Mis raíces desde el Edén.

Por: Manuel Narváez Narváez
Email: narvaez.manuel.arturo@gmail.com
Para aquellos que piensan que la democracia nació en 2018, pongo en contexto las razones que me llevaron a ser crítico del gobierno.
Soy uno de tantos millones que tuvimos motivos para ser agentes de cambio y formadores de opinión.
Corrían los primeros meses de 1976, cuando el candidato presidencial del PRI, José López Portillo y Pacheco el ´perro jolopo´, caminaba sobre la Av. 27 de febrero, la principal arteria de la ciudad Villahermosa que llegaba al centro de la ciudad.
Acompañado de una comitiva de personas con cabello corto, guayaberas blancas y pistola al cinto. En tanto que el candidato saludaba a paso veloz a los vecinos que se asomaban por la ventana, vi cuando un tipo pegó con engrudo un cartel en la pared de la casa donde vivía.
Con apenas 11 años de edad, el abuso me impulsó a arrancar inmediatamente la propaganda política. Mire hacia arriba donde estaba Carmela, la señora que nos ayudaba en la casa y que hacía las veces de nana. Ella consintió con un movimiento de cabeza la acción que acababa yo de realizar y enseguida “saludó” al presidencial con la parte externa de su mano derecha. la Hoy sé que ese gesto equivale a una sutil menta de madre.
López Portillo pasaría a la historia por célebres frases como: “vamos a administrar la abundancia”, “ya nos saquearon; no nos volverán a saquear”, “el orgullo de mi nepotismo” y “voy a defender el peso como perro”.
Durante ese sexenio (1976/1982) el peso sufriría devaluaciones y la economía se vio comprometida, por lo que Fidel Velázquez (líder charro de la CTM) obligó a los trabajadores agremiados a esa central obrera a ´donar´ parte de sus salarios para pagar el desastre financiero. Nunca se supo a dónde fue a parar ese dinero, pero los camaleones del CaTeM, conocen muy bien la historia.
Cuando cursaba yo el quinto año de primaria, en la Carlos Rovirosa (la Tipo), desde el barandal del tercer piso donde estaba mi salón, se podía ver con claridad la azotea de la Facultad de Derecho, de la UJAT; después sería casa de la cultura. En la esquina de mi primaria comenzaba la bajada de la calle 27 de febrero al corazón de Villahermosa.
En una ocasión vi como un sujeto empuñaba lo que parecía ser una metralleta. Asumo que era un porro, porque la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco siempre estuvo infestada de esos fósiles mercenarios. No extrañen esas prácticas, desde la época de Tomás Garrido Canabal se perseguía con ferocidad a los católicos y se perfilaba un socialismo enfermizo como el soviético. Tabasco es la entidad con el mayor porcentaje de fieles protestantes del país.
Años más tarde, en 1983, por casualidad llegó a mis manos una hoja en la que se pedían firmas de apoyo para el primer alcalde panista de Chihuahua, Luis H. Álvarez, tras haber recuperado para la ciudad los terrenos de la Huerta Legarreta, que meses antes se habían agandallado el grupo anárquico CDP (hoy PT).
Ingenuo y sin tener idea de lo que era la política, me puso a recolectar firmas hasta que el subdirector (mi estimado Profesor Salomón Maloof) se dio cuenta y me mandó de vacaciones tres días.
Para mediados de 1984 me acerqué a las humildes oficinas del PAN en la Av. Independencia, donde hoy se halla un estacionamiento de Banamex. Ahí me recibió Blanquita, una mujer amable que, al escuchar mi acento y mi procedencia, me cuestionó si era formaba parte de unos estudiantes tabasqueños enviados por el PRI para desestabilizar al PAN.
Ese fue mi primer contacto con un partido y la única militancia que practiqué hasta el 2013, cuando recuperé mi ciudadanía. A lo largo de 29 años tuve muchas vivencias valiosas, pero destaco dos por su espontaneidad.
En las elecciones de 1986 me confiaron ser representante general de casillas (me sentí honrado porque apenas tenía 21 años de edad). Recuerdo y aprecio mucho ese año porque en una de las casillas de las que me encomendaron, era representante don Benito Nogueira, un hombre muy querido por la comunidad. De la colonia Santa Rita.
Afuera, cuidando que no llegarán mapaches tricolores para hacer de las suyas, me acompañaba mi tío Miguel Ángel Narváez N., un respetable médico radiólogo tabasqueño que en 1988 declinara la candidatura del PMT (que dirigía don Heberto Castillo), en favor de Andrés Manuel López Obrador que, recién había renunciado al PRI porque el favorecido resultó ser Roberto “beto” Madrazo Pintado.
Otro motivo de orgullo fue la comunión ciudadana de aquel despertar cívico de 1986, por el apoyo logístico de muchas mujeres que hicieron posible alimentar a todo el ejército civil de defensores de la democracia. Su entrega y dedicación fue invaluable.
27 años más tarde decidí dejar las filas, decepcionado del partido al que entregué mis años de juventud. Fue muy duro constatar como el PAN se corrompió y se mimetizó con las prácticas del PRI.
Fue lamentable atestiguar la descomposición de hombres, como el ex bolerito que calzaba sandalias de pescador, hoy convertido en potentado; o de mujeres, que acapararon cargos de elección plurinominal y fungieron como proveedoras del gobierno azul. Ni que defender de uno de los compadres del primer gobernador panista de Chihuahua, que fue coordinador de la campaña de Alfredo del Mazo en Toluca y recibió como paga toda una cuadra de casas de Infonavit; por citar unos de cientos de casos.
Si bien tengo siete años de no cargar petacas podridas, desde hace 33 años de mi vida ejerzo con plena conciencia y a plenitud mi derecho a la libertad de expresión. La consagra la Constitución, sí, pero a diario la conquisto, porque no es propiedad ni concesión personal de nadie.
Este artículo de opinión tiene como propósito honrar a las decenas de miles de ciudadanos mexicanos que se diversas maneras (muchísimos de ellos pagaron con su vida) han contribuido para conquistar libertades y perfeccionar la democracia. Y si se puede, concientizar a los neo-demócratas villamelones que calientan las redes sociales.
No al comunismo ni al autoritarismo.
Es cuanto.
P.D. Naomi y Francia, dos damas de compañía saludaron la visita de un candidato presidencial y su comitiva, en una residencia allá por el Hospital Cima. Esto en 2006.

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