México: ¿la felicidad o el PIB como índice de desarrollo?

Al igual que países como Finlandia y Bután, México no quiere medir su desarrollo de ahora en adelante con indicadores puramente económicos. DW consultó con expertos la propuesta de AMLO.

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, fijó en el 4 por ciento el objetivo de crecimiento del país durante la campaña electoral. Pero en 2019, durante su primer año de mandato, se produjo un estancamiento de la economía, y los expertos pronostican que este año habrá una contracción de entre el 4 y el 10 por ciento debido a la crisis del coronavirus. En plena pandemia, AMLO extrajo del sombrero mágico una idea: a partir de ahora, el desarrollo de México no se medirá con el Producto Interno Bruto (PIB), sino con un índice de bienestar o de felicidad.

Este tipo de propuestas no son nuevas: “Esa idea no es casual, tiene un trasfondo político que es la promesa del crecimiento de 4 por ciento que hizo en campaña y no se ve realizable ahora con la crisis”, dice a DW el economista Ignacio Martínez Cortés. Las voces críticas ven en la ocurrencia de AMLO una maniobra de distracción política, mientras que defensores como Martínez Cortés aplauden que un país latinoamericano como México se posicione a la vanguardia de aquellos que, como Finlandia, Nueva Zelanda o Bután, dan la espalda a la economía hipercentrada en las cifras.

Complementar el PIB

“El PIB es un índice de producción y fácil de medir, pero oculta muchas cosas. Por ejemplo no mide la destrucción ambiental, no te dice nada de la distribución de la riqueza, no mide el trabajo del hogar o cuando la gente está como ahora cocinando en sus casas en lugar de ir al restaurante”, dice a DW el economista ecuatoriano Alberto Acosta, precursor del índice de “buena vida”.

Por su parte, Gabriela Siller, analista económica del grupo financiero Banco Base, tiene una opinión diferente. “No es recomendable dejar de utilizar el PIB, porque es uno de los principales indicadores macro junto con la tasa de desempleo y la tasa de inflación”, observa en entrevista con DW. “Precisamente en la crisis necesitamos estadísticas económicas fiables”, tuiteó, por su parte, Jonathan Heath, subgobernador de Banxico, el Banco de México, para quien el PIB es algo imprescindible.

Para Ignacio Martínez Cortés, profesor de Economía y coordinador del Laboratorio de Análisis en Comercio, Economía y Negocios de la UNAM (LACEN-UNAM), no se trata de abolir el PIB. Martínez Cortés forma parte del comité de experptos que se ocupa de la elaboración del nuevo índice. “El ingreso es importante, también influye mucho en el tema de la felicidad de la gente, pero debemos completarlo con otros factores, por ejemplo, regionales”.

Índices subjetivos

Hay varias alternativas para medir el desarrollo de un país. El más conocido es el Índice de Desarrollo Humano (IDH) del Programa de Desarrollo de la ONU. Fue elaborado con la colaboración del economista indio Amartya Sen y contempla también la esperanza de vida, la formación escolar y la desigualdad. En ese índice, México ocupa el lugar 76 de 188, con tendencia a la baja. A Luis Mauricio Torres, economista del Instituto Mexicano para Competitividad (Imco), eso no le sorprende: “Internacionalmente, México no está bien posicionado ni en el Índice de Transparencia, ni en las pruebas Pisa, que miden la calidad educativa, ni en lo referente a su Estado de derecho”, observa Torres a DW.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía de México (Inegi) registra desde algunos años el bienestar de la población, pero esto es algo que se basa en encuestas, al igual que el índice de felicidad de Bután, que se mide tras consultas a la población, son índices subjetivos. En la última medición de felicidad del Happy Planet Index, México ocupó el segundo lugar. Para Martínez, este resultado no es una sorpresa, ya que la encuesta se realizó poco después de que México lograra un empate con Alemania en el último Mundial de Fútbol. Para Acosta, el debate sobre el índice no conduce por sí solo a ningún lado: “El solo hecho de tener un índice de la felicidad no sirve de mucho, lo que se requiere es voluntad política. Por eso era difícil en gobiernos de Correa y Morales. Nunca se quiso hacer una transformación estructural, terminaron aferrados al poder. En México me temo que sea lo mismo”, lamenta Acosta, antiguo ministro de Economía de Ecuador.

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