerró la textilera donde trabajé pues anduve buscándole, pero un paisa (amigo) me dijo que me fuera con los gringos, que allá siempre hay chamba y lo intenté, pero me agarraron dos veces, una en 1999 y otra en el 2001. En una ocasión un ‘Coyote’ al que le había pagado mil dólares me cruzó a Tucson, donde trabajé por dos años y me hice de buenos verdes (dólares), Aquel camarada me contó cómo hacerle para cruzar gente y lo repensé mucho. Bueno, tarde dos años en decidirme si le entraba al negocio y pues desde 2004 le atoré y he ido agarrando mañas para librar a los vigías (oficiales estadounidenses) para que no te liquen (detecten) y nos vayan a echar el guante (atrapar)”.

Oswaldo recuerda la primera vez que cruzó a una familia a Tucson desde Nogales y no niega que el miedo lo invadió todo el tiempo.

“Lo traigo en la mente como si hubiera sido hoy mismo. Fue el 5 de noviembre del 2004 cuando crucé a una pareja y dos niños al lado gringo. Esta familia era de Michoacán y según me dijeron que iban con familiares que tienen en Nuevo México. Tuvimos buena suerte en esa ocasión, ya que era temporada de poco calor, pero por la noche las heladas estaban canijas. Hicimos como 40 horas caminando, claro, haciendo pausas por los niños que iban y yo no debía desesperarme, aunque sí me moría de miedo, ya que te arriesgas a que te salgan pandillas o narcos o todos esos malotes que no respetan ni a su madre, pero cruzamos bien. Ya en el lado gringo, en Tucson, los dejé cerca de un pueblo desde donde podían tomar un autobús para llegar a Phoenix, donde los esperaban sus familiares. De ese viajecito me embolsé 76,000 pesos.”

El traficante de personas comenta que se las ha ingeniado para cruzar a migrantes centroamericanos y de otras nacionalidades como árabes y asiáticos.

“El costo por llevar a la gente al otro lado depende de que te hablen claro, de cuánto están dispuestos a pagar o si están jodidos y sin lana. En una ocasión dos chinos me pagaron 5,000 dólares (110,000 pesos) por pasarlos, y aunque no les entendía ni maíz de lo que decían no hubo bronca y en cinco días ya estaban del otro lado. Eso sí, antes de cruzarlos me tiene que depositar el cliente la mitad y el resto me la dan al cash (efectivo) al cruzarlos, si no, no hay tiro (trato)”.

Osvaldo relata también algunos riesgos y peligros que ha corrido durante el cruce de personas al lado estadunidense y admite que también ha llegado a temer por su vida.

“Aquí te la juegas cada que sales y que vas a llevar a personas al lado gringo. Yo no me aventuro a llevar a más de cinco personas por viaje y si no van niños, mejor. Acá cruzar por el desierto es un lío y muy peligroso, ya que debes ir bien preparado con agua, bien descansado y no viajar enfermo de nada, para que no vaya a ocurrir una desgracia. Incluso tratamos de evitar matorrales para no encontrarnos con alguna víbora de cascabel u otro animal peligroso. Yo nunca he dejado a nadie en el camino y les he cumplido a todos los que han confiado en mí para llevarlos al lado estadunidense. Mira, si el calor está muy cabrón me llevo a la gente por las alcantarillas, les doy una lámpara a cada uno para irnos alumbrando y también vamos midiendo el nivel del agua. El camino es largo y te avientas fácil y al pasito, unos dos días y medio o tres hasta salir y llegar al lado gringo. Esta ruta casi no la utilizó, ya que la policía de EU ya puso más vigilancia en las salidas de las alcantarillas”.

El sonorense dice que no ha pensado en cambiar de actividad, ya que aunque riesgosa le ha generado muy buen dinero e incluso cuando puede ha ayudado a migrantes que por pagar su travesía se han quedado sin un quinto.

“Si dejo esto tal vez viva ya muy bien, pues tengo mis ahorros y mis hijos van a buenas escuelas en California, ellos ya tienen la residencia gringa igual que su mamá, sólo yo me quedé acá en mi tierra. Mira, la cosa está tan mal aquí en el país, que he visto en algunos vecinos que luego no tienen ni para la papa (comida). Incluso con este gobierno que ha prometido hasta las perlas de la virgen la cosa está del carajo. Ahorita con lo del COVID no he hecho ningún viaje en seis meses, pues nadie sale y en la frontera gringa todo está vigilado.

Yo tengo mi despensa y cuando se requiere le doy cosas a vecinos que la están pasando mal sin trabajo y sin dinero. Yo lo he visto con mis vecinos, están bien jodidos, y eso de que el gobierno les da que su apoyito de mil pesos al mes, es mentira, luego no se los dan y sólo les entregan sus tarjetas en las que ni les depositan. Yo sé que tal vez lo que hago es ilegal, pero trato de ayudar a gente que busca un mejor tipo de vida en otro país, ya que aquí cada vez estamos peor, y no se diga de los compas que vienen de Honduras, El Salvador, Guatemala, que se aventuran sin saber cómo anda el tiro acá.

En una ocasión crucé a una joven de unos 30 años tal vez y llevaba una nenita de unos tres años con ella. Me dijo que la esperaba su familia en Carolina del Norte. Sólo traía 10 mil pesos, mira, por humanidad la ayudé a cruzar porque te imaginas tanta cosa que pasa, y pues la llevé a Phoenix, le regresé sus 10 mil pesos que me pagó y le dí 200 dólares, al menos para que comieran algo. No es que sea yo de buen corazón, pero me inspiró ternura esa chamaca y su niña”.

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