“La Máquina llega arriba y se desbiela”

José Luis Chaplin Ceballos, integrante del último Cruz Azul bicampeón, desmenuza la realidad celeste actual y asimismo hace un recuento de sus días y sus años por los campos del futbol de México, donde vive desde hace más de cuatro décadas.

La jornada nacional de sana distancia agarró a José Luis Chaplin Ceballos (1953, Córdoba, Argentina) recién mudado de Guadalajara a Aguascalientes. Ceballos llegó a México para prestar sus servicios por la banda izquierda del último Cruz Azul bicampéon (78-79 y 79-80).

Ese par de años le fueron suficientes para dejar su impronta en la institución celeste. Después, partió unos meses al futbol español y al argentino, pero regresó a México para colaborar decididamente con el primer título del Puebla (82-83), se retiró en las canchas de nuestro país y decidió continuar su vida aquí, muy lejos de la llanura pampera.

Éste es un país que nos ha abierto las puertas no solamente a los argentinos. Casi la mayoría de los extranjeros en la época nuestra o a la anterior, a lo mejor nos retirábamos en México y nos quedamos a vivir. Ahora ya no se da ese caso. Ahora vienen uno o dos años y vámonos para afuera”, expresa Ceballos, que de inmediato se engancha con las postales malditas de Cruz Azul, el equipo con el que más se le recuerda.

Yo tengo una opinión siempre de Cruz Azul, pero la agarro como broma. Cuando me toca estar con hinchas del América o las Chivas o del que sea, siempre les digo: ‘Mirá, La Máquina entra siempre a todo vapor, pero llega arriba y empieza a desbielarse’. Me dicen: ‘Éste es el año de Cruz Azul’. Pero les digo que no, que no se equivoquen: ‘Se va a desbielar La Máquina’. Y dicho y hecho”, relata Ceballos en charla telefónica con este diario.

Declarado desierto el Clausura 2020, Chaplin Ceballos asegura que no puede agregar mucho a un nuevo episodio de frustración del equipo cementero, líder de un torneo que no tendrá campeón.

Estoy muy retirado del ambiente del futbol. No sé cómo planifican los técnicos, no sé la forma de motivar a un jugador al estar en una final, pero Cruz Azul trae jugadores, hacen un gasto impresionante, hay plantel, pero no llegan. Ahora, con Siboldi, no sé, pero también hice otra broma: “Terminamos punteros por la cuarentena”.

En su tiempo fue otra cosa…

Había mucho respeto por la institución. Siempre decíamos que éramos los mejores del momento, aunque había unos equipos extraordinarios. Tigres, Chivas, el mismo Atlas, eran unos equipazos. ¡Pumas! Con JJ Muñante, Cabinho, Hugo Sánchez, Tuca Ferretti, ¡por favor! Eran jugadores enormes. Ganarles era un orgullo. Nosotros ganarle al América, ¡ah!, era como salir campeón.

¿Tanto significaba ganarle al América?

Entre Cruz Azul y América siempre hubo rivalidad. Digamos que nosotros, Cruz Azul, tenemos menos campeonatos que América y que Chivas, entonces si hablamos de las cosas reales, son los dos equipos más grandes que hay en México. Pero jugar contra ellos era ir preparados durante toda la semana: Qué vas a hacer, cómo vas a plantear esto, lo otro. Y salir y ganarle al América era tener una semana de felicidad. Los periódicos hablaban de nosotros: “El mejor jugador”. “El equipo jugó sensacional”. Era muy rica esa sensación.

EL ZURDO CORDOBÉS… Y MEXICANO
A lo largo de su carrera, Ceballos fue mutando de apodo. Se le debe a la inventiva de Ángel Fernández el de “Chaplin”, por su singular bigote.

Cuando salí de Córdoba, todo mundo me conocía como El Zurdo Ceballos. En Chile me pusieron El cordobés y en España me empezaron a decir El mexicano. ¡Cuatro sobrenombres en mi carrera! Pero lo disfrutaba. Don Ángel Fernández le ponía sobrenombres hasta a las piedras: El Superman Marín, el Snoopy Pérez, el esto, el aquello. Le puso sobrenombre a la mayoría de los jugadores de esa época”. Finalmente, su restaurante, de cortes argentinos, por supuesto, se llama “Chaplin, el gauchito cordobés”.

Ceballos no tardó en atarse sentimentalmente a México.

Antes de su arribo a Cruz Azul, vino con la selección argentina a los Panamericanos de 1975.

Recuerdo mucho que me enamoré del DF. En ese panamericano salimos terceros y el primer lugar se lo repartieron entre México y Brasil, porque se cortó la luz y no se pudo terminar ese partido y repartieron las medallas de oro. ¡Fue increíble!”

El técnico de ese equipo, César Luis Menotti, preparaba el largo proceso a la Copa de Mundo del 78 que jugaron Gallego, Olguín y Ardiles, entre otros integrantes de esa albiceleste panamericana.

A la hora de presentar la lista mundialista, Ceballos quedó fuera junto a Norberto Outes, quien jugaría con el América y el Necaxa durante el primer lustro de los 80, y Diego Armando Maradona, caso que se aún se debate en Argentina. Pero Ceballos nunca guardó rencor por esa decisión.

Creo que Menotti lo hizo bien, formó un muy buen equipo. Era muy buena selección y él era tremendo. Un genio, la verdad uno de los mejores técnicos que he tenido. La forma de cómo platicar y dar su punto de vista sobre el partido. En la táctica era un fenómeno”.

