¿Tiempo revanchismo o de congruencia?.

Por: Manuel Narváez Narváez
Email: narvaez-manuel.arturo@hotmail.com
La intentona de cambiar las reglas del juego electoral menos de un año antes de la jornada de votación, que llevaba destinatario y beneficiario, finalmente sucumbió ante la presión del tiempo y el razonamiento de dos tercios de los diputados locales.
La lógica dice que debe darse vuelta a la página y continuar objetivamente con otros temas más relevantes, pero el perfil de los que impulsaron el fallido proyecto indica que van por la revancha o a fabricar deudores que paguen los platos rotos.
Es natural que existen sentimientos y resquemores entre los vencidos y los derrotados, sin embargo, cuando hay madurez en una competencia, particularmente en aquellas donde se involucra el poder y se pone en juego la carrera política de varios personajes; las aguas deberían volver a su cauce normal incondicionalmente.
Tras el rotundo NO al proyecto de reforma electoral se esperaría que la sensatez diera paso al duelo de aquellos que se apostaron por la iniciativa de palacio de gobierno, pero todo apunta a que todavía corre mucha adrenalina en algunos diputados locales que a toda costa quieren llamar la atención en su afán de aparecer en las boletas de votaciones del 2021.
Así es, un grupo de legisladores identificados con el proyecto del único senador panista, quieren sacar reintegro de la fallida intentona. Ahora se han fijado la meta de incorporar en la legislación de la materia, la reducción de regidores y la elección directa de éstos, norma que entraría en vigor en las elecciones de 2024.
En sí la propuesta no es mala, de hecho, en años anteriores se había planteado, solo que no se le dio la atención debida. En las circunstancias actuales, el emperramiento de sacar este proyecto sugiere dos cosas: que se busca como premio de consolación para los vencidos, o como trofeo de guerra para los que desean figurar en el proceso electoral en puerta.
Cualquiera de esas dos hipótesis, debilita el argumento de forzar una sesión extraordinario tan solo para satisfacer apetitos electorales personales o como una forma de “desquite” del portazo recibido por las elecciones primarias.
Estos “demócratas” impulsan desesperadamente la reducción de regidores y su elección directa, porque quieren vender a sobreprecio una iniciativa que de entrada es corta e insuficiente, aprovechándose de la sensibilidad que todavía permea en los grupos parlamentarios y de las insinuaciones de desquite que se advierten desde el edificio de cantera de la Aldama y Vicente Guerrero.
A esta legislatura local aún le quedan dos períodos ordinarios de sesiones, tiempo suficiente para construir, ahora sí, desde la sociedad civil y con el consenso de las fuerzas políticas, una verdadera reforma electoral, pero también administrativa, a los tres poderes. Digo, si lo que buscan es democracia, transparencia, austeridad y ahorro, ese es el camino.
Pero no hay necesidad de quebrarse tanto la choya con ocurrencias preelectorales o iniciativas para la foto, porque la ciudadanía ha expresado claramente desde hace años que es lo que desea de los partidos políticos y de sus gobernantes, entiéndase los tres poderes (Ejecutivo, legislativo y judicial).
Por mucho tiempo los medios comunicación han registrado el sentir de la población, al igual que expertos en la materia y analistas han hecho eco de las demandas más sentidas de la sociedad, entre otras, que haya menos diputados (se admite que regidores también), que no se sirvan con la cuchara grande (ingresos de ensueño), que no sean corruptos (nepotismo, tráfico de influencia y conflicto de intereses), que haya mayor inversión pública (menos gasto público) y eliminar a los diputados plurinominales.
En que se traducen estas demandas, que no solo se ajuste a la baja el número de regidores y sean electos por voto directo para que representen realmente al pueblo, sino también que desaparezcan los diputados de lista (plurinominales) y se reconozca a los de prelación, es decir, que las 11 diputaciones que se reparten los partidos políticos se otorguen a los 11 mejores segundos lugares.
Igualmente, que los ingresos del gobernador, legisladores, alcaldes, regidores, magistrados, jueces y consejeros de los órganos autónomos se tabulen conforme al promedio de lo que reciben sus pares en los países pertenecientes a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), del que México forma parte. Conforme al PIB, desempeño y transparencia.
Ya es impostergable adelgazar la mórbida nómina de partido y consanguínea, es decir, aquella que engorda los poderes ejecutivo y legislativo desde los grupos parlamentarios dominantes, por chantajistas profesionales del erario y el gobernador en turno. En el caso del poder judicial, la que aumentan adiposamente magistrados, jueces, secretarios, administrativos y de la judicatura estatal.
Por último, sancionar penalmente el nepotismo, el tráfico de influencia y el conflicto de interés. Es inadmisible que a estas alturas de la democracia y de la alternancia se haya acentuado esta práctica que resulta vergonzosa y muy costosa para los contribuyentes, cuando cualquier pelafustán con ínfulas de “todo poderoso” acomoda su árbol genealógico en algún puesto o cargo del poder público, para hinchar el peculio familiar.
Por estas razones, no es ético estar calentando deliberadamente el proceso electoral por afanes protagónicos o por revanchismo político. Si en verdad son demócratas y honestos (no necesariamente son sinónimos), demuéstrenlo con madurez, altura de miras (mandibulean muchos) y pensando en las próximas generaciones (vociferan otros tantos).
Tienen tiempo para construir algo grande y que dé sentido a sus principios doctrinales, y poner, ahora sí, a Chihuahua como punta de lanza en congruencia democrática y la austeridad republicana; además, pueden envolverlo para regalo y abrirse en el 2024.
Es cuanto.

Comentarios