Educación para una conciencia social.

Por: Ing. Agustín Hernández Rojo

La pandemia ha venido a replantear muchas cosas en el globo entero. La eficiencia en la reducción de la curva de contagios ha estado directamente relacionada con el comportamiento social.

No pretendo centrarme en cómo la conciencia social afecta la transmisión o no del virus, sino de cómo esta misma conciencia social permite el progreso dónde se encuentra más desarrollada.

Por citar sólo un ejemplo, un análisis sencillo de cómo actúa la conciencia social se puede observar al momento de tomar el metro en alguna ciudad del mundo. En el caso de la Ciudad de México –antes de la pandemia- en horas pico eran puros empujones, mientras que en otros países como Reino Unido, Francia, existe una mayor cordialidad para el descenso y ascenso de los usuarios del servicio de transporte.

O pongamos otro ejemplo, durante los días más aciagos de la pandemia en los países nórdicos no hubo ni necesidad de emitir toques de queda o reglamentaciones específicas para el cierre de actividades no esenciales, los negocios tuvieron que cerrar, porque los mismos ciudadanos dejaron de asistir a lugares que supusieran un riesgo de transmisión no solo para ellos, sino para los demás.

¿Cómo podemos trabajar para mejorar y elevar la conciencia social de nuestro querido país? Pues bien es una responsabilidad que inicia en el hogar, sin lugar a dudas y que en segunda instancia se debe trabajar y pulir en la educación académica formal.

Pero, ¿Qué ocurre cuando la educación en el hogar falla y la educación formal tiene yerros? Pues obtenemos ciudadanos despreocupados por la comunidad, que si le agregamos la cultura imperante del egocentrismo, alimentada en últimos años a través de redes sociales, adquirimos como resultado una sociedad alineada.

Frases tan arraigadas en el imaginario mexicano como “El que no tranza no avanza” o “Primero mis dientes y después mis parientes” han desembocado en una crisis de falta de solidaridad y construcción de comunidad. Las consecuencias ya las estamos viendo, los ciudadanos no creen en la política, ni en sus funcionarios, no creen en la democracia, ni en las instituciones creadas por nosotros mismos y cada vez se tiende más a un relativismo donde la verdad es cuestión de perspectivas.

No es una opción, sino una necesidad el crear comunidad, el tener ciertos valores compartidos y que la cordialidad entre ciudadanos, tomando como objetivo superior el bien común es el deber ser.

De por si, la muy famélica educación pública tenía fallos, ahora con la educación a través de un televisor, habrá de hacer más ostensibles las deficiencias y quienes habrán de pagar caro la falta de una educación de calidad no serán los estudiantes, pues son solo un componente, sino la ciudadanía en general.

No hay una solución certera ante esta problemática, pero lo que si podemos empezar a hacer es tratar de reconstruir el tejido social mediante diferentes acciones pequeñas pero contundentes.

Creo que el Estado debe dar estímulos a quienes privilegien la educación de calidad para la formación de los estudiantes a la par que aumente el porcentaje del PIB que se destina no solo a investigación, sino a educación pública, que más universidades públicas figuren en el top de universidades de Latinoamérica.

También la creación de herramientas digitales que permitan proveer una educación de calidad, no solamente en una vía, sino bidireccional o hasta multidireccional involucrando a los demás estudiantes.

La inclusión en la retícula, sin importar la carrera, de materias como filosofía, sociología, pensamiento crítico y creativo, ética y ciudadanía, que de verdad despierten el interés de los alumnos por la cosa pública, por la participación ciudadana, por la democracia y por entender como funciona la sociedad.

Incentivar la participación en organismos de la sociedad civil organizada es crucial, pues como lo indican los análisis llevados a cabo por el Consejo Económico y Social de la ONU, la participación de los ciudadanos en el tercer sector es factor detonante de desarrollo en los países.

En la medida que exista una sociedad más educada los problemas sociales irán disminuyendo, por supuesto que es una apuesta a largo plazo sin frutos inmediatos, pero que puede potenciarnos como nación al pasar de los lustros y que las personas no vivan en una burbuja pensando que el mundo se acaba donde se termina la colonia, sino que hay más, mucho más por saber, por aprender y por hacer.

Mediocre pensar que venimos a una realización meramente personal, venimos a la realización como civilización.

En un mundo tan interconectado las barreras que existen hoy por hoy son mentales y hay que derrumbarlas.

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