El doble filo de las encuestas

Por: Manuel Narváez Narváez
Email: narvaez.manuel.arturo@gmail.com
En un año conoceremos el nombre del o la gobernadora de Chihuahua.
El relevo de Javier Corral Jurado ya no lo detiene ni el bicho maldito que nos trae de un ala. En la medida que corran los meses un jugador infaltable en cada elección acaparará los reflectores tanto como los favoritos a quedarse con el tigre.
El referente más antiguo que tengo de las encuestas es aquel cuando Manuel “Maquio” Clouthier, candidato del PAN a la presidencia de la república, hizo mención de la empresa Gallup, una casa encuestadora norteamericana que, por dicho del sinaloense, lo ubicaba cerca del primer lugar en la carrera presidencial de 1988.
Era raro ver en televisión mexicana a algún candidato de oposición, particularmente ese año porque el viejo sistema presentía su caída y censuraba todo lo que no fuese autorizado por el secretario de gobernación, don Manuel Bartlet Díaz, el que, tras haber sido rebautizado con las aguas benditas del Grijalva, limpió su nombre de cualquier sospecha política que pesara sobre su persona.
El conductor del programa “Hoy”, Guillermo Ochoa, el rostro afable de Televisa en aquellos tiempos, atajó inmediatamente las afirmaciones del candidato panista, cuando éste exponía los números y el prestigio de la casa encuestadora Gallup.
Después del soberano fraude electoral más escandaloso en la historia del país y como consecuencia de la presión social, el viejo PRI resquebrajado tuvo que ceder la apertura en los órganos electorales y en los medios de comunicación, pero también comenzó la aventura de las casas encuestadoras a la mexicana.
En las elecciones presidenciales de 1994, los sondeos y encuestas, si bien aún no jugaban un papel preponderante públicamente, sí le servían a CSG y a su partido para medirle el agua a los camotes. La tragedia del 23 de marzo en Lomas Taurinas no fue casualidad, simplemente el gallo no garantizaba la victoria.
La jugada le salió perfecta a Carlos Salinas, su partido consiguió una extensión forzosa de seis más en los Pinos. El candidato relevista, Ernesto Zedillo, arrasó en las urnas con el 48.69% de la votación, casi 13 puntos porcentuales de ventaja sobre un Diego Fernández (PAN) que inexplicablemente redujo el tino y el tono de su campaña.
Para el año 2000, las casas encuestadoras no reflejaban el sentir de una nación lista para la alternancia. La mayoría de las empresas, americanas y aztecas, otorgaban ventaja a Francis Labastida, sin embargo, Fox le sacó más de 6 puntos porcentuales al sinaloense, y por primera vez en el México moderno, el PRI mordió el polvo.
Durante los siguientes años las casas encuestadoras se consolidaron. El gobierno federal y los corporativos, internacionales y nacionales, empezaron a meterle mucho dinero a estas empresas, para medirse y medir a los adversarios.
En el 2006 había encuestadoras de connotados priístas, afines al panismo y de magnates de las comunicaciones. También las había proclives al PRD, que fueron las que le calentaron la cabeza al AMLO, para que se aferrara a una supuesta ventaja de 20 puntos porcentuales sobre Felipe Calderón. Al final, el ex jefe de gobierno perdió por medio punto porcentual.
En el transcurso de los úlitmos 30 años las casas encuestadoras han marcado tendencia en los procesos electorales. Esta ciencia, cuyo costo elevado de sus mediciones es pagado por gobiernos y por grupos empresariales, hoy día se utiliza como herramienta de manipulación al servicio del que paga más.
Se dice que en el 2010 un candidato pagó una encuesta “patito” para aparecer en el primer lugar de las preferencias, con la cual convenció a su jefe nacional, y éste le entregara 20 millones de pesos casi al final de la campaña, elección que finalmente perdió estrepitosamente.
En los albores de la elección del 2021, la guerra de encuestas está en marcha. Vaya usted a saber estimado lector que tan confiables puedan ser las mediciones actuales que las casas encuestadoras están publicando, dados los antecedentes de cuchareo, manoseo y buffet que los precede.
La historia nos dice que las encuestadoras se prestan a mañosadas, y que sus mediciones son utilizadas como propaganda para alterar la intención de voto. Por estas razones no debemos perder de vista a dos empresas que están usufructuando las tendencias en Chihuahua: Massive Caller y Consulta Mitosfki, porque alguien paga por esos “estudios”.
Mientras tanto, en el palpitar de Chihuahua laten los nombres de Maru Campos y Cruz Pérez Cuéllar, como los que “suenan fuerte” para relevar a Corral. Que el PAN con la alcaldesa de Chihuahua sí puede ganar, y que MORENA mantendrá la mayoría en la cámara de diputados.
Eso dicen algunas encuestadoras, para mí vale más su opinión. Pero ya falta poco, así que vaya pensando bien en manos de quién quiere dejar el futuro mediato de las nuevas generaciones.

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