HORAS CELESTES
En el mismo tenor de Menotti, Ceballos quedó impactado con la sabiduría de Nacho Trelles, el influyente estratega mexicano.

Don Nacho era muy hábil, muy inteligente. Paraba los partidos cuando las cosas se le ponían difíciles, se metía a la cancha, para sacarlo se demoraban diez minutos. Pero fue un excelente técnico, yo tengo grandes recuerdos de él”.

Más tardó Ceballos en poner un pie en Cruz Azul que en sufrir la novatada.

Gerardo Lugo me dio un pan con un chile abierto y le puso un poquito de limón, y me dice: ‘Mirá, ésta es la suerte que vas a tener de jugador. Nosotros aquí en la institución siempre damos la bienvenida de esa manera, tenés que comértelo así…’ Y me puse a comer el sándwich con el chile. No te imaginas. ¡No! Lloraba y todos muertos de risa, ¿me entiendes?”

De esa bienvenida Cruz Azul sacó provecho de uno de los mejores extremos que han jugado en México. La velocidad y habilidad con balón controlado de Chaplin Ceballos nunca agotaron los asombros.

Éramos muy unidos, muy compañeros. Cuando había que regañar a alguien o darle consejos, ahí estábamos. Yo era muy caudillo dentro del plantel y ahí tenía a Marín, a Mendizábal, a Jara Saguier, que éramos la cabeza del equipo. Nos respetaban mucho y cuando teníamos que regañar, regañábamos. Hoy en día no sé cómo sea el futbol”, se excusa en referencia a cómo han cambiado las cosas en el balompié organizado.

En su momento, enviados de Cruz Azul buscaron un extremo izquierdo por Uruguay, Argentina y Chile hasta que vieron a un argentino en el campeonato chileno.

Desde México hablaban por teléfono conmigo, me hacían todo tipo de preguntas. Que cómo era yo, que qué hacía con el dinero que ganaba. Me preguntaron de todo. Yo creo que les llenó la actitud mía, la forma de pensar. Ahora no te preguntan eso, si fumas, si tomas, nada. Hoy es: ‘Juega bien’. ‘¿Cuánto sale?’ ‘Un millón de dólares’. ‘¡Va!’ Antes, no. Iban a verte, conversaban contigo, te hablaban por teléfono, veían los videos. Ha cambiado mucho el futbol y yo estoy bien orgulloso de haber venido a México y mira, tengo hijos mexicanos. Casi a Argentina no voy. Si voy a Argentina creo que a la semana me vuelvo”.

Alejado del ámbito en el que más se le recuerda, su vida transcurre, ahora en Aguascalientes, tal como cuando colgó los tachones.

Salgo a correr, hago abdominales. Ahora me corto el pelo a rape. Estoy con el mismo peso de que jugaba, mis 73 kilos, ni los subo ni los bajo. El bigotito lo conservo, me empezó a crecer como a los 15 años y nunca más me lo corté. Es lo que conservo. Mi bigote ya está canoso, tengo algunas arrugas, pero estoy bien a gusto, gracias a Dios”.

Pero un tiempo fue promotor…

A Osvaldo Ardiles lo traje a Chivas, pero no me gustó la corrupción en la compra de jugadores. Traje al Pelado Acosta a Cruz Azul. Dos técnicos que duraron tres meses. Traje a Jorge Comas a Veracruz, a varios que no me acuerdo.

TRES MESES FUERA DE ACCIÓN
Ya con el Puebla, Chaplin Ceballos sufrió la única lesión grave en su carrera tras pegarle a una pelota frente a un central “que era del Tampico Madero”. La tibia le quedó fracturada. “Duré tres meses fuera, pero había un doctor que me puso una placa alrededor de la tibia, por dentro, pero la cuadró bien con el hueso y me puso siete tornillos que a la actualidad los tengo”.

Aliviado el dolor, lo dieron de alta, asegura, un lunes, y, sin más tiempo que perder, empezó a correr.

El jueves había entrenamiento con el Puebla y agarré una pelota y empiezo a pegarle, pero Manolo Lapuente que pega el grito”.

– ¡No! ¡No! ¡Cómo!

Pero Ceballos no hizo caso y siguió pegándole a las redondas, con la esperanza de regresar a la acción lo antes posible.

Se sentía bien. Estaba confiado. El sábado de esa semana, La Franja debía visitar al Monterrey.

– Manolo, yo voy a ir.

– Pero si el lunes apenas te dieron de alta…

– ¡Voy a la banca!

– ¡Ay, Chaplin! ¡Cómo puede ser esto!

Lapuente lo llevó a Monterrey. En ese partido contra La Pandilla, faltaban 10 minutos:

– Póngame, Manolo.

– ¡No!

– ¡Póngame, Manolo!

– ¡Ah, y dale, pues! A ver…

Fue así que Ceballos se reencontró con sus típicas jugadas, entre desbordes y centros.

Empatamos 1-1, creo. Al siguiente partido ya estaba de titular”.

Más de cuatro décadas después, Chaplin Ceballos tiene necesidad de nacionalizarse.

Uno de mis hijos, que tiene 18 años, quiere entrar a aviación, quiere ser piloto, pero desgraciadamente no le permitieron porque yo no estoy nacionalizado. Es mexicano de madre mexicana, toda su familia es mexicana y ¡yo llevo 42 años aquí! Es una injusticia. Ahora me voy a nacionalizar para que haga su examen”.

Excélsior

Comentarios